Cowboys del Infierno
Jimmy Massey
Ed. Apóstrofe
272 páginas
19 euros
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Jimmy Massey tiene 32 años y doce de carrera militar a sus espaldas como marine de los Estados Unidos. Actualmente, ha roto todo vínculo con el ejército y está intentando superar su experiencia en Irak. Cowboys de Infierno es un relato en bruto de esa experiencia y un intento de Massey para recuperarse de ella y hacerla llegar al mundo.
Cowboys del Infierno, escrito con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, ya ha sido publicado en Francia con el título de Kill! Kill! Kill! . En Estados Unidos no ha encontrado editor, pero las declaraciones de Massey en sus últimos tiempos como activista contra la guerra sí han suscitado reacciones: desde madres de marines que le apoyan y le recuerdan que no es el único caso, hasta la esperada reacción oficial: el portavoz del Cuerpo de Marines del Pentágono respondía el 8 de diciembre de 2004: “El Cuerpo de Marines niega las afirmaciones de Massey”
Con un lenguaje brutalmente sincero, en muchos casos violento y a veces incluso molesto para el lector, el relato de Jimmy comienza con sus primeros pasos en la escuela de reclutamiento y coloca ante nuestra mirada las duras prácticas que se llevan cabo en este tipo de centros. Tanto allí como en su posterior estancia en Okinawa como parte del servicio de reclutamiento o en los campos de entrenamiento para marines, el alcohol, la violencia y el sexo, que a veces roza lo perverso, serán un factor común que nos conducirá por una historia cruda por real y sobre todo, porque está contada en primer persona.
Massey recrea desde el recuerdo los duros ejercicios impuestos durante esta etapa, las crueles bromas, obscenos juegos y humillaciones a las que, tanto Jimmy como sus compañeros sometían a las mujeres (prostitutas con las que se relacionaban) o a los reclutas más jóvenes. Él mismo sufrió la humillación y el insulto en su propia piel: “en aquel entrenamiento oí las historias más grotescas de mi vida”
Como en La chaqueta metálica o Apocalipsis Now, la violencia se ha convertido ya en algo natural, cotidiano, una manera normal de arreglar los problemas; una especie de ritual aceptado por todos y, en su narración le oímos decir cosas como: “Cuando te han entrenado para matar pierdes tu sentido del amor” o “Ahora puedo decir honestamente que los marines son, probablemente, las peores personas que he conocido en mi vida”
Aún no ha llegado a Irak pero ya da miedo seguir leyendo, sabemos que lo peor está por llegar, que su viaje al infierno aún no ha comenzado.
Con la precisión del que ha vivido algo en primera persona, Massey se detiene también en su etapa como reclutador profesional y deja al descubierto el corrupto sistema de reclutamiento americano. Un recuerdo vivo de anécdotas concretas, casos que ilustran las tácticas que los reclutadores profesionales como Jimmy utilizan para conseguir captar al futuro marine; unas tácticas que pasan desde apelar a los clásicos valores del honor, la fidelidad o la confianza en uno mismo hasta tapar asuntos como el consumo de drogas o los problemas con la justicia; reducir o eliminar cargos a cambio del alistamiento. Como él mismo explica, es más fácil reclutar a jóvenes que vienen de familias rotas o sin recursos: “Para mantener su trabajo, los reclutadores no pueden tener escrúpulos”, y continúa: “de los 74 hombres que recluté, unos 40 estaban bajo libertad condicional, unos 20 tenían cargos por delitos menores y 10 tenían problemas médicos o de drogas”
Todas estas vivencias son también la historia de una decepción, de un desengaño personal: encaminándose hacia una depresión, la presión del trabajo y las condiciones en las que ha de realizarlo, con un sueldo bajo y un matrimonio dando tumbos, harán que Jimmy solicite ayuda por parte del cuerpo de marines, una ayuda que se le negará: ‘Me sentía propiedad del cuerpo de marines’
“Éramos marines y sembrábamos la muerte”
Comienza el viaje al infierno
Jimmy Massey llegó a Kuwait en enero de 2003 con la llamada operación Libertad de Irak. Allí pasará dos meses en los que, a pesar su cambio de visión sobre el cuerpo de marines, los rápidos ascensos con los que le ‘premian’llegarán a hacerle sentirse orgulloso.
Dos meses después Massey estará en Irak como primer sargento de artillería. Su primer recuerdo de estos horribles días es ya escalofriante: una manifestación de irakíes blandiendo banderas y eslóganes antiamericanos, una detonación que viene de un lugar indeterminado; una respuesta contundente, desbordada: los hombres de Massey abren fuego. Sólo ha quedado uno vivo. Sobre esta escena Massey recuerda: “No nos habían devuelto ningún disparo mientras que yo había disparado doce veces…” y añade:
“Quería asegurarme de que habíamos matado según las normas de combate de la convención de Ginebra y los procedimientos operativos reglamentarios (…) Intenté olvidarme de sus caras y busqué las armas, pero no había ninguna”
Es uno de los hechos que más ha marcado a Jimmy, una escena que salta ante nuestros ojos desgarradora pero no aislada. A ella acompañan muchas otras y, a lo largo de Cowboys del infierno, ciudades como Safwan, Az Aubair, Jalibah, Ar Nasiyah, Nu’maniyah o Bagdad se convierten en escenario de cientos de atrocidades difíciles de leer, pero necesarias de contar en un momento como el actual.
En su testimonio, Jimmy Massey nos relata con pelos y señales las muchas ocasiones en las que él y sus ‘chicos’ mataron a civiles inocentes: a veces por no detenerse, al volante de su vehículo, ante un punto de control americano. Otras, simplemente, mostrando las manos en alto, sin nada que esconder. Personas acribilladas a balazos con ensañamiento y regocijo en muchos casos, con sonrisas y entusiasmo en otros; a veces como venganza cruel ante la muerte de algún soldado americano. Y, en muchas ocasiones, dentro de lo que era una misión de paz o de ayuda humanitaria.
Massey describe imágenes de cuerpos muertos en las cunetas, carbonizados, amontonados; camiones convertidos por los irakíes en improvisada morgue. Es el paisaje que se encuentran en la carretera acompañado del nada irónico ritmo de Hell’s bells que escuchaba con sus hombres:
“La atmósfera era tan pesada que daba la impresión de que fuera a llover petróleo y sangre”
Y en algún momento, en medio de este infierno comienzan las pesadillas. Quizá sea después de que un joven irakí, el único superviviente de uno de esos tiroteos, le pregunte “¿por qué habéis matado a mi hermano?” o quizá después de haber tenido que dejar morir a un niño por falta de insulina. Lo cierto es que Irak está cambiando a Jimmy, le está saturando, le está atormentando. Ya no se encuentra bien.
Aquí comienza el principio del final de esta experiencia, una historia contada a bocajarrro, en la que la transposición directa de hechos y situaciones, la ausencia total de florituras o quiebros literarios son tan expresivos como esta conversación entre Massey y su superior:
Jimmy: - Hoy ha sido un mal día. Hemos matado a muchos civiles inocentes
Capitán: - No, hoy ha sido un buen día
El descontento de Massey y el comienzo de una depresión terminan por convertirle en alguien incómodo, por lo que es relegado de su puesto tras poner de manifiesto lo que le ocurre:
- Señor, creo que lo que estamos haciendo en Irak es un genocidio. Lo de la ayuda humanitaria es sólo una excusa de mierda (...) Creo que nuestro único objetivo en Irak es el petróleo y las ganancias. Y estamos dejando tanto uranio enriquecido en el campo de batalla que no tendremos que preocuparnos por futuros terroristas o incluso futuros irakíes, porque los estamos matando poco a poco y uno a uno
Con un diagnóstico oficial, ‘trastorno por estrés postraumático’, Jimmy emprende el camino de vuelta a casa, ya no al infierno, tampoco al cielo; a un purgatorio de culpa y de horror en la memoria.
“Se acabaron los espacios luminosos para mí. Se acabó el nirvana después de la matanza. Vivo en un charco de lodo y la única forma de salir de él es dejando de matar”
Entrevista a Jimmy Massey por Miguel Pato (Periodista Digital)
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En esto evolucionaron los grandes hombres, supuestamente superiores del norte. Solo demuestran que sucumbieron al afán del poder y la holgazanería. Matar para obtener lo que dejan los escombros, ahora mas se parecen a aves carroñeras. Algún día usarán su supertecnología para disminuir tanto drogodependiente, para que no exista mercado para la producción de droga. Para hacer del trabajo propio la única fuente de riqueza sin hacer daño a nadie.
Hasta los Incas hace siglos trabajaban con placer. No se puede negar que usaban la hoja de coca, pero de drogadictos están lejos.
y esto es solo el principio de un poco de atrosidades que ocuilta el mundo, hace 100 años saviamos que estavamos un medio de un olocausto, hace 50 años sabiamos que en muchos payces latinoamericanos se desataba una guerra civil, imaginensen lo que sabremos mañana....
Como aprendiz de periodista en Perú, hacer el verdadero periodismo es tan difìcil como relatar todo lo que el señor Massey ha vivido- si es que al tiempo en el que estuvo como marine se le puede llamar vida. Es que, para la humanidad, el gobierno estadounidense poco vale en comparaciòn con sus intereses
¿Por qué cometer la idiotez de censurar todo lo antiestadounidense? ¿por qué censurar la verdad? hay quienes usan sus dientes para defender sus intereses.
Creo que los gobiernos estadounidenses se han autoproclamado el mesías del mundo mediante distintos tipos de estrategias ideológicas (como la manipulación de una versión "oficial de la historia", por lo tanto han legitimado sus incursiones en otros países con el único afán de enriquecer sus intereses, sobre todos los económicos (aunque se trate del mal escondico negocio de la guerra). Vivo en centroamérica, y les aseguro que hay toda una gran versión desde adentro, desde el pueblo, desde la historia de nuestras idiosincracias, y la incursión gringa, salvo contadas exepciones, no han hecho otra cosa que jugar con nuestros países según hayan sido sus prioridades coyunturales en la perpetuación de su hegemonía en el continente.
Los gobiernos norteamericanos , desde la guerra de sesesion no han conocido la desgracia de una guerra en su propio territorio. Solo la han hecho contra pueblos de otros paises cuando les ha convenido a sus intereses, planificando y sosteniendo golpes de estado, instalando dictaduras y regimenes de fuerza , interviniendo salvajemente con su ppoderio militar, asesinando y destruyendo todo intento de liberacion democratica de los pueblos con la complicidad de los gobiernos reaccionarios locales. El famoso sueño del "AMERICAN WAY OF LIFE" tan propagandizado tan solo es posible para una parte de los americanos con suerte y para las élites de siempre, utilizando a los menos favorecidos como carne de cañon para enviarlos a guerras externas que ni siquera les conciernen. Solo la propaganda falsamente patriotera y el chantaje a cambio
de ventajas economicas, derecho a la nacionalidad americana, promesas de becas
lepermiten atrapar a gente adolecente. Luego estan los MERCENARIOS B...
Jueves, 31 de mayo
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
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Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
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