Filántropo con bombonas de butano
05.07.07 @ 14:11:55. Archivado en renglones torcidos
Cuando educadores, tutores, personal de seguridad y demás figuras responsable de mi relación simbiótica con el resto del entramado social me advertían que se me iba a caer el pelo, nunca pensé que ese vaticinio gozaría de una gran literalidad, además de su función alegórica. Hoy, aunque calvo, sigo sin ser receptivo a exhortaciones que no sean compatibles con mi credo egoteista, hedofílico y dipsomaníaco del zumo de lupus.
Soy tremendamente incompatible con bienandaza, la suerte y la fortuna y más proclive a saborear las consecuencias que sus antónimos suscitan.
Por eso no me invadió la extrañeza cuando oí el click de las ametralladoras amartillándose a escaso centímetros de mi cabeza y por ende del resto de mi organismo.
Nunca se me han dado bien los idiomas, pero soy experto en extrapolar los tonos de voz y entonación con los estados anímicos y afectivos. Aunque no entendía ni papa de lo que me decían tenía la impresión de que eran formas imperativas para que parara el coche y levantara las manos, aunque a esto último llegué a la conclusión por el movimiento vertical que hacía un soldado con su AK 47 y por lo que había visto en las películas. Uno de ellos, al ver el escudo del madrid en el retrovisor, me brindó unos insultos en castellanos para romper la barrera idiomática que impregnaba aquella situación, mostrado grandes dotes de intuición, humanidad y acentuación.
El caso es que horas antes, había leído en un diario gratuito-pues me niego a leer pagando- que la bombona de butano había incrementado su coste para el cliente final en unos cuantos céntimos, tratando así los responsables de promover ese aumento-seguramente- de que se equilibren las riquezas en el mundo obviando segregacionismos debidos a cuestiones de raza, sexo, religión y color de ojos.
Aunque prosélito a este fin, me resultaba incómodo y en parte injusto el desembolso adicional que tendrían que realizar la embajada extranjera para hacer frente a esta inflación energética, que a la postre no era consecuencia de sus políticas económicas certeras y óptimas sino a las más desastrosas e incompetentes nuestras.
Por este motivo me dirigí resoluto a comprar un par de bombonas para colaborar y dar muestras de mi gratitud con un país que ha tenido a bien instalar una parte de su gloriosa territoriedad en el nuestro, dando más de lo que pide a cambio.
Feliz por financiar las próximas calorías que aumentarán la temperatura del agua en las duchas de los soldados o quizá las que cocinen la comida típica de su país que mitiguen la separación física-geográfica de éstos con su familia de origen, me encaminé a la embajada con mis dos bombonas de butano en mi seat ibiza. Para no manchar la tapicería de leopardo, he decidido colocar las bombonas en el techo haciendo uso de la baca y de un par de cuerdas adquiridas para tal efecto.
El recibimiento no ha sido el que me esperaba, un soldado trata de provocarme seguramente un estado de inconsciencia golpeándome con la culata del arma. Eso me pasa por mi excesiva filantropía. A lo mejor tienen gas natural.
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Jorge Jiménez Serrano
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