Consideraciones lingüísticas: Una aproximación a la polla.
21.08.07 @ 13:25:57. Archivado en cosas de la vida
Hoy, mirándolo mientras me hablaba, he recordado la cita de Ludwig Wittgenstein que decía que los límites de su lenguaje eran los límites de su mente. El tipo en cuestión es un personaje con que comparto temporalmente dimensiones espacio-temporales y que ha aportado una nueva crítica a la teoría de la antropología lingüística que afirmaba que la aparición del lenguaje se produjo desde estructuras más simples a estructuras y composiciones más compleja.
Por evitar daños colaterales en las sensibilidades de los lectores pensé en un primer momento en sustituir la palabra “polla” por otra como “pérgamo”, pero creo que perdería en frescura y naturalidad. Como se muestra aquí, las palabras no son ni feas ni guapas, ni buenas ni malas, solo son los colores con los que pintamos nuestras ideas.
La evolución nos conduce a la entropía, a la homogenización, a la simplicidad. En el terreno lingüístico esto se traduce por el uso de términos polisémicos, del que “polla” puede ser un ejemplo.
Un mensaje típico de este personaje puede ser: “Esto es la polla, estoy hasta la polla de tanta tontería y tanta polla”. En esta reflexión se esconden varias acepciones de la palabra “polla” que pueden adquirir valor de sustantivo, adjetivo e incluso de los dos a la vez. Para la interpretación del sentido hay que valorar el comportamiento verbal y el tono afectivo con que lo dice y si lo dice pegándole una patada a algún objeto o tocándose la ingle, puesto que “esto es la polla” puede significar tanto que la realidad actual es maravillosa como que es nefasta para sus objetivos. El valor positivo o negativo lo ofrece por tanto el contexto y el resto del mensaje. En este ejemplo, el siguiente segmento informativo: “estoy hasta la polla”, tiene un claro valor negativo para el emisor. Con él quiere expresar su hartazgo ante la situación y que sus capacidades de adaptación a una situación frustrante se han visto desbordadas. Si esta frase se produce mientras sostiene algo en la mano, éste lo tirará al suelo para enfatizar su disgusto y para ayudar a la exégesis al receptor.
La parte de “tanta tontería y tanta polla”, el sujeto nos da una nueva pista del carácter emotivamente negativo del mensaje. En este caso “polla” se comporta como un supersinónimo o sinónimo global de la palabra tontería o de la que esté delante del pronombre de cantidad. Así, le podemos oir: “tanto trabajo y tanta polla”, “tanta policía y tanta polla”, “tanta orden de alejamiento y tanta polla”.
Otro mensaje muy usado es “¡y una polla!”. Lejos de connotaciones de medida o numéricas, la semántica del mensaje nos está hablando de una visión crítica y diametralmente opuesta al razonamiento de su interlocutor. Es decir, ante un interlocutor que le haya aconsejado que su ritmo de trabajo no es el apropiado, él puede rebatir esta valoración con “¡y una polla!”, acompañando dicha alegación con algún calificativo para el interlocutor con el que expresa su desacuerdo con las dotes evaluadoras de éste. (cabrón, hijo puta, pueden ser ejemplos de ello).
En algunos casos, la palabra polla puede sustituir a cualquier sustantivo cuando se produce un efecto amnésico y no es capaz de nombrar al objeto en cuestión. Si quiere que le pases el bolígrafo y en ese momento le invade una agnosia, te dirá “dame la polla esa”.
En la frase “no me toque las polla”, no está rechazando la palpación de su órgano sexual, el mensaje es mucho más amplio y posiblemente tendríamos que recurrir al psicoanálisis freudiano para abarcar todo su significado. Para simplificar la cuestión diremos que en este caso lo que pretende expresar es una defensa ante el daño que están sufriendo sus sentimientos e insta al interlocutor a cesar en su desafortunado pensamiento. En este caso, “polla” representa sus afectos, sus sentimientos, la parte más noble y a la vez más sensible que debe proteger. Si el interlocutor persiste en su línea de pensamiento, el mensaje pasa a un segundo estado, “me estás tocando la polla”. Aquí deja bien claro que se ha sobrepasado el límite y que sus sentimientos ya han sido lesionados. Esto lo suele decir con un tono amenazante para que el interlocutor sea consciente de su estado afectivo y haga uso de habilidades de empatía.
Siguiendo un poco con el mismo uso anterior, la palabra “polla” también la usa cuando es desconocida la situación para él, cuando no puede dar una explicación a priori. Por seguir una analogía matemática, aquí la polla sería la “x” de la ecuación. “¿qué pollas es esto?”. En este sentido “polla” es un pretérmino que pretende mostrar la sorpresa ante lo desconocido. Si a la pregunta anterior se autocontesta,” Ah!, ya sé, esto es la polla esa”. Que nadie se asuste o intranquilice por esta aparente incomprensión. Esta segunda polla debe ser interpretada como anteriormente se explicó.
A grandes rasgos, “polla” puede nombrar a casi todos los objetos animados e inanimados, pasados, presentes y futuros, conocidos o desconocidos. De ahí la grandeza de la polla, si me permiten la expresión. Su uso puede hacerse complejo hasta el infinito lingüístico y aporta un gran desarrollo del lenguaje y simplificación en el aprendizaje. Qué felices seríamos si tuviéramos varias pollas en el lenguaje, es decir, varios términos con las mismas capacidades de mutación semántica. El aprendizaje en los niños sería muy sencillo a la par que rápido. (véase teoría de Noam Chomky).
Seguiré estudiando el tema, si usted quiere, úse la polla a ver que tal le va.
Un saludo y hasta la polla.
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Jorge Jiménez Serrano
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