
Allí sentada, a unos 10 metros desde mi visual, parece que fue ayer cuando por alguna extraña casualidad evolutiva la separó de la familia de los cetáceos, manteniendo prácticamente la totalidad de rasgos de éstos salvo el uso de gafas y faja XXL. Puede que no siempre haya sido mujer, eso espero al menos, eso junto que no me toque cuando llegue mi turno en la cola del paro. Hago cálculos y estimación de posibilidades a la vez que pasan los números en la pantalla y los numerosos usuarios que me preceden pasan a las distintas mesas, que aunque no presentan un paisaje mucho más halagueño, al menos parecen adoptar comportamientos mucho más cercano a la especie humanoide. Quedan tres números para el mío y hay cinco mesas, el lector ducho en estadística puede realizar sus cálculos, los demás ya saben que finalmente me tocará la ex-cetácea cretina que hoy, para más suerte, se encuentra emocionalmente disfórica, consecuencia de una menopausia crónica y de una disminución del riego sanguíneo al cortex cerebral debido a una talla de faja mucho más condescendiente con su estructura abdominal.
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22.01.08 @ 09:56:41. Archivado en cosas de la vida
Estimada Srta. coordinadora del Certamen Literario de Jara Carrillo.:
Yo, Hernestón Terias Lupiañez, Fundador y Presidente de la Asociación Mundial de Enfermos de Cuentitis, le ruega encarecidamente cancele el desarrollo de este Certamen Literario antes de que pueda arrepentirse. Nuestra Asociación, de la que actualmente sólo yo soy el único integrante, está actualmente estudiando la posibilidad de aceptar que podáis proseguir con el concurso siempre y cuando uséis sólo la poesía como medio de expresión literaria. En ningún caso, repito, en ningún caso admitiremos el envío, evaluación, lectura y difusión de los cuentos. Debe quedar explícitamente prohibido este género literario de vuestro concurso.
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26.11.07 @ 18:00:39. Archivado en cosas de la vida
Las líneas del ocaso en el horizonte anunciaban un otoño que no se hacía esperar, la sombra de su maletín era ya casi inapreciable a primera hora de la tarde. Con el paso del tiempo, el político había aprendido a lo largo de sus paseos diarios cómo las distintas longitudes de sombra de su maletín en el césped correspondían a distintas estaciones del año. Cada tarde recorría a la misma hora el parque que separaba su casa del ayuntamiento y cada tarde contestaba gentilmente, pues era su deber, a las preguntas que algún viandante le hacía al cruzarse con él.
Aquella tarde el político notó la presencia de un ciudadano que con gran esfuerzo trataba de darle alcance por detrás, con disimulada cortesía, aminoró la marcha, pues era su deber atender a los ciudadanos que habían depositado en él llevar las riendas del poder.
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por algún incomprensible error del sistema binario no puedo entrar en este, mi blog, y sin embargo me abre las puertas de los demás, que sin desmerecer no me suponen el mismo nivel de interés y preocupación.
Mis limitaciones a la hora traducir el lenguaje de chekespeare me hacen infructuoso mis intentos por solucionar el problema, que según esbirros de Bill Gate es un conflicto interno entre mi pc y la red global. Los epítetos y amenazas no les hacen modificar su diagnóstico, así que solo me queda utilizar el ensayo-error y las plegarias a San Hermengaudio, patrón de los sistemas operativos, para deshacer este entuerto virtual.
Espero poder ablandar el disco duro de intel pentium, aunque no descarto comprobar si el hardware es tan hard como su nombre indica.
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14.11.07 @ 19:43:20. Archivado en cosas de la vida
La historia trascurre a las afueras de un pueblo andaluz encalado con técnicas de jalbiego sin la intromisión del Leroy Merlin, en el que el metacrilato y el pladur aún no desbancaban a la piedra y la madera, afueras lindadas por dehesas y encinares bajo un cielo ocre en un
atardecer cualquiera de un verano cualquiera. Por un camino próximo al
pueblo, un forastero hacía suyo aquel poema de Machado sin saber
exactamente, dado su condición de forastero, cuál de los caminos llegaría al pueblo antes de que la noche apareciera sobre su cabeza y por ende del resto de su cuerpo.
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09.10.07 @ 22:09:27. Archivado en cosas de la vida
He realizado en el día de hoy una gestión poco gratificante en el Glorioso instituto nacional de empleo, cuyo motivo principal era el rechazo de una oferta de empleo por considerar que la esclavitud laboral, que no las de otra índole, fueron abolidas en nuestro mapa geopolítico hace algunos quinquenios. El caso es que, en esta oficina, los estereotipos de funcionarios "tocapelotas" parecen hechos a la medida en la mayoría del organigrama, salvo honorables excepciones.
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10.09.07 @ 20:25:10. Archivado en cosas de la vida
Me parecen fantásticos las nuevas aportaciones que se realizan al campo de la inmunología regenerativas y todos los avances en alargamientos de penes, pero llegados a este punto, la sociedad y el colegio de ordenanzas de Puertollano deberían preguntarse por qué dado este nivel de desarrollo tecnológico, el ser humano tiene que aguantar que sus neumáticos sigan pinchándose. Comprendo que el desarrollo no siempre se produce a gusto de todos y en todos los ámbitos por igual, pero supongo que no es muy egoísta desde el punto de vista evolucionista pensar que es más prioritario conseguir avances en el ámbito de la neumaticología o en el de los tornillos autoatornillables que en el de mediciones de los niveles de lantano y rodio en la superficie de martes. (Ambos dos elementos químicos y no futbolistas).
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21.08.07 @ 13:25:57. Archivado en cosas de la vida
Hoy, mirándolo mientras me hablaba, he recordado la cita de Ludwig Wittgenstein que decía que los límites de su lenguaje eran los límites de su mente. El tipo en cuestión es un personaje con que comparto temporalmente dimensiones espacio-temporales y que ha aportado una nueva crítica a la teoría de la antropología lingüística que afirmaba que la aparición del lenguaje se produjo desde estructuras más simples a estructuras y composiciones más compleja.
Por evitar daños colaterales en las sensibilidades de los lectores pensé en un primer momento en sustituir la palabra “polla” por otra como “pérgamo”, pero creo que perdería en frescura y naturalidad. Como se muestra aquí, las palabras no son ni feas ni guapas, ni buenas ni malas, solo son los colores con los que pintamos nuestras ideas.
La evolución nos conduce a la entropía, a la homogenización, a la simplicidad. En el terreno lingüístico esto se traduce por el uso de términos polisémicos, del que “polla” puede ser un ejemplo.
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Si en algo he contribuido al calentamiento global del planeta, creo que este verano lo estoy pagando con creces. Digo más, no sé si las máquinas llegarán a dominar al hombre pero a mi me están empezando a tocar los escrotos.
Con estas dos reflexiones trato de exponer de modo somero el sinvivir que padezco desde hace unos días cuando trato de encender el aire acondicionado y éste, en una rebeldía insólita para su escasa inteligencia, hace caso omiso al botón de ON. Más que caso omiso es que hace lo que le da la gana, (perdonen el antropomorfismo pero creo que describe muy bien la situación) pues en determinados momentos sí inicia el arranque del sistema cuando presiono la susodicha tecla. Llámenme intolerante o cabrón si lo prefieren y no tienen estudio pero creo que determinados electrodoméstico no deben poseer libertad alguna de funcionamiento y deben sucumbir al poder y deseo del ser humano (hombre, mujer y servicio técnico) que les dio la vida.
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la posibilidad más absurda es al menos una opción
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Lo peor de estar muerto es, junto con la imposibilidad de jugar al badminton, es la irrevocabilidad del hecho, lo inmutable del estado. Cuando estás vivos hay cierto nivel de cambio y transformación, siempre claro, dentro de unos parámetros de posibilidad, pero cuando estás muerto todo se para, el proceso, el desarrollo quedan frenado en seco como mi coche quedó al descubrir la ley de la impenetrabilidad de los cuerpos, en concreto del pilar de un puente de la M65.
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Cuando educadores, tutores, personal de seguridad y demás figuras responsable de mi relación simbiótica con el resto del entramado social me advertían que se me iba a caer el pelo, nunca pensé que ese vaticinio gozaría de una gran literalidad, además de su función alegórica. Hoy, aunque calvo, sigo sin ser receptivo a exhortaciones que no sean compatibles con mi credo egoteista, hedofílico y dipsomaníaco del zumo de lupus.
Soy tremendamente incompatible con bienandaza, la suerte y la fortuna y más proclive a saborear las consecuencias que sus antónimos suscitan.
Por eso no me invadió la extrañeza cuando oí el click de las ametralladoras amartillándose a escaso centímetros de mi cabeza y por ende del resto de mi organismo.
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