Fresbanking
22.06.07 @ 13:51:25. Archivado en cosas de la vida
Con la dosis de brutalidad justa, por ser una persona parca en exceso, le fracturé el tabique nasal al empleado del banco que me atendió esta mañana, provocándole un shock por aquello de la sangre, el dolor y la sorpresividad, por no hablar de consecuencias futuras como problemas respiratorio, estéticos y rutinarias interconsultas al otorrino.
El desenlace pugilístico fue el epílogo a lo que a mi parecer fue una deprolable asesoría y atención al cliente de la que fui víctima esta mañana en una sucursal de caja cerrada, entidad a la que me pensaré de ahora en adelante ser cofinanciador con mi aportaciones dinerarias. Como apostillé al salir de la sucursal, han perdido un cliente.
Estoy pensando en demandarlos por la inflamación de mis nudillos, pues creo que no soy responsable de la dureza de su hueso nasal, aunque para ser justo, también podría haber apuntado al mentón en vez de a esa napia aguileña.
La cuestión es que, debido a mi bajo estado anímico provocado por la incapacidad para desempeñar mi carrera profesional en el ámbito al que amo, la catalepsia, unido a los síntomas alérgicos provocados por el aumento de las concentraciones de polen y ácaros, me encontraba cabizbajo y apochado, términos, que aunque no muy técnicos, describían a la perfección mi estado afectivo-emocional actual. Pensé que una profilaxis adecuada para mitigar esta situación podría ser la de realizar actividades de ocio que modificaran los aspectos emocionales egodistónicos a la par que paliaran la rinitis y la abundante secreción de mocos. Eran tarea difícil encontrar la actividad ociosa que luchara con ambos frentes. No obstante creí encontrar la solución, lo que me congratuló doblemente, una por ser resolutiva y otra por comprobar que al menos mis capacidades de afrontamiento se encontraban intactas.
Con la ilusión que da el tener una meta tras la cual dirigir tus pasos, encaminé los míos hasta la sucursal de caja cerrada más próxima, pues requería de la intervención bancaria para sufragar los gastos de mi terapia. Como bien sabes, mi situación económica no solo puede considerarse mala, sino que puede dejar de considerarse en si misma. (Esta mañana encontré a mi calculadora ahorcada en mi despacho, no te digo más).
Desde el principio no me sentí cómodo con el aguililla. Pensé que al no encontrarse parapetado tras una ventanilla blindada sino detrás de una simple mesa de oficina (posiblemente la Lack de Ikea), sería más receptivo o al menos comprensivo en mis peticiones y demandas. Pronto mis ingenuas y optimistas impresiones se fueron viendo refutadas por el catalogo de gestos que aquel tipo fue desplegando con la ayuda de su cómico careto. Cuando soltó la carcajada que llevaba 24 segundos reprimiendo, comprendí que aquello no iba bien. En ese momento insistí en que me atendiera el director de la sucursal y que de camino me trajera un capuccino pues eran horas ya de desayunar aprovechando el buen rollito. No quise desde el principio despreciar todas sus cualidades, por eso pensé que al menos la de camarero podría ser acorde con sus aptitudes. Así se lo hice saber aunque creo que mi análisis no fue bien recibido pues se negó a llamar al director, y ya puramente por pataleta infantil a lo del capuccino.
Yo, que no soy amante de espectáculos en la que sea protagonista mi persona, traté de calmar la situación al percibir el aumento en el tono de voz del empleado e intenté hacerle comprender que posiblemente su nulo conocimiento en cuestiones de préstamos personales no sería responsabilidad única de él, sino que seguramente sería 50% debido a la dejadez que en cuestiones de formación que las empresas actuales tiene con sus empleados y el porcentaje restante, 50, fruto de una malformación cerebral ajena a él. Alego en su favor, que la ingente cantidad de productos financieros y sus cambiantes criterios para afrontar la actualidad económica provocan una complejidad considerable a la vez que requieren un reciclaje continuo de estos profesionales.
Al parecer al niño no le venía bien ninguno de mis análisis, como pude comprobar por la irritación explicita que se reflejaba en el flujo sanguíneo de sus aortas. Con gesto amenazante me indicó que me marchara de la entidad mientras sus gritos atraían la atención de los empleados y clientes que se encontraban allí, siendo difícil que ese volumen, aunque elevado, atrajese la atención de los que no se encontraban en dicha entidad.
Mientras le demandaba una hoja de reclamaciones y unos bolis de regalo, otro empleado, que al parecer debía ser su superior pues tenía una corbata, se acercó y le preguntó a su subordinado mientras me miraba a mi que qué pasaba, mientras esbozaba una sonrisa de manual de atención al cliente.
Antes de que respondiera el receptor de la pregunta, intervine yo por aquello de haber sido el receptor de la mirada. Creo, le indiqué, que el asunto es fácil. Su empleado me está gritando y atendiendo de una forma poco útil si se quiere captar clientela o fidelizarla en el caso de ya serlo. Estimo, continué, que los métodos de ineptitud y violentos utilizados por su subordinado (es que estaba muy cabreado) no son los alentados por la filosofía de empresa, a menos, claro está, que me haya equivocado y esto sea una banda de mafiosos usureros. Me pensaré, dije simplemente para aparentar, si es conveniente seguir manteniendo la amistad con el director de esta entidad que trata así a sus usuarios, me pesará, aunque sea de la familia, tengo más hermanos.
Sr. Dominguez le espetó el de la corbata al retrasado, discúlpese ahora mismo con este señor.
- Pero (omito el tartamudeo para decir “pero”) Luis este tío quiere que le de 70.000 € para comprarse un yate, pero (volvió a tartamudear con el “pero”) está en paro- contestó a su superior mientras me miraba a mi. (que manía esa de no concordar la mirada con el receptor del mensaje oral).
Entramos en debates filosóficos y en cuestiones de financiación personal, variables socioeconómicas, de retribución social, empleo, política social, injurias, descalificaciones e insultos, operativa de seguridad bancaria, prácticas de forcejeo...
En fin, que le solté un piñazo.
Pues nada, me jodió el tema del yate pero lo que más me dolió fue lo del capuccino
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Jorge Jiménez Serrano
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