En el ocaso acaso
26.11.07 @ 18:00:39. Archivado en cosas de la vida
Las líneas del ocaso en el horizonte anunciaban un otoño que no se hacía esperar, la sombra de su maletín era ya casi inapreciable a primera hora de la tarde. Con el paso del tiempo, el político había aprendido a lo largo de sus paseos diarios cómo las distintas longitudes de sombra de su maletín en el césped correspondían a distintas estaciones del año. Cada tarde recorría a la misma hora el parque que separaba su casa del ayuntamiento y cada tarde contestaba gentilmente, pues era su deber, a las preguntas que algún viandante le hacía al cruzarse con él.
Aquella tarde el político notó la presencia de un ciudadano que con gran esfuerzo trataba de darle alcance por detrás, con disimulada cortesía, aminoró la marcha, pues era su deber atender a los ciudadanos que habían depositado en él llevar las riendas del poder.
- Buenas tardes político, esta tarde nos mojaremos- dijo con voz ahogada el ciudadano.
- No estoy de acuerdo- replicó con voz serena el político- mi equipo de gobierno y yo mismo estamos trabajando dura, pero eficazmente en garantizar a los ciudadanos que no se mojen, no solo esta tarde, sino muchas tardes mientras se me de la confianza y los votos necesario.
- Pero está lloviendo-respondió el ciudadano.
- Yo no diría eso, estamos llevando a cabo gestiones para establecer marcos de diálogos estables y permanentes para evitar este tipo de situaciones.
- Pero mire al cielo, cae agua- le instó el ciudadano mientras miraba al cielo.
- Sí, en principio ha podido parecer que llovía pero tras evaluar la situación e implementar acciones contundentes y basadas en el buen hacer de mi grupo político, hemos podido diagnosticar correctamente el planteamiento y le puedo garantizar que no llueve.
- Pues yo estoy empapado.
- Créame si le digo que yo y mi partido seríamos los primeros en decir que llueve, pero me parece harto irresponsable e indigno de un trabajador del pueblo como yo, tratar de infundir temores y equivocaciones en la ciudadanía diciendo cosas que no son ciertas. Es más, si alguna vez ocurre, y no digo que no pueda ocurrir, seremos nosotros lo que generemos un marco consensuado de acciones correctoras para bloquear este conflicto de ipso facto.
- Pero usted también se esta mojando, ¿no lo ve?
- No, no, no, permítame que discrepe sin acritud de sus afirmaciones, yo no me mojo, y no no me mojo porque no pueda mojarme, si el caso fuera que lloviese, es que no me mojo porque las circunstancias actuales, lejos de conceptualizarse como coyunturales, están estructuralmente afianzadas, sin resquicios y unánimamente aceptadas por todos los partidos políticos, incluso la oposición de que actualmente no llueve.
- Pero señor político, todo está mojado alrededor y usted acaba de pisar un charco.
- Mire usted, lo masa de agua estancada que acabo de pisar con mi zapato no es un charco, deje de tergiversar y confundir a la opinión pública, se trata de una estrategia de acumulación hidrológica que yo y mi partido hemos planteado como solución a la escasez de líquido elemento que la oposición no quiere ver y que sí es este un problema real. Déjeme también decirle que no seré yo quién trate de generar conflicto y usar tendenciosamente esta situación de desventaja del partido de la oposición con fines electorales, como bien seguro haría la oposición si la situación fuera recíprocamente a la inversa. Mi partido no acusa ni debilita a la oposición manipulando la información a su antojo.
- Y, ¿Por qué usted está mojado si no llueve?
- Como le he indicado anteriormente no estoy mojado, y le vuelvo a decir que no es debido a que no pueda mojarme o a que no quiera. No trato de imponer aseveraciones, creo que desde mi primer mandato, mi talante demócrata ha sido desplegado innumerables veces, haciendo gala de una búsqueda incesante de consenso y unión, pese a quien pese, digan lo que digan.
El ciudadano fue perdiendo ventaja y a los pocos segundos el político lo había dejado atrás a un par de metros. Mientras trataba de secarse los ojos con un pañuelo que permaneció seco solo unos milisegundos después de salir del bolsillo, vio cómo iba desapareciendo la silueta del político a lo lejos, llevaba el pantalón de barro hasta la cintura pues no sorteaba los charcos. Como es su deber.
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Jorge Jiménez Serrano
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