Perdón si jodo las estadísticas
11.07.07 @ 14:02:33. Archivado en renglones torcidos
Lo peor de estar muerto es, junto con la imposibilidad de jugar al badminton, es la irrevocabilidad del hecho, lo inmutable del estado. Cuando estás vivos hay cierto nivel de cambio y transformación, siempre claro, dentro de unos parámetros de posibilidad, pero cuando estás muerto todo se para, el proceso, el desarrollo quedan frenado en seco como mi coche quedó al descubrir la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos, en concreto del pilar de un puente de la M65.
Si hubiera sido un animal invertebrado habría acabado igual de muerto porque un animal, por muy invertebrado y animal que sea no puede vivir con partes de coche incrustadas en sus vísceras, por no hablar de cuestiones estéticas. No obstante a nivel de dolor creo que hubiera sido más liviano y llevadero no tener que soportar las consecuencias de tener el cubito en la guantera en vez de en mi brazo. Nunca tuve un cuentarrevoluciones tan cerca de mi cara, ni siquiera cuando traté de convencer a aquel guardia civil que el exceso de velocidad no era imputable a mi intencionalidad si no a un defecto visual genético, cuestión por la cual el titular de la multa deberían ser mis ancestros o Gregor Mendel en su defecto.
Entre tanto amasijo de hierros y materia orgánica, el del 112 dedicó varios segundos a pensar si estaba ante un individuo de la especie humana o ante una versión cubista de robocop. Incluso creo que le asomó una leve sonrisa en sus labios cuando descubrió la forma tan original en la que el volante se había entrelazado con mi cuello.
Horas antes, había decidido que la banda negra del cinturón de seguridad no hacía juego con mí Shirt morada de calvin Clein, no por ser una fashion victim sino por tener como consultor estilista a varios JB´s con cocacola, que además de asesorarme en cuestiones metrosexuales intervinieron en el cálculo de posibilidades de adelantamiento de un trailer en línea continua mientras mandaba un sms para descargarme el tono de la sintonía del equipo A y otro trailer (muchos trailers para mi gusto) se acercaba a toda velocidad, pues llegaba tarde a su descarga en Mercamadrid, por su carril, que casualmente era mi carril contrario.
Sí, opté por el pilar del puente. Quizá hubiera necesitado más tiempo para tomar una decisión tan importante pero como decidí tunear el coche con una alerón trasero en vez de con turbo propulsión, la única opción que se me ocurrió es comprobar realmente la mítica dureza del cemento. Sí, es duro de cojones.
Ni túnel, ni luces ni ver tu vida en formato zapping, nada de nada, solo plaff!!, dolor, olor al plástico del airbag, sabor a sangre y ruido de una melodía parecida a la del equipo A.
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Dado que no puedo sobrepasar los 1000 carcteres y que no tengo gana de contar hasta el 999 soy breve. ¿Te has pegado una ostia real con el coche o es una historia inventada para desplegar tu sutil ironía? (adjetivo y sustantivo que parece que han estado toda la vida juntos, como dulce derrota o amarga victoria).
De todos modos, pese a que si la historia es real no deja de tener su punto de dramatismo, me parece un texto digno del mejor club de la comedia.
Un abrazo y que sigas escribiendo igual de bien, David.
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Jorge Jiménez Serrano
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