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Pancracio Celdrán Gomariz: "Recomiendo a los políticos españoles este libro para saber insultar con propiedad"

12.06.08 | 18:15. Archivado en Novedades
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Parece que el insulto es consustancial a la especie humana.

El hombre no suele emplear términos medios cuando se trata de enjuiciar las cosas que le atañen. Su corazón es extremado y pendular a cuyo servicio hay un arma principal: la palabra. Quien se pare a pensar entenderá pronto por qué el adjetivo es la parte de la oración gramatical que más nos compromete: dice lo que pensamos, queremos, creemos, esperamos, amamos, odiamos.

El adjetivo es producto de un examen personal cuya sentencia toma forma de insulto o de elogio. Decimos que fulano es bueno o malo; mengano, guapo o feo; zutano leal o traidor; perengano, listo o tonto; y la vida es una maravilla o una porquería. El adjetivo es la forma lingüística que poseemos para expresar la opinión que nos va mereciendo el día a día, la brega de la vida, que es tanto como decir: la lucha, la pequeña pelea diaria.

¿Qué encontrará el lector en su libro?

Encontrará calificativo para todo tipo de conducta miserable, mezquina y deshonrosa, y también para su contrario. Toda suerte de ladrones y maridos aparentemente engañados; chulos destemplados; soberbios montaraces; granujas disculpables; pobres hombres arrinconados por la vida que han hecho el ridículo a su pesar.

¿Sería posible un mundo sin insultos?

Creo que no. En las más de mil páginas de mi libro se pone de manifiesto algo que sospechábamos: nos regocijamos con el insulto dirigido a otro, y a menudo nos entristece el elogio que se le adjudica. Por eso hay que preguntarse: ¿Qué haríamos sin esta mesnada de palabras que se nos vienen a la boca ante la injusticia o la ruindad ajena...? Hasta el mismo Dios tras crear al hombre y colocarlo en el Paraíso puso de vuelta y media a la serpiente haciéndola destinataria del primer enojo divino de que hay memoria: 'Maldita seas entre todos los animales y bestias de la tierra'.

Como expresión del descontento y de la contrariedad, el insulto es un instrumento al alcance de todos; nos permite alzarnos contra el estado de cosas en el que nos sentimos atrapados y actúa de tubo de escape.

La historia de las palabras es siempre interesante, a menudo apasionante y a veces divertida. ¿Podría citar algún caso curioso?

Entre los asuntos que recoge el libro se encuentra el de la erosión semántica: la evolución del significado principal del término. Las palabras, en su vida léxica sufren ciertos desgastes, e incluso evoluciones de tal envergadura que lo que nació como insulto termina siendo un elogio, y viceversa.

¿Cuál es su insulto favorito?

Si se refiere a qué insulto considero el más grave le diré que nada es tan despreciable como el traidor o persona que abandona la lealtad debida a su gente o no es fiel a los suyos tras haberles jurado fidelidad. El traidor además de mentiroso es falso y va alevosamente contra los intereses y persona de aquél a quien se debe; mal nacido que deja la causa de los suyos y se une al enemigo de antaño. Es uno de los insultos o agravios más fuertes, equivalente a desnaturalizado o felón.

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