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La venganza de la niña Rodicio
"ACABAR CON EL PERSONAJE" / Un año después de ser despedida de TVE, la reportera ataca sin piedad a sus colegas de profesión

La venganza de la niña Rodicio

Por Elena de Regoyos y Adrián Ramos
Martes, 24 de mayo 2005

"Con este libro no busco nada. No intento llegar a ningún sitio", escribe Ángela Rodicio en el prólogo de Acabar con el personaje. "Nunca he sentido, en toda mi vida, ni rencor, ni deseos de venganza."

A pesar de sus dulces palabras, Rodicio, que mañana miércoles presenta su libro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ha intentado vengarse y de qué forma.

Dice de su ex jefe Alfredo Urdaci, que tiene "un servilismo sin límites". A su ex cámara durante quince años José Luis Márquez, le llama Mastuerzo --"majadero"-- durante toda la obra. A Arturo Pérez Reverte lo tilda de "espía". A Fran Sevilla lo llama "farsante". A Jiménez Losantos lo equipara a "Goebbels" y así... hasta Aznar.

URDACI: "El ser más odiado"


Alfredo Urdaci.
Alfredo Urdaci.

El director de informativos es el ser más odiado en amplios estamentos sociales. Por una vez me alegro de estar con la mayoría. Aunque no le odie. Su grado de servilismo no conoce límites. (pág. 281)

Todos los periodistas acusamos el golpe [la muerte de Couso] con una fatiga general y mental, que llevaba a personalizar la guerra, algo de lo que siempre he huido por pudor profesional. En la conexión de la noche, tuve que responder a una de las habitualdes y tramposas preguntas retóricas de Urdaci:
--Buenas noches, Ángela... ¿No sabíais los periodistas, porque os lo había hecho llegar el ministro de Defensa, Federico Trillo, que el Palestina se hallaba entre los objetivos militares de la ofensiva aliada?
--Buenas noches a todos... (--Siempre subrayaba lo de todos, porque sí podía pasar gramatical e intelectualmente de él--) (...)

Meses después, Miguel Ángel Moratinos y Javier Solana (...) me describían la cara de horror de Urdaci aquella noche. Entonces comencé a pensar que, definitivamente, tenía los días contados, Sobre todo, porque ni mi jefe directo, el sin labios, light, ni el mismo Urdaci, habían tenido ya no la deferencia, sino el detalle formal, de mencionar para nada mi labor durante aquellos meses; como si no hubiera existido, ni la guerra, ni yo misma. (pág. 106)

"Estás cesada"

18 de diciembre de 2003. Me hallo en Hebrón para filmar las actividades de restauración del casco viejo. (...) Entonces recibí la llamada. Mi "viaje", también estaba a punto de terminar.
--Dicen en Madrid que tienes que presentarte el jefe de informativos mañana mismo por la mañana.
No podía entender tanta celeridad. (...) Entre medias Urdaci me había llamado.
--¿Cómo llevas el programa? Es muy importante que quede bien. Mañana nos vemos. ¿A qué hora llegas?
Era la segunda llamada de Urdaci en años. (...) No puedo estar en el despacho de Urdaci antes de las cuatro y media de la tarde. (...) No hace falta ser muy intuitiva. Es el acto final de una tragedia anunciada desde mucho tiempo atrás. Ahora está a punto de consumarse.  (...)
Urdaci, un joven prematuramente viejo, me acerca una hoja en la que hay una relación de gastos realizados con la tarjeta Visa de la empresa en Roma, el pasado mes de octubre. (...)
--Entréganos tu pasaporte y la tarjeta Visa de la empresa; no regreses a Israel. Firma este documento.
El documento, una página, está redactado en inglés. (...)
--¿Qué es esto? --me atrevo a preguntar. Las miradas de los tres [Urdaci, la jefa de personal y el director económico-financiero] reflejan una cierta preocupación que ahora interpreto como temor a que no accediera a sus deseos.
--Más te vale firmar. --Urdaci se dirige a ellos como si aquello estuviera totalmente bajo su control. (...)
Decido firmar pensando que me parece perfecto que Inmaculada [Inmaculada Pérez Minocci, administradora encargada de auditar ls cuentas de TVE en Israel] vuelva a comprobarlo todo una vez más.
--Estás cesada. --Apenas le paso el papel con mi firma estampada con un rotulador precario que se halla sobre la mesa, Urdaci pronuncia el veredicto, con tono triunfal. Se me niega el derecho, fundamental para cualquier trabajador, de disponer de una copia del documento.  (págs. 174 a 177)

Los abogados [José Manuel Gómez Benítez y su hermana Alicia, laboralista] piden por la vía judicial el "documento" que firmé en el despacho de Urdaci. Nunca lo entregarán. (pág. 279)

Cada vez que salgo de casa [en Jerusalén], me hago la loca pero veo que un coche blanco --Fiat, para continuar la tradición-- me sigue. (...) Regreso a mi casa el día de Nochebuena sobre las once de la noche. Unos segundos después de haber cerrado la puerta a mis espaldas, el ruso del Fiat la aporrea gritando mi nombre. (...) Es muy tarde. Es Nochebuena. Estoy sola. No abro. A la mañana siguiente el ruso con la cazadora tres cuartos de piel negra vuelve a las andadas. Llamo al cónsul. Pienso que, al menos, puedo tener un testigo. Responde a mi llamada y viene pero, para entonces, el ruso se ha ido. No sin antes dejar pegada a mi puerta al nivel de la calle una hoja, el estilo de un "bando". Es una nota de la empresa donde se me comunica, después de una semana de acoso y derribo, ¡mi cese! (pág. 192)

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