Apoyo a Albert Rivera
22.09.07 @ 20:26:48. Archivado en Liberalismo, Actualidad
La evidencia de que todo esfuerzo por luchar a favor de la libertad es insuficiente, y que, por lo tanto, cualquier intento de concitar voluntades en ese sentido debe ser recibido con ilusión, esperanza y optimismo, lo tenemos en el último episodio liberticida del nacionalismo radical catalán. Si a Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, se le amenaza de muerte para que abandone la política, es, precisamente, porque la ideología hegemónica catalana ve peligrar su situación con las acciones de aquellos que no están de acuerdo con la connotación fascista de un proyecto holístico de sociedad dominado por sus propios diseñadores. Si necesario resulta el programa del Partido Popular para combatir este atavismo neo feudal, igual –por su mayor grado de profundidad- se hace el proyecto Ciudadano. Por eso, cualquier intento de sofocar el fuego fatídico nacionalista debe encontrar en el resto de participantes de la contienda política una invitación a unirse al camino trazado anteriormente y aunar esfuerzos. España necesita enfrentarse a quienes no estén dispuestos a asumir en plenitud las libertades ciudadanas, desde la libertad de hablar en nuestro propio idioma a la de expresar la necesidad de una reforma política que instaure el presidencialismo, la separación de poderes y el principio representativo sobre la base de la soberanía popular, pasando por todo tipo de libertades de conciencia y mercado. Y lo necesita no sólo por una cuestión moral y de amor propio, sino por su propia supervivencia como sociedad libre. Hoy, todo español que mantenga su individualidad por encima del colectivismo alienizador del yo, del totalitarismo identitario, del reaccionarismo radical nacionalista, debería mostrar su apoyo a Albert Rivera eligiendo el modo de expresarlo que más desee.
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Y mi total denuncia por el des-apoyo real (el formal no convence cuando está en peligro una vida)por parte de Zp, su gobierno y su partido.
Pablo el herrero
Quizás el ciudadano común considere que el sobrehumano esfuerzo de bajar a apretar el botón no merece unos emolumentos tan pingües como los que sus señorías perciben.
Ahora bien, si se tiene en cuenta la durísima agenda social que tienen que soportar en razón de su cargo, las cosas cambian.Otra cosa es que haya recalcitrantes ciudadanos que no estén dispuestos a costear con sus impuestos la agitada vida social que abnegadamente afrontan sus señorías para mejor defender nuestros intereses.
Pero, si hay alguien que no esté de acuerdo, para eso se han inventado las urnas. ¿O es que no vivimos en una democra...
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Lorenzo Abadía
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