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Pancracio Celdrán Gomariz: "Recomiendo a los políticos españoles este libro para saber insultar con propiedad"

12.06.08 | 18:15. Archivado en Novedades

Vicente Torres (PD).- Su último libro se lo recomienda especialmente a los políticos para que leyendo detenidamente lo que cada significa término, cada insulto, lo emplee con conocimiento, y “a quien sólo sea un chorizo (que los hay en ese mundo) no lo carguen también con la responsabilidad adicional de ser un cerdo.”

En “El Gran libro de los insultos" que publica (La Esfera de los Libros) es, al fin y al cabo un repertorio de calificativos para todo tipo de conductas miserables, mezquinas y deshonrosas, y también para su contrario.

Sus más de mil páginas justifican el porqué del título: voluminoso tanto en tamaño y extensión como en profundidad del tratamiento a la materia que estudia.

Esa cantidad ingente de términos ¿Significa que la lengua española es rica en este tipo de palabras?

Digamos que el insulto, como de su etimología se desprende, es siempre un asalto, un ataque, un acometimiento. Es término derivado de la voz latina assalire: saltar contra alguien, asaltarlo para hacerle daño de palabra, con claro ánimo de ofenderlo y humillarlo mostrándole malquerencia y desestimación grandes, y haciéndole desaire.

Como podrá comprobar el lector de este libro, cada insulto va acompañado de un ejemplo de su uso, ejemplo extraído de una autoridad literaria importante, por lo que se ha recurrido a las obras principales de nuestra historia literaria desde el siglo X al XX.

¿Qué tipo de insulto predomina en nuestra lengua?

Digamos que la lengua castellana tiene tendencia marcada a ver en el interior del hombre, más que en su superficie, por lo cual una gran cantidad de insultos son de carácter moral y censuran la actuación humana más que los aspectos sociales, jurídicos y económicos del hombre.

Los insultos españoles distinguen entre la criatura pusilánime y medrosa, y el jaque de mancebía o chulo de putas por entender que hay diferencia entre ellos aunque en ambos casos se trate de predicados que devalúan a la persona de quien se dice.

¿Es la lengua castellana más rica en insultos que otras?

El insulto castellano es directo y rápido, audaz, como un tiro: en tiempos de Cervantes decíamos mamotreto a quien se convierte en un incordio, criatura que tira de uno, que lo exprime, es decir: al mamón, que es lo que mamotreto (del latín mamo tracto= colgado de la teta) en última instancia significa, y que hoy sirve de término expeditivo y rápido para describir al aprovechón que de todo ha de sacar partido.

¿Le parece a usted que la clase política española tiene un repertorio reducido a la hora de insultar?

Hay de todo en esa viña. Sugiero a los políticos españoles que se pertrechen de este instrumento que ahora ponemos en sus manos para que leyendo detenidamente lo que cada término significa lo emplee con conocimiento, y a quien sólo sea un chorizo –que los hay en ese mundo- no lo carguen también con la responsabilidad adicional de ser un cerdo.

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