Desempleando el paro
04.06.07 @ 15:48:32. Archivado en renglones torcidos, cosas de la vida
Hoy leo asombrado una noticia de esas que te hacen pensar, y no me refiero a que Paris Hilton entre en prisión, sino a esa que anuncia que el paro ha bajado en mayo un 2,4 %. Nunca se me han dado bien las matemáticas por lo que dejo de pensar en la Hilton agachándose a por 2,4 % de jabón en las duchas de la prisión y sigo leyendo la noticia que al final me viene a decir que 49.893 individuos ya no son parados en España.
Yo, que soy mal pensado por parte de madre, conspiracionista por parte de padre y ágnóstico por la gracia de dios, empiezo a sacarle punta a la cosa.
Que 49.893 personas ya no estén en las listas de desempleo no significa necesareamente que este mismo número de almas estén trabajando o en movimiento laboral (por contraposición a lo de paro), simplemente que ya no están en las listas. Es bien sabido que hay varias técnicas que se pueden usar para reducir el número de desempleados de un país, región, territorio o porción de tierra, sin tener que recurrir a la poco original y desfasada técnica de crear empleo.
Me refiero a colocar en el Ministerio de trabajo y Asuntos Sociales a personas poco agraciadas cognitivamente para el cálculo aritmético, que a la hora de contar hagan removerse en la tumba a Pitágoras. Otra opción se refiere a crear un ambiente hostil e hipersuperburocratizado en las diferentes oficinas de empleo para que los ciudadanos prefieran ser desempleados extraoficiales, ilegales, freelance, sin papeles o como se les quiera llamar antes que pedir ayuda al estado.
Quién ha estado en una oficina de esas, sabe a qué me refiero. Cualquiera podrá suscribir estas letras que abajo aparecen y que describen una experiencia en una de estas oficinas:
(Texto sacado del diario de mi Yo Real, prohibida su copia o reproducción sin previopago).
66-septiembre-2007.
He realizado en el día de hoy una gestión poco gratificante en el Glorioso instituto nacional de empleo, cuyo motivo principal era el rechazo de una oferta de empleo por considerar que la esclavitud laboral, que no las de otra índole, fueron abolidas en nuestro mapa geopolítico hace algunos quinquenios. El caso es que, en esta oficina, los estereotipos de funcionarios "tocapelotas" paracen hechos a la medida en la mayoría del organigrama, salvo honorables excepciones. En cocnreto, el individuo que realiza las gestiones para las que visitaba el centro es un especímen concreto de esa actitud-aptitud. Ha tardado ventidos minutos en atender a tres seres humanos cuyas gestiones se pueden realizar sin usar la exageración como forma de énfasis en poco más de cinco minutos como tiempo total.
A pesar de no contar con su historial médico, creo que la lentitud en su sistema motor no se debe a ninguna patología, si se contrasta sus movimientos en tareas laborales frente a otras tareas como arrascarse las ingles o realizar prospecciones en sus cavidades nasales, tareas que realiza a una velocidad que podemos considerar normal.
Su cara refleja conflictos personales, posiblemente en la esfera afectiva, de autoestima o quizá sexual. Puede que simplemente sea gilipolla.
Entre la atención a un cliente-persona y otro, que viene precedido por un sonido y unos dígitos en una pantalla, que a pesar de ser cansina en su información, mantiene la atención de todos los presente, el pavo se dedica a realizar miradas al infinito a la pantalla del ordenador sin que al parecer representen acto provechoso para la ciudadanía a la cual sirve. Otro comportamiento recurrente suele ser el coger papeles de un lado de la mesa y colocarlo en otro sin aparente orden lógico. En algunas, como en esta ocasión se dedica a leer una revista y otras veces a tocarse los escrotos metafórica.
En la oposición, al parecer, ningún tema se refería a la educación y modales, ya que a mis buenos días no ha sabido que contestar, aunque si ha mantenido contacto visual porque creo que me ha mirado la barbilla. Al saludo me he contestado yo mismo, lo cual le ha provocado cierta sorpresa por lo que he podido interpretar de su expresión. Después de realizar varios movimientos con varios sellos y tecleos en el ordenador, me ha devuelto el papel y ha seguido con las funciones anteriormente descritas, lo que me ha hecho intuir que ya me podía marchar. Le he dado las gracias y sí, me he vuelto a contestar a mi mismo.
Permíteme que yo sí haga el trabajo que él no hace y le provea a su madre de un puesto de trabajo sin el cual yo no podría llamarle hijo de puntos suspensivos. Espero también que la radiación del ordenador le acarree alguna molestia urogenital que haga que los tocamientos dejen de ser solo metafóricos.
Eso sí, sin acritud.
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Jorge Jiménez Serrano
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