Esperanza acondicionada
04.08.07 @ 20:35:00. Archivado en renglones torcidos
Si en algo he contribuido al calentamiento global del planeta, creo que este verano lo estoy pagando con creces. Digo más, no sé si las máquinas llegarán a dominar al hombre pero a mi me están empezando a tocar los escrotos.
Con estas dos reflexiones trato de exponer de modo somero el sinvivir que padezco desde hace unos días cuando trato de encender el aire acondicionado y éste, en una rebeldía insólita para su escasa inteligencia, hace caso omiso al botón de ON. Más que caso omiso es que hace lo que le da la gana, (perdonen el antropomorfismo pero creo que describe muy bien la situación) pues en determinados momentos sí inicia el arranque del sistema cuando presiono la susodicha tecla. Llámenme intolerante o cabrón si lo prefieren y no tienen estudio pero creo que determinados electrodoméstico no deben poseer libertad alguna de funcionamiento y deben sucumbir al poder y deseo del ser humano (hombre, mujer y servicio técnico) que les dio la vida.
En estos días en que el planeta trata de asesinarnos con anticiclones terroristas creo que es justo contrarrestar estos ataques con las armas que la evolución y la inteligencia humana nos han brindado, a saber, el CO2 y el aire acondicionado.
Pues bien, el maldito aparato solo se enciende de vez en cuando sin que yo pueda tener control ni decisión alguna de cuando es ese momento. ¿Saben cómo afecta esto a mi autoestima?. Que van a saber, si ustedes lo tienen todo, seguro que el vuestro ni siquiera hace el estruendo con que el mío machaca mi cóclea cuando por fin funciona. Parece que su sistema mecánico esté siendo torturado por un sádico cabreado.
Yo, como un gilipollas adoptando posturitas de las más grotescas en los lugares de la habitación en las que en otras veces me había funcionado el ON, como si de mi postura y de determinada posición geográfica de mi cuerpo en la sala dependiera que se conectara o no el maldito aparato. Como una vez se encendió en el suelo después de haber tirado el mando, pues allí me ven, con el mando debajo del sofá y yo de cubito supino metiendo mi dedo índice por los bajos del sofá. Nada, tampoco funciona ni siquiera si vuelvo a conseguir las cotas de enojo de aquella vez. Otra vez de espalda y mirando al gotelé de la pared. Funcionó algunas veces durante algunos días en los que fui la persona más feliz del padrón de mi pueblo, pero solo se reía de mí y mermaba la poca salud mental que poseía.
Claro que le di golpes al mando, en diminutivo y en superlativo, sin emoción y con un odio profundo, lo golpeé una y mil veces hasta pensar que se salían las teclas. Llegué a pensar que aunque no funcionara, al menos se acordaría de mí el puto cacharro. Implementé esta metodología no solo en el mando sino también en la consola, subiéndome a un taburete y dándole palmaditas por toda la carcasa, mostrando primero cierta consideración hacia la rigidez del material pero la desesperación me pudo en algunos momentos y la rabia contenida apareció en forma de derechazos e izquierdazos que hubieran bastado para matar al ingeniero que lo inventó y a todo el carrefú donde lo compré pero infructuosos para hacerlo funcionar.
Alguno lector prepotente y soberbio pensará en mí como en el tipo que no se le ocurrió pensar en el desgaste de las pilas como causa del problema. Evidentemente explica el error aleatorio y no permanente del problema, que hubiera hecho pensar en otras causas de carácter mecánica-eléctricas más estructurales y estables en su sintomatología. El hecho de que se encendiera en algunos momentos y que pudiera disfrutar del aire artificial que me merezco como cualquier contribuyente, mostraba que la avería no era de estado permanente y por lo tanto, a priori, el funcionamiento global del electrodoméstico no estaba afectado.
Sí, fui a la tienda del chino y cuando me preguntó sobre el tamaño exacto de la pila, la sensación de ser un desgraciado de la vida se hizo tan patente que tuve que responder con una sonrisa que era indicio inequívoco de que mi salud mental se estaba desquebrajando por momentos. Así lo pude ver también en la mirada del chino que a mi respuesta a posteriori de pequeña me pregunto que si pequeña o pequeña del todo.
Puesto que no poseía la respuesta correcta, me dediqué a pensar cuánto tiempo habría dedicado el chino a aprender a decir esta frase desde el punto de vista fonológico pero también semántico, pues mostraba un control absoluto sobre la exégesis de dicha frase.
Yo siempre fui de esa clase de persona de las que pensaba que solo había dos tipos de pilas, las gordas y las pequeñas, además de las de petaca.
Ante la tesitura de si quemarle el chiringuito al chino o volver a casa para hacer un estudio métrico de la pila, opté por lo segundo porque soy buena persona y porque esta acción habría dotado de más calorías a mi vida.
Me gustaría ser de esos tipos que pueden comprar todo tipo de tamaños y clases de pilas para no tener que dar dos viajes, pero la fortuna no me habla desde hace años y me asesor financiero me aconseja no invertir ufanamente en energías no renovables.
Pensando en que bueno sería para el mundo que, a pesar de la existencia de guerras y desastres, las pilas fueran todas de un único tamaño, volví a la tienda para decirle al oriental que quería dos pilas de las pequeñas del todo. No era mi día de suerte, ni mi mes, ni mi año, ni mi vida, tuve que comprar las cuatro.
Pensando en que bueno sería para el mundo que, a pesar de las armas de destrucción masiva y de la existencia de las drogas, las pilas se pudieran comprar a granel, regresé a casa con la ilusión y las energías renovadas, si me permiten la metáfora, para descubrir que la realidad a veces puede ser muy cruel y dañina. Hice todas las combinaciones posibles que se pueden hacer con cuatro pilas para comprobar que no podía doblegar la voluntad que aquel aparato de aire acondicionado.
Aquel día y los días siguientes, el aire acondicionado funcionó y funciona cuando le da la gana, yo me limito a darle al botón y a esperar a que el viento frío haga su aparición tras una lucecita verde y un sonido ensordecedor.
He llegado a la conclusión de que no tengo aire acondicionado pero que tengo algo mucho más importante y que me permite seguir viviendo a cuarenta grados, esperanza, esperanza a que funcione.
en memoria de mi tia Esperanza.RIP.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/109655
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Jorge Jiménez Serrano
autor
Contacto








