Un crecimiento del PIB de un 3,7% semestral, en tiempos de zozobra internacional es, en sí, una buena noticia y todo aquel residente en nuestro país debería alegrarse. Al menos a corto plazo. Pero no podemos permitir que la luz de esta fiesta cortoplacista nos ciegue la visión del horizonte futuro. Lo advertía el diario "El País" esta misma semana y lo vuelve a hacer hoy, entre aplausos y vítores a la política gubernamental. A largo plazo, el déficit de la balanza comercial que produce la falta de competitividad de nuestros productos, debida tanto a una inflación difícilmente sostenible en cifras superiores al PIB como a la falta de aplicación de nuevas tecnologías en el sector industrial, hará demasiada honda mella en una economía nacional que debe internacionalizarse y liberalizarse más. Haber seguido la senda de Rato fue un acierto, por parte de Zapatero, qué duda cabe. Pero creo que Rato, a estas alturas, habría cogido el toro de la productividad por los cuernos.
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Un día después de mi reflexión acerca del grave error que supone no estar dedicando todo el esfuerzo a reformar nuestra economía a través de la Investigación y la búsqueda de nuevos mercados internacionales, así como la liberalización definitiva de los todavía sectores intervenidos, el diario El País, utilizando la técnica shakespeariana de "Bruto es un hombre honrado, pero...", advierte a Zapatero de que lo que está viviendo (yo diría: "para variar") es un sueño de verano, el veranillo de San Martín, que tiene, indefectiblemente, fecha de caducidad. Transcribo su editorial:
Los últimos indicadores disponibles confirman el dinamismo de la economía española. Es un proceso de crecimiento inusualmente dilatado y no menos diferenciado del experimentado por las de nuestro más inmediato entorno. A pesar de la atonía que hasta hace poco han mantenido las principales economías de la eurozona, la española sigue creciendo por encima del 3,5% y creando empleo a un ritmo sin precedentes. Las buenas noticias se completan con la manifestación en Alemania y Francia de señales inequívocamente expresivas de recuperación. Si se mantuvieran en los próximos meses, el relevo en la composición del crecimiento español, a favor de un menor drenaje del muy abultado déficit exterior, aportaría cierta garantía de sostenibilidad de la expansión. Confiar, sin embargo, en el automatismo de ese relevo sería un error.
El crecimiento de Europa puede favorecer el aumento de las exportaciones de bienes y servicios españoles, como en cierta medida hemos observado recientemente, pero debe tenerse muy en cuenta que el déficit por cuenta corriente español, de los más amplios en términos absolutos y relativos del mundo, no es sólo el reflejo de la debilidad de la demanda de nuestros principales socios, sino también de la inadecuación de nuestra oferta. De la insuficiente competitividad de lo que producen las empresas españolas, lastrada por un diferencial de inflación excesivamente elevado.
El crecimiento español sigue amparado en una demanda de consumo elevada, en cierta medida satisfecha externamente, y en el crecimiento de la industria de la construcción, poco intensiva en conocimiento y determinante en gran medida de un endeudamiento de las familias muy elevado. El sector turístico, como hemos visto en los indicadores últimos, genera ingresos netos a un ritmo inferior al que tienen lugar las visitas de extranjeros, muy insuficientes, en todo caso, para compensar el creciente déficit comercial. El diagnóstico no es nuevo, como no lo son las terapias aconsejables para garantizar un mayor equilibrio. Nuestra economía es demasiado vulnerable a nuevas subidas en los tipos de interés y a una no descartable reversión en el sector inmobiliario. Es preciso fortalecer aquellas dotaciones de capital, tecnológico y humano, esencialmente, que se encuentran en la base del éxito de las economías más competitivas y prósperas.
Los Gobiernos, especialmente los de países con un peso decreciente del gasto público, no pueden por sí solos garantizar mutaciones tales en el patrón de crecimiento de sus economías, pero sí favorecer con incentivos concretos -reformas de los mercados y de las propias administraciones públicas e inversión pública- la modernización económica. No hacerlo con la suficiente dedicación, cuando las cosas van bien y las finanzas públicas son las más saneadas de Europa, sería menos comprensible que esperar a recibir los avisos de la desaceleración. El nuevo curso político debería ser el del impulso a la modernización económica de España.
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A menudo existe un cierto contraste entre la teoría y la experiencia, entre datos y percepciones directas. Si cada uno de estos pilares básicos de la cultura humana no se ve complementado con el otro, sobre uno pueden recaer inintencionadamente prejuicios que simplifican la formación de sus ideas. Cuando se produce finalmente el contraste, las dudas asaltan y el estado de confusión es mayor, aunque quizá más aproximado a la realidad. Es lo que ocurre cuando uno se acerca físicamente a la India luego de haber leído un poquito. Profundizar sobre el país o el subcontinente indio es muy complicado. Pese a un inicial pero incesante zigzag entre la observación de su pluralidad y, a su vez, su monotonía aparente, lo cierto es que uno finalmente concluye que existen muchas Indias geográfica, cultural y socialmente hablando. Su enigma consustancial, antonomástico podría decirse, desaparece de alguna forma en el contraste con la realidad y rápidamente es sustituido por toda suerte de concretas incógnitas que el viajero se hace al respecto del país subcontinente, al tiempo que un estado de sobrecogimiento permanente invade su ser.
Quizá lo primero que llama la atención es que en la faz de muchas de sus gentes se intuye algo más que la serenidad hinduista de la que sus embajadores políticos y literarios hacen gala. Se adivina tensión, estado de necesidad e incertidumbre por el inmediato futuro, es decir, por el día siguiente. Es lógico por otra parte, pues el 28,60% de la población vive en o por debajo del umbral de pobreza determinado por las Naciones Unidas y menos del 3% de los hogares indios tienen unos ingresos de más de 2.500 dólares anuales.
La democracia existe, pero la tradición hinduista y la influencia islámica que recae sobre ésta, impiden que opere con normalidad, especialmente en el mundo rural, que supone el 70% de la población. Esta tradición clasista y neofeudal es reaccionaria a todo cambio y obtura el desarrollo de los progresos sociales legalmente establecidos. Aunque no falto de tensión, el hinduismo proporciona a sus gentes la dosis suficiente de fatalismo o predeterminación, de resignación con lo que en esta vida les ha sido dado, para que el ánimo de incorformismo no incube revueltas sociales. Dichas revueltas llegarán más fácilmente a través de la amenaza a la unidad nacional, producida por el choque de civilizaciones huntingtoniano entre un Islam imperialista e invasor y un hinduismo resignado y también de un Sijismo de clase o casta que alberga un nacionalismo radical.
La falta de infraestructuras básicas, la terrible insalubridad y la anafabetización anulan los efectos prácticos a corto plazo del crecimiento del 8% conseguido durante los tres últimos años. Tan sólo el 4% paga impuestos directos, lo que explica cómo se encuentra de dividida la sociedad y cuánto falta para que adquiera estándares de progreso occidentales.
India necesita seguir creciendo para no seguir sufriendo. Sólo cuando se produzca y se cree riqueza se podrá superar el problema estructural. Y para ello es necesario concentrar las energías en una apuesta firme por la globalización -tal y cómo uno de sus máximos exponentes de reconocido prestigio mundial, Jagdish Bhagwati, defiende- y en la liberalización de su todavía intervenida economía, disuadiendo a través de la ley y del Estado de Derecho toda idea que amenace su libertad y su unidad. No cuentan con poco los indios, pues muchos países hoy todavía luchan por conseguir el reconocimiento de los derechos fundamentales del indivuduo. Pero es necesaria esa determinación que sus costumbres no recogen. A tenor del discurso ofrecido por el primer ministro el día de la celebración de la independencia, el 15 de agosto, el gobierno actual tiene la determinación e incluso el apoyo de la oposición para llevar a cabo medidas excepcionales con respecto al terrorismo islámico y secesionista. No sé si también lo tiene para prepararse para la globalización y la liberalización de su economía. Ojalá que sí.
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Leo de varios blogs (e-me, la coctelera) :
"Más del 80% de la población mundial nunca ha escuchado un tono de marcado telefónico, mucho menos ha navegado en Internet. La brecha digital entre los que tienen y no tienen acceso a las tecnologías de información continua creciendo. De acuerdo con el Reporte del Desarrollo Humano de la ONU (2001), los países industrializados, con sólo el 15% de la población mundial, constituyen el 88% de todos los usuarios de Internet del planeta. Menos del 1% de la población de Asia del sur tiene acceso a la Red, sin embargo ellos conforman un quinto de la población mundial. La situación es incluso peor en África, allí hay sólo un millón de usuarios en todo el continente, mientras que en Inglaterra hay 10,5 millones de cibernautas...".
El informe es de Mr Koïchiro Matsuura, Director General de la UNESCO. No tiene desperdicio y es muy breve.
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El de las autoridades sudanesas que al borde del abismo han decidido dar un paso al frente y expulsar al Consejo Noruego de Refugiados (NRC) de la región de Darfur donde la organización noruega coordinaba con ejemplar eficacia el mayor campamento de desplazados. En concreto el campo de Kalma, donde viven unas 90.000 personas.
(Además las noticias que llegan del Chad son muy preocupantes y ahondan en la degeneración de la crísis política y humana de la zona. También de la complicidad militar, política y económica de un país europeo frente a cuyas embajadas nadie va a protestar)
Y el desafío nuclear iraní, ante el que la comunidad internacional no debería titubear.
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Me cuentan los cariotas que el gobierno laico de Mubarak controla al Iman Supremo de Egipto con su nombramiento y financiacion (perdon por los acentos). Y que el caracter laico moderado del sistema se refleja en el 18 por ciento de cristianos ortodoxos que existen en el pais. Lo cierto es que hay bastantes iglesias ortodoxas en El cairo. Comparado con otras ciudades musulmanas (arabicas o iranicas), no veo excesivo fanatismo en la ciudad. Aqui parece importar mas la superacion material al caos que la preside y que es provocado por la efervescencia de 18 millones de personas.
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El gobierno de Sudán ha impedido la entrada en la región occidental de Darfur del coordinador de ayuda humanitaria de la ONU, Jan Egeland, alegando una fiesta religiosa y su origen escandinavo en referencia a la crisis de las viñetas. Precisamente, los mismos argumentos que utilizó el gobierno genocida de Sudán para no dar la bienvenida a la ministra sueca de Asuntos Exteriores que pretendía visitar la región.
Y es que más allá del componente, siempre presente, de la sinrazón religiosa, en la que es sin duda la peor crisis humanitaria del planeta, nos enfrentamos en las últimas horas a noticias, no destacadas, por cierto, en grandes titulares por los medios de comunicación, que hablan de una acentuación del drama que vive desde hace tres años Darfur.
Darfur, aquí al menos, saldrá, y mucho, en titulares.
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En agosto de 2004 Amnistía Internacional (AI) hizo público un informe sobre la situación de las mujeres y niñas en Sudán en el que denunciaba que estas son sometidas a violencia sexual generalizada por parte de la terrible milicia de los janjawid. Los testimonios recogidos señalan que los janjawid cantan mientras violan a las mujeres, diciéndoles que “son sólo esclavas y pueden hacer con ellas lo que quieran”.
El horror no parece tener fin. Más de 200.000 civiles han sido asesinados y más de dos millones de personas han abandonado sus casas, mientras que las correrías de las milicias janjawid sustentadas por el gobierno de Khartoum, arrecian sobre el territorio, quemando aldeas, violando a mujeres y niñas, destruyendo pozos de agua y cultivos, confiscando ganado.
Dicen que la distancia es el olvido.
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