
Promover la igualdad de oportunidades es un deber público. Todo gobierno democrático ha de situar su proa en ese sentido. El sexo femenino ha sufrido discriminaciones en casi todos los ámbitos de la vida y al igual que sucedió con las razas, constituye un despropósito social que una parte fundamental de la ciudadanía vea limitadas sus posibilidades de proyección sociales y personales por una cuestión de sexo.
Ahora bien, no sé si al colectivo femenino, que se sabe tan inteligente o más, tan capacitado o más que el masculino, le sentará bien una ley que en vez de crear oportunidades impone situaciones de hecho no surgidas precisamente de la igualdad a la que aspiran. Entiendo que hay situaciones y situaciones, y que en algunos casos la necesidad de mejorar el plano en el que se sitúan las relaciones entre mujeres y hombres es tan perentoria, por ejemplo en lo que se refiere a los malos tratos, que deternerse en la contemplación de la falta de dignidad que confiere la ley al colectivo que pretender defender, cuando lo que está en juego, desgraciadamente, es mucho más que eso, no tiene sentido prácico ni moral. Pero, desde luego que sí lo tiene para otros casos, como puede ser la obligatoriedad de incluir un porcentaje de mujeres en en los consejos de administración de las sociedades mercantiles y en las listas electorales. Por este procedimiento, todo colectivo que se siente marginado de la mayoría tendría el mismo derecho, en función de su número a solicitar otra cuota. La verdadera democracia ya se encarga de promover la igualdad de oportunidades, porque está en su esencia representar a la ciudadanía. A estos efectos sería más conveniente, por ésta y por muchas razones, modificar la ley electoral para hacerla más representativa de la sociedad civil. Las verdaderas demócratas estarán indefectiblemente conmigo, por una cuestión de igualdad de oportunidades. La de haber podido conocer lo que define a la democracia y lo que no.
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Hoy volveremos a dedicar todas las energías del día a conocer cuál es el sentir del pueblo catalán con respecto a su intención de permanecer dentro del Estado español. Todo apunta a que se aprobará con mayoría una delicada situación de transitoria paridad, de trato entre iguales, hasta las próximas elecciones catalanas, momento en que este Estatuto se transformará en insuficiente para colmar las ambiciones nacionalistas de todos los partidos excepto uno. O, ¿Acaso alguien puede creer que el Estatuto catalán va a quedar así, como está o como estará en unas horas? ¿Qué dirá CiU en las próximas elecciones? ¿Qué ellos no quieren, como ERC, una mayor “autonomía” para su pueblo? ¿Qué no les interesa profundizar más en el hecho diferencial catalán, para brindar a los republicanos la oportunidad de demostrar a la ciudadanía que más pronto o más tarde se iba a reflejar el pacto de la burguesía catalana con el españolismo, como siempre ha sido? No, eso no ocurrirá. CiU argumentará que gracias a ella tienen un Estatuto que no podían imaginarse de ninguna manera hace dos años y que supone un gran hito que había que consumar con la aplicación de una cierta dosis de pragmatismo (oportunismo), pero que, por supuesto, una vez alcanzado ese hito, hay que seguir avanzando hacia mayores cotas de autonomía que verifiquen el hecho diferencial. Todo el país, quiero decir España, dedicará su tiempo a este aspecto.
Trascurridos unos días, volveremos al País vasco. A dedicar todas nuestras energías al otro gran hecho diferencial, aquí, con pistolas incluidas. Rodríguez Zapatero dedicará todas sus fuerzas a hacernos tragar, con “prisa”, la idea de que esta oportunidad de alcanzar la paz no la volveremos a tener jamás (eso piensa ETA con respecto a la independencia) y que tenemos la obligación moral de explorar hasta la última de las oportunidades que a tal fin se nos presenten, incluso, por supuesto, si dichas oportunidades suponen pasar por encima de la legalidad y, sobre todo, hacer concesiones de índole político al movimiento que amenaza con volver a matar. Todo el país, quiero decir España, dedicará su tiempo a este asunto.
Y yo me pregunto: ¿Cómo hablar en un momento así, de regeneración política? A nadie le interesa el por qué de esta situación. Nadie quiere pararse a pensar de qué polvos vienen estos lodos, qué es lo que hicimos mal en la Transición para que España pueda llegar a desintegrase sin que nada haya saltado por los aires de manera espectacular. ¿Qué le ocurre a nuestro sistema político, tan modélico en otras latitudes, para que la irresponsabilidad de un presidente del gobierno de España pueda, ella solita, cargarse el propio concepto de España, sin que los españoles realmente lo quieran? Hoy no se tendría que hablar, políticamente, más que de cómo se cambia esto para que esto no se pueda volver a cambiar, salvo con un apoyo absolutamente mayoritario del pueblo manifestado en libertad. Lo tenemos claro….
Pero, además, la política territorial ha fagocitado el resto del debate. ¿Cómo vamos preocuparnos por nuestra salud económica y social si estamos poniendo en tela de juicio la entidad de nuestro cuerpo político? La pérdida de competitividad de nuestros productos, el déficit de nuestra balanza comercial, el crecimiento de las tensiones inflacionistas, el problema del precio de las viviendas y la supeditación de las hipotecas a unos tipos de interés que de haber tenido España una política monetaria soberana ya estarían en el 5%, pero que en todo caso el Banco Central Europeo seguirá subiendo, la falta de inversión en I+D+i, el olvido absoluto de la apuesta por la sociedad del conocimiento, de la brecha digital, de la liberalización de los todavía intervenidos sectores de nuestra economía, etc, son cosas que no van ni con este gobierno ni con el imperio mediático que lo mantiene. Es más, cada vez está más claro que la política de inmigración se ha aplicado con la intención de que sirva como efecto ralentizador de los efectos de una economía que va a la deriva.
¿Cómo es posible de que no nos estemos dando cuenta de lo que está ocurriendo en este país? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que las clases urbanas, los profesionales liberales y la juventud universitaria no reaccionen ante un tripulante que demuestra día tras día que su único objetivo es permanecer en el timón, aun a costa de perder parte de la nave, de bombardear su línea de flotación, de permitir que se suba cualquiera y de cualquier forma y de adentrarse en la mar en plena tormenta con la sola ayuda de corsarios y tiranos?
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11.06.06 @ 19:31:49. Archivado en Actualidad
La agresión sufrida por Arcadi Espada y el movimiento Ciutadans no es sino la triste evidencia de lo que ocurre en aquellos lugares donde el nacionalismo conquista la hegemonía política. A nadie que haya leído más de diez páginas sobre nacionalismo se le escapa el hecho de que, en su conquista, la conquista de un Estado para “su” nación, no reparan en gastos, sean éstos de índole económica (para eso está el Estado del que quieren separarse) o moral (la propaganda goebbelsiana es la base de su política de comunicación). No hay más que averiguar cuáles son las fuentes últimas de las que se nutre informativamente la población en el País vasco y Cataluña para comprender por qué (intereses bastardos de poder) y cómo (el presupuesto público autonómico) el nacionalismo ostenta la hegemonía política y cultural de las sociedades vasca y catalana.
En estas circunstancias, hablar de libertad de expresión es irrisorio. Lo demostraron los mayores con el CAC, utilizando el pretexto de que lo expresado por algún medio de comunicación español lastimaba los intereses de Cataluña. Y lo vuelven a demostrar sus juventudes en el acto público de un catalán de pro, un escritor, un hombre de mundo y cultura, como es Arcadi Espada, cuyo flagrante delito es tener una idea distinta de la de los bárbaros que utilizan el presupuesto para increparle. Por cierto, esa idea, además de distinta, es curiosamente, constitucional, es decir, democraticamente legítima, es decir, legal.
Creo que la próxima reunión de los firmantes de la Declaración por la Libertad de Expresión Digital debería ser en Barcelona como acto de solidaridad con aquellos que, antes de emprender su camino hacia la libertad política, tienen que comenzar luchando por la libertad de expresión.
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El presidente del gobierno ha mentido a todo el país, incluidos por supuesto a sus votantes. En otros lares más aferrados al compromiso con la verdad, esto le habría costado una moción de censura por parte de su mismo grupo parlamentario o incluso un intento de impeachment por prevaricación. Si se le tendía la mano desde posiciones abiertas para que intentara cerrar un ciclo de 40 años de violencia –a sabiendas de que no lo iba a conseguir sin inaceptables concesiones políticas- no era, por supuesto, para que se volviera a pasar la ley por donde quisiera y sentara a Batasuna en una mesa que legitimase políticamente lo que es inaceptable legalmente. No le importa la ley a Zapatero. Si el Estatuto de Cataluña es inconstitucional, le da lo mismo. Busca una forma alegal (o ilegal, ya veremos) para sortearla a través de la perversión del lenguaje. Si ayer dijo que no habría paz por política, hoy dice que no convoca a la ilegalizada Batasuna para negociar, sólo para hablar….
El pacto con Batasuna beneficia al PSE y el PNV se queda con dos palmos de narices y su Plan Ibarrexte en la mano, con la consiguiente radicalización en el seno de sus filas, que tan poco beneficiará a la unidad de España. – “Si los que matan se sientan a negociar con luz y taquígrafos sin tener que renunciar a nada, ni condenar ninguna acción sangrienta anterior, ¿qué tendremos que hacer nosotros?” Se preguntarán.
Es obvio que se ha producido la primera concesión política, la legalización tácita de Batasuna. Ya no queda más por tanto que negar el apoyo a este gobierno que miente y traiciona todo cuanto necesita con el fin de perpetuarse en este proceso de deconstrucción de España y por tanto de nuestra democracia.
No podemos permitirnos tener ningún presidente más de esta naturaleza. Este hombre está poniendo en juego nuestra estabilidad y arriesgando nuestra unidad. Nadie le pidió transformar el sistema político que rompe con España, nadie imaginó que este sería el designio. Este hombre llega accidentalmente al poder (espero seguir pudiendo afirmar esto por siempre jamás) porque un porcentaje importante de españoles tuvieron miedo a las represalias del islamismo. Llega prometiendo paz y concordia, a través del talante democrático, que exige el cumpliento escrupuloso de la ley. Y la traiciona tantas veces como le interesa electoralmente, convirtiendo al cuerpo legislativo ordinario del Estado en unas Cortes constituyentes ilegítimas por doble vía, porque jamás fueron convocadas a tal fin y porque ni siquiera, una vez constituidas, están siguiendo el procedimiento reglado de reforma constitucional.
Cada vez está más claro que es necesario una reforma constitucional, pero no para dar forma legal a los cambios ilegales de Zapatero, sino para dejar de una vez por todas el sistema político en el que vivimos los españoles, que está basado en la responsabilidad de los gobernantes. Es necesario un cambio hacia un sistema garantista del poder, que avance hacia la libertad política plena. Y eso sólo es posible con una Constitución que garantice la unidad de España y la división de poderes democráticos y representativos. A mi juicio, es la única solución.
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