La encina del ahorcado
14.11.07 @ 19:43:20. Archivado en cosas de la vida
La historia trascurre a las afueras de un pueblo andaluz encalado con técnicas de jalbiego sin la intromisión del Leroy Merlin, en el que el metacrilato y el pladur aún no desbancaban a la piedra y la madera, afueras lindadas por dehesas y encinares bajo un cielo ocre en un
atardecer cualquiera de un verano cualquiera. Por un camino próximo al
pueblo, un forastero hacía suyo aquel poema de Machado sin saber
exactamente, dado su condición de forastero, cuál de los caminos llegaría al pueblo antes de que la noche apareciera sobre su cabeza y por ende del resto de su cuerpo. Sin más ganas de andar en balde y esperando que algún bienandante le sirviera de guía y por qué no, de compañía, decidió descansar en lo alto de una encina próxima que se le antojó cómoda para tales menesteres. Trepó y acomodó su cuerpo en una gran rama que pareció hecho a la medida de su masa corporal y dimensiones.
Agradecido de esa comodidad y cansado por la dura caminata, no tardó en caer en un reparador duermevela mientras las primeras brisas del anochecer acariciaban su rostro.
Unas leguas (para los que no hayan leído del Arcipreste de Hita para atrás equivale a unos 5 km. aproximadamente) más al norte, un par de mineros regresaban a casa después de una dura jornada laboral como se acostumbra en este tipo de carrera profesional. Sus características socioeconómicas no les permitían ni siquiera la propiedad de una mula o burro que hiciera más grata y menos cansina la vuelta al hogar, usando dichos equinos como medio de locomoción y no como compañía en el sentido social de la misma, función esta última para la que no resultan igual de efectivos. Por eso, caminaban sin tanto afecto a los versos de Machado como el protagonista anterior.
Llegados a una encrucijada de caminos próximos al pueblo, debatieron como
habían hecho otras veces sobre el camino a elegir.
Hoy querido amigo, dijo uno de ellos, me voy por éste, señalando el camino de su izquierda, no quiero llegar muy tarde porque la parienta está enferma.
Su compañero de viaje se extraño a la vez que estremeció al escuchar su
elección.¿Estás loco?, le preguntó, ¿cómo te vas a ir de noche por el camino de la encina del ahorcado?. Sabes lo que dicen, ¿no creerás que te voy a acompañar?. Concluyó mientras dirigía sus pasos hacia el camino opuesto.
Hoy sí Prudencio, hoy sí. Hasta mañana.
Vete con Dios Antonio, y ten cuidado con el ahorcado dijo Prudencio sin el más mínimo tono humorístico. El cansancio del día no les permitió a ninguno alargar la conversación con objetivos persuasivos, y más, sabiendo Antonio como sabía que su compadre haría gala de su nombre. Así, a los pocos minutos, ambos se perdieron de vista mientras la oscuridad se adueñaba del paisaje. Conforme Antonio se hizo consciente de su soledad, empezó a reconsiderar su elección, e incluso volvió la mirada para buscar a su ya desaparecido compañero. En ese momento, un sudoroso escalofrío le recorrió toda su columna vertebral y su cabeza optó por abrir el libro de la memoria por el capítulo en el que le contaron la vieja historia de un hombre, que enloquecido por un amor no correspondido, decidió acabar con su vida ahorcándose en una encina situada en las propiedades de su amada. Desde ese día, cuenta la leyenda que el ahorcado vaga por esos parajes buscando compañía para su eterno purgatorio. Sobra decir que en contra de las connotaciones positivas que generalmente suele tener encontrar compañía, en esta situación concreta supone una situación no tan deseada como los aficionados a la literatura fantástica sabrán.
Esa historia había mermado, como comprenderás, el turismo de esa zona y
aunque era un camino de una belleza espectacular, muy pocos se atrevían a
recorrerlos si no era en compañía y no digamos de noche.
Quiso el azar y la mala leche, que a veces van de la mano, que el camino que le llevaba al pueblo pasase justamente a los pies de esa encina que ya se divisaba a lo lejos. Los escasos cien metros que le separaban de aquella majestuosa encina se le hicieron muy cortos y casi sin darse cuenta se encontró frente a ella, iluminada muy levemente por las primeras estrellas de la noche pero con su olor inconfundible.
Paró su andar paralizado por el miedo más intenso, su músculos agarrotados no le permitían nada más que temblar, su pensamiento le golpeaba una y otra vez con la visión de aquel ahorcado saliendo detrás de la encina y acercándose a él. Trataba de apartar de su cabeza ese pensamiento, de pensar en su mujer, de buscar en el horizonte las luces de pueblo que ya asomaban pero no podía hacerlo por más de unos milisegundos, luego ese pensamiento otra vez.
Sacó fuerzas de flaqueza y decidió avanzar, que digo avanzar, correr, correr lo más aprisa posible para dejar atrás a la encina. Justamente cuando se hallaba bajo sus ramas, el terror le hizo preguntar con un grito desesperado: ¿Estas ahí ahorcado?. Sobra decir que era una pregunta a la que no deseaba tener respuesta.
El forastero que dormitaba sobre sus ramas se vio despertado y sorprendido a tiempo que descubría todavía medio dormido la compañía y guía que había estado esperando. Espera, que me voy contigo le indicó a aquel individuo que caminaba a todo prisa.
Antonio rehusó esa invitación y el mismo miedo que lo
paralizó unos segundos antes, ahora le dio alas para correr como alma que
lleva el diablo.
Espera hombre, que me quiero ir contigo oía a su espalda, mientras sentía a alguien descender de la encina y correr tras él.
El forastero, decidido a no perder la oportunidad de que lo guiasen al
pueblo más cercano, más aún por las horas que eran, optó por correr con todas sus fuerzas para alcanzar a aquel corredor.
Espérame por favor, quiero ir contigo, le gritaba con el poco aliento que le quedaba por la carrera.
Una mierda, una mierda se oía en la noche. A lo lejos aparecían más
brillantes que nunca la luces de Zalamea la Real. Ahora esa encina, que
sigue en pie se llama la encina de la Loca, pero esa es otra historia.
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Las Elecciones Generales con el modelo actual por el que se rigen son imperfectas y un obstáculo para ello.
Debe buscarse un sistema para que gobierne el partido más votado y a ser posible debieran de ser Listas Abiertas donde se pueda votar personas independientemente del partido al que pertenezcan. ¿acaso no puede darse una persona honrada, justa, transigente y amante de la libertad en cualquier partido político? o por el contrario ¿acaso no puede haber una persona intransigente, corrupta que puentee la justicia en beneficio propio y de sus compañeros de partido que le han elegido para que robe y deje robar?
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Jorge Jiménez Serrano
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