El fenómeno político de la abstención
30.05.07 @ 20:49:52. Archivado en Reforma política
El Partido Popular ha ganado las elecciones por un estrecho margen. El resultado no ha sido homogéneo. Mientras en unos municipios y Comunidades Autónomas ha cosechado nuevos éxitos o repetido victorias anteriores, en otros ha pinchado, no ha crecido lo suficiente o incluso ha subido solamente para volver a la triste normalidad de la que se había alejado en 2003.
Pero al margen de este importante dato que deseablemente encarame a Rajoy a la pole position de la carrera electoral del próximo marzo, lo cual sería la primera fase de cuantas acciones políticas necesarias habría que realizar en España, una de las cuestiones más características de estos comicios ha sido, para mí, el fenómeno de la abstención. De manera recurrente, la zafiedad informativa y el interés dirigente sitúan este derecho político en el plano de los deberes cívicos, lo que no deja de ser una entelequia, pues, al igual que en contabilidad, todo aquello que se ubica en el haber, es imposible que se encuentre al mismo tiempo en el debe. Si tenemos un derecho, es imposible que dicha potestad nos genere una obligación, porque en dicho caso cesaría tal condición. El nerviosismo es lógico; si un día la abstención superara el 60%, el sistema quedaría deslegitimado y se hundiría irreversiblemente.
Por este motivo se pretende solapar la marginal desiria sobre la política con el hastío por un sistema que parece que no funciona tan bien como sería deseable. Existen muchas personas que no votan porque creen que este sistema no genera representación real y porque constatan que los partidos minoritarios se han convertido, tanto en el ámbito nacional como en el local, en los auténticos árbitros de una situación legal para la que no están legítimamente designados como administradores. Ese sector laocrático de la sociedad, hoy más de un tercio, no acude a las urnas por una cuestión que probablemente aluda a la responsabilidad política, no por motivos que inducen (nos inducen, desde los medios de comunicación social) a pensar lo contrario. No confían en un régimen que sistematiza el bisagrismo, el mercadeo y el presupuesto del maxi-min obtenido de la matemática teoría de juegos, pero acudirían a las urnas si el sistema les hiciera verdaderamente protagonistas de la causa para la que se les convoca.
Afortunadamente, empieza a haber políticos y medios de comunicación que proponen una reforma de nuestro sistema político. Todavía son pocos y sus propuestas parecen tímidas, pero es una buena noticia que se empiece a plantear, pues ésta es la auténtica clave de bóveda de las soluciones que necesita la sociedad española si pretende conquistar, además de las libertades civiles, la libertad política.
Lorenzo Abadía
autor
Contacto







