Transtorno Disociativo por Cuentitis
22.01.08 @ 09:56:41. Archivado en cosas de la vida
Estimada Srta. coordinadora del Certamen Literario de Jara Carrillo.:
Yo, Hernestón Terias Lupiañez, Fundador y Presidente de la Asociación Mundial de Enfermos de Cuentitis, le ruega encarecidamente cancele el desarrollo de este Certamen Literario antes de que pueda arrepentirse. Nuestra Asociación, de la que actualmente sólo yo soy el único integrante, está actualmente estudiando la posibilidad de aceptar que podáis proseguir con el concurso siempre y cuando uséis sólo la poesía como medio de expresión literaria. En ningún caso, repito, en ningún caso admitiremos el envío, evaluación, lectura y difusión de los cuentos. Debe quedar explícitamente prohibido este género literario de vuestro concurso.
Quiero informarle que esta prohibición no es gratuita sino que está basada en datos científicos y espero que dentro de poco en medidas legislativas y judiciales.
Nuestra Asociación pretende desde sus comienzos conseguir la erradicación absoluta del cuento como medio de transmisión de información e instrumento cultural, debido a los efectos perjudiciales que dicho género provoca sobre la salud física y psicológica de las personas.
Reprobamos y luchamos contra cualquier tipo de acontecimiento social e institución que favorezca y anime su desarrollo.
Queremos dejar claro que nuestra cruzada no es contra el fomento de la cultura narrativa, por eso, animamos a la lectura de poesía (excepto versos alejandrinos), novela histórica, enciclopedias, albaranes y demás géneros literarios.
Confiando en que nuestra demanda será satisfecha de inmediato nos despedimos de usted, aprovechando para invitarla al acto público que se celebrará en el baño de mi humilde morada ante la negativa del alcalde de Madrid de celebrarlo en la Biblioteca Nacional. Dicho acto se celebrará el próximo sábado a las 20:00 horas y en él se invitarán a los asistentes a la quema de cuentos infantiles. Para terminar, rezaremos todos juntos un padre nuestro por los afectados de esta enfermedad y pediremos una donación obligatoria para sufragar los gastos de la Asociación. Creo que no caben más de cuatro personas en mi baño, por lo cual, le ruego traiga bastante dinero. Los enfermos de cuentitis, la humanidad en su conjunto y en concreto mi casera le estarán eternamente agradecidos.
Sin más, reciba un cordial saludo.
Hernestón Terias Lupiañez.
Excmo. Ilmo. Presidente y Fundador de la Asociación Mundial de Enfermos de Cuentitis.
P.D: Como me queda rollo de papel, no quiero escatimar en gastos en esta singladura y es usted la primera persona que recibe noticias nuestras, voy a contarle cómo se fraguó el descubrimiento y profundización en esta patología. Las próximas líneas serán el comienzo de una serie de volúmenes que pretenden dotar a la medicina y a la ciencia en general del un marco teórico con el que entender esta dolencia y servir de modelo para la metodología de investigación. Quiero con esto decir que está protegido por derecho de autor, con lo que su intención de copiarme está legalmente penada.
Nunca me han interesado especialmente los cuentos aunque siempre me han considerado como poseedor de muchos de este género, sobretodo en los trabajos que he desarrollado, que relacionan mi pobre salud con una elevada colección de estos pequeños relatos. Aunque no le interese mi historial clínico, quiero decir que un día consulté a propósito a mi médico por la patología “cuentitis” que me diagnosticaron mis jefes inmediatos en la empresa donde desarrollo mi labor profesional, con gran competencia por cierto. Hasta cinco médicos y un par de veterinarios he consultado por este tema sin obtener más resultado de ellos que risas y sorna. Para ellos es muy fácil la vida desde su lado de la mesa, pero creo que debería tomarse más en serio las quejas de sus pacientes.
Luego, comprendí que quizás su risa se debía a intento por tranquilizarme y esconder una patología grave, tan escondida que había sido eliminada incluso de las enciclopedias de fisiopatología. Es muy normal que la ciencia intente esconder lo que no conoce. Si no, ¿por qué se explica que no hayan contestado de una vez a esa chica que anunciaba compresas cuando se preguntaba a que huelen las nubes y a qué sabe lo que no sabe?.
Como soy una persona autodidacta y no me dejo vencer por la ignorancia, me dediqué a investigar por mi cuenta. Siguiendo el método científico traté primero de reproducir los hechos en mi entorno laboral, donde había sido sin duda adquirida esta enfermedad. Después de obtener una muestra representativa que incluía al conserje y al cartero que gustosamente se ofreció a participar en la investigación aprovechando su paso por las instalaciones para entregar varias facturas de proveedores y un catálogo de Venca para la mujer del presidente. Dicho sea de paso, el catálogo mostraba un amplio y a mi modesto entender elegante muestrario de ropa interior femenina así como un precioso edredón de plumas y plumón de regalo.
Este estudio me condujo a dos hipótesis:
• Hipótesis 1: Ante la pregunta ¿Padece usted o creer padecer cuentitis? una parte importante de la muestra me contesta con otra pregunta, ¿Y tu, eres gilipollas?. El resto me manda a otro lugar que no viene al caso comentar, incluido el cartero. Esto me hace pensar que puede existir una posible negación más o menos consciente de la enfermedad, lo que suele conocerse científicamente como la “belle indiference”.
La administración pública, con los Ministerios de Salud y Asuntos Sociales a la cabeza, deberían tomar cartas en el asunto y crear proyectos de integración de personas con este problema para evitar este sentimiento de rechazo y violencia que provoca el creerse parte de un colectivo minoritario y desprotegido. Como no soy un hombre sólo de palabra, ya he iniciado las mediaciones burocráticas pertinentes para que se pongan en marcha este tipo de acciones. He enviado sendas cartas a los ministerios anteriormente mencionados y otra a mi casera para que condone la deuda del pago de esta mensualidad de alquiler debido a que este proyecto, que digo proyecto, a esta obra universal de caridad, me ha obligado muy a mi pesar a ausentarme de mi trabajo durante varias semanas en las que he estado buscando mi bolígrafo de la suerte, sin el cual me niego a embarcarme en esta empresa, que no solo tiene por meta acabar con esta patología sino que quiere dejar a la posteridad de todas las ciencias médicas, incluido el Tai-Chi, un manual teórico en el que informar, profundizar y formar sobre este tipo de dolencias.
Quiero comunicarle al margen de este tema señorita Obtusa que no tome como vana ni infructuosa a priori la idea de buscar un bolígrafo detrás del bombo de la lavadora, sobretodo cuando es el último sitio de la casa y de las zonas comunes de la comunidad de propietarios que queda por buscar. Por cierto, y aprovechando el tema, también le informo por si todavía vive en la mentira, que el Viakal no elimina la cal del agua. Debo reconocer que esta información no ha salido de ninguna investigación propia como me hubiera gustado. Para ser sincero debo confesarle que me fue dada por el fontanero que vino a desmontar la lavadora, que si bien tengo que apuntarle que es menos agraciado físicamente y su metabolismo elimina peor las grasa que el del anuncio, su profesionalidad y buen hacer vienen precedidas por una factura de 60 €, por 1:30 horas de trabajo, propias como no puede ser de otra manera de un erudito y prestigiosos en su terreno. Ni que decir tiene que la factura ha sido remitida a la empresa que elabora y distribuye este producto de limpieza por un claro caso de publicidad engañosa. También le he pasado la factura del alquiler por daños y perjuicios.
El resto del tiempo de mi forzoso retiro laboral fue dedicado a la búsqueda de una buena oferta económica para conseguir un cuadernillo de anillas y doble raya en donde escribir el desarrollo de estas elucubraciones. Todavía espero el presupuesto por carta o llamada a cobro revertido de varias papelerías y grandes almacenes. He desestimado la compra del cuadernillo en varias tiendas de chinos por parecerme desorbitado su coste y por no favorecer el desarrollo y enriquecimiento de empresas ilegales. Mientras tanto, apunto mis conclusiones en el último rollo de papel higiénico que me quedaba antes de decidir negarme a limpiar mi recto después de leer que el roce del papel podría provocar cáncer de colon. Dirá usted señorita Obtusa que puedo usar agua pero con mi colon prefiero no arriesgarme. Haga usted con el suyo lo que estime oportuno.
Además de las misivas anteriormente citadas, he decido dar el primer paso e iniciar los trámites para la creación de una asociación de enfermos de cuentitis. He pedido al ayuntamiento de Murcia una subvención inicial para pagar los posibles gastos que pueda tener y así no descargar todo el desembolso monetario sobre mi deteriorada economía. También le he pedido el dinero de alquiler por si cuela.
Por último, supongo que por la dificultad de organizar una reunión de tal calibre, estoy tardando mucho en obtener respuestas de varias personas a las que les he pedido una entrevista para tratar este tema social tan importante. Los agraciados serían el presidente del gobierno, el rey, el Papa, por aquello de que la Iglesia en España tiene mucho peso socialmente y Joan Manuel Serrat, que aunque no pincha ni corta nada en el tema es una persona que siempre he querido conocer.
• Hipótesis 2: Como estas conclusiones no me parecían del todo aclaratorias, me quedaba aún rollo de papel y la empresa parecía que no acusaba financieramente mi ausencia, me dediqué a ampliar el estudio usando una desviación de la técnica aplicada anteriormente. En este caso, en vez de preguntar a los sujetos experimentales les asaltaba informándoles de que otra persona iba diciendo al resto de los compañeros laborales de que sufría cuentitis. Debo decir lamentándolo que, debido a la amplia muestra usada anteriormente, tuve que repetir con algunos sujetos ya que el departamento de Recursos Humanos no estimó oportuno la contratación de un centenar de empleados pese a que le expliqué la prioridad de mis intenciones sobre el futuro de la empresa. Aproveché la ocasión para informarle de la pésima calidad del gel de los lavabos y le insté a realizar una comprobación del PH del mismo.
El estrés que provoca una labor tan encomiable pero a la vez tan poco agradecida como es el cuidar del capital humano de una organización pueden estar detrás de los trastornos ciclotímicos que pude observar en los encargados de este departamento. De la risa nerviosa con la que fui siendo obsequiado durante la exposición de mis argumentos, que llegó a provocar la micción inclusive de la señorita Liboria, se pasó poco a poco a un estado de cabreo que llegó a su cenit cuando fui amenazado con la grapadora. Ni que decir tiene que no pude exponerle la necesidad y justicia de un aumento de sueldo del que me creía merecedor tras seis meses de antigüedad. Peor para la casera.
Mi anterior recolección de datos me hizo ganador de una enorme popularidad entre mis compañeros de “curro”, debido sin duda a la admiración que había despertado mi intelecto entre tanto deficiente cognitivo. Cada vez que me veían se acercaban para mostrarse lo más gracioso como les fuera posible, aunque yo nunca he acabado de entender el sentido del humor de algunos tipos de homínido.
No obstante, este segundo experimento provocó algunos disturbios entre varios empleados, que solo cesaron cuando el Jefe de Personal censuró la actitud de un subordinado que estaba pisando el cuello de un compañero con las botas de seguridad.
La violencia podía ser considerada como un síntoma típico de la enfermedad, razón por la cual, opté por ausentarme otras dos semanas del trabajo debido a las posibles represalias que podrían sobrevenir al descubrir que detrás de estos incidentes se escondía mi persona. A eso y a las vacaciones que supongo me pertenecen por convenio al dedicar mi tiempo laboral a desarrollar con gran competencia mis labores a la vez que participar en una investigación de tal índole.
Como no soy persona que guste desperdiciar el tiempo, aunque sea el vacacional, me dediqué a ordenar el conjunto de datos e información que había ido recogiendo para darle cuerpo teórico. También fui a presentar una queja formal ante la oficina de correos, ya que seguía sin obtener respuesta de la administración pública debido sin duda a alguna negligencia del proceso postal.
Apropósito de esto le contaré señorita Obtusa que cada vez me sorprendo más de lo pretencioso que es la ignorancia ya que yo, una persona que debería gozar del respeto y de la envidia sana de la sociedad, tuve que soportar que varias personas me increparan en la oficina por no guardar la cola ante la ventanilla. Me dirá usted que tiene más importancia que una persona pueda depositar una carta comercial para recibir contra reembolso los greats hits de Camela a que yo tenga noticias del plan de emergencia que estamos desarrollando a nivel nacional el estado y yo.
No había vuelto a ver gente tan perturbada desde el psiquiatra de mi servicio militar que consideró incorrecta mi acción de usar munición real durante unas maniobras. Comprendí entonces que el peñón nunca volvería a ser nuestro.
No logré que el empleado de correo me recitara el abecedario para comprobar que usaba nuestro mismo orden alfabético, ya que presentaba unos rasgos orientales un poco sospechoso. Ante su nula cooperación y las amenazas de hacer partícipes a las fuerzas del orden público de nuestra discusión, opté por abandonar la oficina de correo, no sin antes augurarle al mencionado empleado un corto futuro laboral cuando las autoridades competentes, incluida la mafia sur vietnamita, se enterase del incidente.
De vuelta al hogar inspeccioné el buzón de correo. Encontré diversas facturas que repartí estratégicamente y tratando de ser lo más justo posible entre el resto de buzones para que mis vecinos tengan la oportunidad de compensar la enorme fortuna que tienen de compartir vecindad conmigo. También hallé propaganda comercial y lo que parecía una carta manuscrita firmada por mi casera. Es de suponer que no debe tener gran afición al género epistolar porque restos de lo que parecía café emborronaban y le daban un aspecto poco estético. Debo recordarle cuando venga a pedirme perdón por los innumerables insultos y maldiciones que adiviné a leer, que alquiler se escribe sin “h” y que sería conveniente visitara a la mayor brevedad posible a un neurólogo, ya que la caligrafía hace entrever una afectación grave de hemisferio izquierdo.
Por cierto señorita Obtusa, la ternera de primera tiene buen precio en tiendas caferrú y regalan un GPS por compras superiores a 5.000 €. Sobra informarle que su bajo coste puede deberse a la procedencia de la carne, que seguramente serán de algunas vacas locas que escaparon a los controles untando a algún veterinario sin escrúpulos y con muchas deudas de juego.
Que dura es la vida de genio pensaba mientras subía las escaleras cuando me encontré una última carta que se había mezclado entre la publicidad. Era de la empresa y me invitaba a una reunión con el jefe de personal.
Fui a la entrevista un par de horas más tarde ya que nunca he conseguido levantarme antes de las 12:00 A.M a causa de un desajuste en el tronco cerebral que aún no me han diagnosticado. El jefe estaba un poco iracundo y mal informado por lo que pude comprobar, puesto que me acusaba de frecuentes ausencias injustificadas, impuntualidad, problemas con los compañeros, destrozos de instalaciones y un gran número más de imprecisiones que no acerté a oír porque siempre que una persona me habla en tono enfadados empieza a sonar en mi cabeza la canción “My Way” de Frank Sinatra y no me deja escuchar nada. Es como si de repente alguien enchufara un equipo de música en mi cabeza y no se apagara hasta que la persona que tengo delante deja de hablar.
Le advierto que Frank Sinatra me parece un cantante un tanto mediocre y vulgar pero, aunque he intentado cambiar de canción nunca lo he conseguido. Me conformaría con algún single de Camilo Sesto o José Luis Perales pero aún no ha sido posible.
Después de tildar de esquizofrénicas mis excusas, terminó por invitarme a que no fuera más a trabajar en unos términos que prefiero no repetírselos. Cuando traté de indicarle que su reacción se debía a un ataque agudo de cuentitis tuve que esquivar un ratón inalámbrico que me arrojó y pensé que era mejor dejar la reunión para otro momento más propicio.
Debo apuntar que mi jefe, pese a ser un incompetente como la copa de un pino y a tener el puesto que ocupa por solo Dios sabes qué sucias artimañas, lo tenía como una persona serena y de buen talante. Esto me hace recapacitar sobre la peligrosidad que tiene esta enfermedad en la sociedad y sobre los estragos que hace en la personalidad. Mi sistema inmunológico parece que de momento reacciona bien luchando con la enfermedad. Hasta creo que es posible que, aunque ha sido a mi persona a la que han diagnosticado en distintos ámbitos y por distintas personas esta patología, sea yo la única que de momento no ha sido contagiada.
Con las prisas se me olvidó preguntarle al jefe si a pesar de no tener que volver a ir a trabajar seguiría estando en nómina y cobrando, puesto que lo valiente no quita lo cortés y no debe pagar mi casera una decisión empresarial ajena a ella.
No sé si fue inspiración divina, no sé si se debió únicamente al resultado de sumar uno más uno en una cabeza prodigiosa o al efecto de la cafeína pero ahora sé lo que sentían o sintieron Platón, Newton, Galileo, Franco Batiato y demás genios cuando dieron a luz con una solución, con una verdad universal, con el resultado de una operación aritmética imposible.
Para intentar calmar un poco mis nervios después de la entrevista, decidí tomarme un café en la cantina de la empresa para así aprovechar la ocasión para despedirme de mis compañeros y amigos. Nadie se dignó a dirigirme la palabra pero aún así me tomé el café. Antes de dar el último sorbo, los efectos diarreicos de los que informé repetidas veces al departamento médico de la empresa se hicieron insoportables por lo que tuve que correr hasta el baño más próximo para que no recordaran mi estancia en esa empresa por otra cosa que no fuera mi competencia, integridad y creatividad.
Estando aliviando me sobrevino la respuesta a todas mis preguntas sobre el tema que me había llevado las última semanas de investigación. Aunque algunos científicos cobardes la tratarían como posible hipótesis yo la doy como verdad absoluta. El origen de la cuentitis está ni más ni menos que en el efecto psicológico que tiene la lectura de cuentos en edades tempranas y medias. Esta lectura de relatos principalmente ficticios, con personajes imaginarios y argumentos alejados de la realidad provoca una distorsión de la realidad induciendo a un estado disociativo.
No, no había papel higiénico
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Jorge Jiménez Serrano
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