La semántica de la Guerra
04.06.07 @ 14:21:01. Archivado en renglones torcidos, cosas de la vida
Decían los sofistas- que no eran los partidarios de Sofía en OT- sino una corriente filosófica de la antigua Grecia, que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Creo que fue Gorgias o Protágoras – ninguno de ellos sale en Dolce Vita- quien decía que las palabras no están al servicio de la verdad sino de los intereses del que habla. Yo creo en dos cosas en esta vida, una es que todo depende de cómo se cuente, la otra es que la tortilla de patata se mejora echándole cebolla.
El otro día, terminaba yo vomitar, como hago cada día después de ver el telediario cuando me sobrevoló una pensamiento o reflexión por mi encéfalo. Me senté en la taza, no en la de tomar café, ya que aunque menudo en estructura corporal, mi glúteos son de dimensiones incompatibles con esa acción, sino en la taza que se encuentran en esas estancias para dar forma a ese pensamiento que me asaltaba.
Pensé en cómo la semántica había transformado un hecho tan denigrante para los que tienen el carné de humano, como es la guerra, en una realidad semánticamente más confortable y políticamente correcta. Todo consistía, como decían los sofistas, en usar la dialéctica adecuada.
Así por ejemplo, podemos convertir un niño iraquí reventado por una bomba en un daño colateral. ¿A qué mola? .Por cierto, ya puestos, la bomba que es una cosa muy fea se puede sustituir por reacción físico-química de persuasión. Cuando un avión de esos va con bombas, perdón unidades de reacción físico-química de persuasión y las tiran para matar a personas en plena noche, lo llaman incursión nocturna u operación quirúrgica para aniquilar infraestructuras rebeldes. Uno no sabe en este punto si los están matando o haciéndoles una laparoscopia. No meten una bomba en una sandía en pleno mercado de Mosul, están realizando una operación encubierta. Creo que se lavan las manos y todo.
A los muertos los llaman bajas, sin tener este concepto relación alguna con la dimensión altura. Y no son enemigos, porque eso está muy feo, son insulgentes, y lo que derraman no es sangre sino sustancia hemoglobínica, eso sí, roja de cojones.
El ejercito, los soldados, ya no son tan bestias, realizan labores humanitarias ofreciendo galletas fontaneda a los afectados por contingencias geopolíticas.
Así da gusto guerrear o gestionar conflictos armados o en intervenciones de reinstauración de procesos democráticos. Allí no muere nadie, se pasa a formar parte de proceso de entropía, entropía democrática claro.
No sé ustedes pero yo me quedo mucho tranquilo, sigo vomitando pero ya todo me parece más humano, más amable.
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Jorge Jiménez Serrano
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