Reforma radical de la constitución
29.10.06 @ 12:16:08. Archivado en Reforma política
Los últimos hechos acontecidos en el País Vasco en torno al supuesto pacto en cuya virtud se instauraría un régimen de soberanía compartida y del que algunos medios de comunicación se han hecho eco, denotan la gravedad de la situación de nuestra existencia colectiva. Un país cuyos miembros se reconocen a sí mismos como naciones, nacionalidades y realidades nacionales, que buscan en sus remotos orígenes, su sangre y literatura el más mínimo germen de particularismo para reivindicar tiempos mejores de autonomía o aspiraciones soberanistas, no puede sostenerse, si dicha tendencia no se invierte.
El problema es que aquí, en España está ocurriendo lo contrario; la tendencia, lejos de invertirse, cada vez se incrementa más, como no puede ser de otra forma, tal y como ya apuntamos los que creemos conocer un poco la ideología nacionalista y su bastardo oportunismo político.
Sin frenos, el nacionalismo pretenderá siempre crear un Estado político allá donde crea (o le interese creer) que existe una nación cultural. El fruto del triunfo del oportunismo nacionalista y regionalista para la clase gobernante es tan grande, que en este país universal se ha hecho nacionalista todo aquel que ha intuido que es más fácil convencer a la ciudadanía con criterios pasionales -tan neofeudales como postmodernos (bandera, lengua, RH, religión, localismo- que hacerlo con planteamientos racionales y cosmopolitas (libertad, justicia, Estado de derecho, democracia, etc.).
No hay marcha atrás, ni tampoco hay solución que no parta de un planteamiento radical, que vaya a la raíz del problema. Y la raíz está en nuestra constitución. O se reforma, o España dejará de existir. Es algo evidente si se tiene en cuenta de dónde se partía y hasta dónde hemos llegado. Ha sido suficiente que un inmaduro sin cultura ni escrúpulos llegara al poder para acelerar lo que era un proceso, por otra parte irreversible. Nuestra constitución no sirve para garantizarnos la libertad, la legalidad y la unidad y ya es hora de que nos demos cuenta. Y no sirve porque no tiene frenos. Bajo sus preceptos, aunque algunos se hayan incumplido, estamos acostumbrados a que el gobierno de nuestra nación dependa de quienes abominan de ella. ¿Cómo es eso posible? Los principios fundamentales de la democracia formal se hacen hoy absolutamente imprescindibles, empezando por el presidencialismo. No sé cómo puede o cómo no puede afectar a la forma de la jefatura del Estado. Estoy hablando de algo mucho más importante para mí. Mi país. Abogo por una reforma constitucional que modifique la ley electoral a favor del sistema mayoritario uninominal para el Congreso y el Senado y que implante un sistema presidencialista de elección directa del presidente del gobierno para un sólo mandato de 5 años. Y por supuesto, un sistema de división total de poderes, que permita la elección del Poder Judicial por la propia judicatura de acuerdo a elecciones democráticas en sus órganos, sin interferencia política alguna, incluido la fiscalía.
Abogo por el más libre sistema de libertad de expresión, sin limitaciones en las concesiones de licencias televisivas, de radio y cualquier otro medio de ningún tipo salvo las que puedan demostrarse técnicamente, es decir, científicamente.
Sin libertades civiles y políticas no iremos juntos. Y hoy no tenemos libertad para estar juntos, porque no existen frenos al oportunismo. Está demostrado. Ojalá que algo tan evidente como esto sea compartido por más personas de centro, izquierda y derecha. No es un cuestión de ideología de clase. Es una cuestión de libertad política. Nada más. O se está con la libertad política o se está contra ella. Y en España, hoy, no hay libertad política.
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Lorenzo Abadía
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