Un cambio de rumbo
18.06.06 @ 11:09:53. Archivado en Reforma política, Actualidad
Hoy volveremos a dedicar todas las energías del día a conocer cuál es el sentir del pueblo catalán con respecto a su intención de permanecer dentro del Estado español. Todo apunta a que se aprobará con mayoría una delicada situación de transitoria paridad, de trato entre iguales, hasta las próximas elecciones catalanas, momento en que este Estatuto se transformará en insuficiente para colmar las ambiciones nacionalistas de todos los partidos excepto uno. O, ¿Acaso alguien puede creer que el Estatuto catalán va a quedar así, como está o como estará en unas horas? ¿Qué dirá CiU en las próximas elecciones? ¿Qué ellos no quieren, como ERC, una mayor “autonomía” para su pueblo? ¿Qué no les interesa profundizar más en el hecho diferencial catalán, para brindar a los republicanos la oportunidad de demostrar a la ciudadanía que más pronto o más tarde se iba a reflejar el pacto de la burguesía catalana con el españolismo, como siempre ha sido? No, eso no ocurrirá. CiU argumentará que gracias a ella tienen un Estatuto que no podían imaginarse de ninguna manera hace dos años y que supone un gran hito que había que consumar con la aplicación de una cierta dosis de pragmatismo (oportunismo), pero que, por supuesto, una vez alcanzado ese hito, hay que seguir avanzando hacia mayores cotas de autonomía que verifiquen el hecho diferencial. Todo el país, quiero decir España, dedicará su tiempo a este aspecto.
Trascurridos unos días, volveremos al País vasco. A dedicar todas nuestras energías al otro gran hecho diferencial, aquí, con pistolas incluidas. Rodríguez Zapatero dedicará todas sus fuerzas a hacernos tragar, con “prisa”, la idea de que esta oportunidad de alcanzar la paz no la volveremos a tener jamás (eso piensa ETA con respecto a la independencia) y que tenemos la obligación moral de explorar hasta la última de las oportunidades que a tal fin se nos presenten, incluso, por supuesto, si dichas oportunidades suponen pasar por encima de la legalidad y, sobre todo, hacer concesiones de índole político al movimiento que amenaza con volver a matar. Todo el país, quiero decir España, dedicará su tiempo a este asunto.
Y yo me pregunto: ¿Cómo hablar en un momento así, de regeneración política? A nadie le interesa el por qué de esta situación. Nadie quiere pararse a pensar de qué polvos vienen estos lodos, qué es lo que hicimos mal en la Transición para que España pueda llegar a desintegrase sin que nada haya saltado por los aires de manera espectacular. ¿Qué le ocurre a nuestro sistema político, tan modélico en otras latitudes, para que la irresponsabilidad de un presidente del gobierno de España pueda, ella solita, cargarse el propio concepto de España, sin que los españoles realmente lo quieran? Hoy no se tendría que hablar, políticamente, más que de cómo se cambia esto para que esto no se pueda volver a cambiar, salvo con un apoyo absolutamente mayoritario del pueblo manifestado en libertad. Lo tenemos claro….
Pero, además, la política territorial ha fagocitado el resto del debate. ¿Cómo vamos preocuparnos por nuestra salud económica y social si estamos poniendo en tela de juicio la entidad de nuestro cuerpo político? La pérdida de competitividad de nuestros productos, el déficit de nuestra balanza comercial, el crecimiento de las tensiones inflacionistas, el problema del precio de las viviendas y la supeditación de las hipotecas a unos tipos de interés que de haber tenido España una política monetaria soberana ya estarían en el 5%, pero que en todo caso el Banco Central Europeo seguirá subiendo, la falta de inversión en I+D+i, el olvido absoluto de la apuesta por la sociedad del conocimiento, de la brecha digital, de la liberalización de los todavía intervenidos sectores de nuestra economía, etc, son cosas que no van ni con este gobierno ni con el imperio mediático que lo mantiene. Es más, cada vez está más claro que la política de inmigración se ha aplicado con la intención de que sirva como efecto ralentizador de los efectos de una economía que va a la deriva.
¿Cómo es posible de que no nos estemos dando cuenta de lo que está ocurriendo en este país? ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible que las clases urbanas, los profesionales liberales y la juventud universitaria no reaccionen ante un tripulante que demuestra día tras día que su único objetivo es permanecer en el timón, aun a costa de perder parte de la nave, de bombardear su línea de flotación, de permitir que se suba cualquiera y de cualquier forma y de adentrarse en la mar en plena tormenta con la sola ayuda de corsarios y tiranos?
Lorenzo Abadía
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