
Aunque Wolff (Alabama, 1945) Premio Pen Faulner, y autor de "Vida de este chico", que fue llevada al cine con gran éxito, afirma a Efe que "no se puede enseñar a escribir", que se trata de "una cuestión de constante perseverancia, de ser pacientes y de muchas lectura".
"Y aunque el talento no se aprende, hay que trabajar, y si el éxito no llega, pues seguir y nunca compararse con los demás, ya que siempre habrá alguien primero", asegura este escritor, que vive en Palo Alto, California, lugar donde da clases de literatura creativa en la Universidad de Stanford, "Al principio se escribe por imitación para luego poder llegar a ser alguien original, pero la imitación es fundamental", añade.
"Vieja escuela", publicada por Alfaguara, hace referencia al colegio donde el narrador se curte como escritor, un lugar parecido aquel al que el propio Wolff acudió y en donde, con mezcla de ficción y realidad, reproduce los procesos que conducen al misterio de la creación literaria; el retrato de las amistades que surgían entre jóvenes aspirantes a escritores, la envidia y la competitividad que erosionaban las mismas.
Con tintes autobiográficos, el escritor da voz a un narrador que es un alumno del colegio elitista New Hampshire, a principios de los 60, cuyo único deseo es ser escritor. Todo ello en medio de la batalla electoral entre Nixón y Kennedy.
Pero, además, "Vieja escuela" es un homenaje a los profesores, a quienes Wolff dedica el libro.
"Los maestros en mi país, en los años 60, eran la autoridad, pero ahora en mi país la cultura ha cambiado y aunque quiero pensar que mis alumnos me respetan es distinto a los años anteriores", subraya el escritor, colaborador habitual de New Yorker y The Harper"s, entre otras revistas y periódicos.
Pero, por esta "Vieja escuela" pasan amigos del viejo profesor, que son autores consagrados y mitificados por los alumnos, como Hemingway, Robert Frost, William Goldien o Keruac, una incursión que convierte a la novela en un homenaje a los grandes autores.
"Mi novela es un intento de captar aquel mundo en miniatura, de entender los procesos que conducen al misterio de la creación literaria", explica el autor para quien "en los años 30, 40 y 50 Hemingway era un Dios, luego también fueron dioses Keruac o Alan Ginsberg, pero después las cosas han cambiado y puede que ahora mis alumnos estén más interesados por Carver. Aunque hoy creo no tenemos esas figuras colosales", matiza.
Tobias Wolff, que pasó cuatro años en la Guerra del Vietnam, dice que cuando habla de la política de su país le "deprime", y aunque no ve paralelismo entre la guerra del Vietnam y la de Irak, asegura que "es distinto pero el enfoque norteamericano al problema es similar.
Crean excusas ficticias para luego dejarlas de lado, hacen oídos sordos a los expertos y hablan de éxito con una ignorancia absoluta por el mundo".
Wolff, que formaba parte del club de nombres del llamado "realismo sucio", dice que este término es una invención de los medios de comunicación. "Se ha aplicado a muchos escritores, muchos de ellos sin nada en común, salvo la amistad, pero la naturaleza del realismo sucio es enfrentarse a la parte más oscura de la vida, más sombría, y eso es muy amplio", recalca este autor que participará en la Feria del Libro de Madrid, que se inaugura el próximo viernes.
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