Negociaciones de Paz
28.05.06 @ 11:49:30. Archivado en Actualidad
No hay mucha salida en la negociación con ETA. En primer lugar porque no está demostrada su inquebrantable voluntad de deponer las armas, aunque esto sea discutido por sectores afines al gobierno. Para mí no es lo más importante, porque si sólo de eso se tratara, sería cuestión de buscar y provocar dicha renuncia (insisto, si ésta no fuera precedida de condiciones políticas), ponerla en cuarentena y colocar el sello de asunto resuelto en cuanto se hubiera podido verificar la promesa. En segundo lugar, el verdaderamente importante a mi juicio, porque lo que se pide a cambio de paz no se puede aceptar hoy. Quizá en otras muy distintas circunstancias, como apuntaba Pedro J. Ramírez la semana pasada, sí, pero dentro de 20 o de 30 años, con la particularidad de que esas circunstacias aludidas de libertad y concordia harían por definición saltar por los aires las intenciones políticas nacionalistas, dejando ver a las claras los intereses bastardos de poder que encierran y que el aparato opresor nacionalista no deja hoy entrever. Cómo vamos a afrontar una negociación, un pacto (da naúseas hablar de pactos con un grupo terrorista, como si tuviera la legitimidad de un Estado soberano) con ETA si sabemos de antemano que sus condiciones son inaceptables. Y esto está claro porque ni se puede convocar un referendum por la autodeterminación del País Vasco ni mucho menos hacer una interpretación extensiva a Navarra de los límites geopolíticos del término. Todo esto deja sin sentido una negociación.
Sin embargo, apunto por qué existen dos razones por las cuales creo que se debería dejar intentar a un gobierno obstinado en hacer de este pacto y de la aprobación anticonstitucional de muchos estatutos de autonomía su razón de ser política, su Leitmotiv existencial.
En primer lugar, porque siempre cabe la esperanza -infundada si se recurre a la experiencia y a la razón, pero mínimamente existente si se recurre a otros factores como el hastío etarra, la desesperación, el miedo a la vuelta de un gobierno fuerte y coherente con el Estado de Derecho- de que el entorno abertxale cambie la postura de los últimos cuarenta años, aun viviendo la época más dulce de al menos los últimos diez. Díficil y altamente improbable, pero no imposible.
En segundo lugar, porque la coartada para justificar el callejón sin salida en el que se ha metido el presidente del gobierno sería perfecta si éste se encuentra con una oposición radical a sentarse en torno a una mesa –estéril en sus futuros resultados, lo sabemos- para hablar de paz, sí de esa paz corrompida y maltratada por una parte de los interlocutores. Con un entorno mediático tan favorable, sería muy fácil argumentar que la paz no se consiguió porque una parte importante de la sociedad española no permitió abonar –ya lo sabemos, con la sangre de las víctimas- una improbable esperanza de paz, ni siquiera de conciliación. Creo que es el arma que necesita este hombre iluminado por el esencialismo más utópico que exista en la mente del más ingenuo de los idealistas. “Ya estaba conseguido, sólo faltaba el apoyo de todas las fuerzas políticas y la derecha falló” diría, pidiendo un apoyo absolutamente mayoritario en las próximas elecciones.
Por eso creo que es necesario advertir de todos los peligros en los que está incurriendo Rodríguez Zapatero, del callejón sin salida en el que pone a España, a su partido y a él mismo, advertir que no conseguirá nada de ETA que no sea a cambio de inaceptables concesiones jurídicas y políticas y que, en resumidas cuentas, nos está haciendo perder miserablemente el tiempo a los españoles en un asunto que es imposible de resolver de la forma planteada, cuando existen numerosos problemas en nuestra sociedad que dependen sólo de nosotros mismos y que están todavía sin resolver, como los efectos de la globalización, la competitividad, la igualdad de oportunidades, la regeneración política, la educación, etc., sin contar con el estudio de las posibles soluciones a la opresión nacionalista de la que traen causa los estatutos y el propio proceso de paz.
El próximo martes hay una buena ocasión para recordar a este iluminado sus errores, sus “brindis al sol” y su consustancial demagogia, su desinterés por todo lo que no sea objeto de luz y taquígrafos y también para vaticinarle un sonoro bofetón en la negociación con el grupo terrorista. Pero también para decirle que, sin hacer una sola concesión política de la que la historia pudiera hacernos cómplices, puede contar con el apoyo de los demócratas para iniciar un camino cuyo desastroso final todos vemos, en el que no vamos a colocar más trabas y trampas de las que por la naturaleza de su interlocutor se va a encontrar. Es simplemente una cuestión de estrategia para que sus tremendos altavoces mediáticos no culpen a los liberales y a los demócratas del tiro en la nuca política que va a recibir de quien sólo cambia sangre por independentzia.
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Lorenzo Abadía
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