En el ocaso acaso
26.11.07 @ 18:00:39. Archivado en cosas de la vida
Las líneas del ocaso en el horizonte anunciaban un otoño que no se hacía esperar, la sombra de su maletín era ya casi inapreciable a primera hora de la tarde. Con el paso del tiempo, el político había aprendido a lo largo de sus paseos diarios cómo las distintas longitudes de sombra de su maletín en el césped correspondían a distintas estaciones del año. Cada tarde recorría a la misma hora el parque que separaba su casa del ayuntamiento y cada tarde contestaba gentilmente, pues era su deber, a las preguntas que algún viandante le hacía al cruzarse con él.
Aquella tarde el político notó la presencia de un ciudadano que con gran esfuerzo trataba de darle alcance por detrás, con disimulada cortesía, aminoró la marcha, pues era su deber atender a los ciudadanos que habían depositado en él llevar las riendas del poder.
Jorge Jiménez Serrano
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