Bolivia es un gran ejemplo de lo que no debe hacer un país. Muchas veces, las actitudes del gobierno, sus decisiones, sus movimientos, son imitados por grupos de individuos que ven que ellos pueden emular al gobierno y por tanto, en caso de hallarse en problemas, resguardarse bajo sus alas.
Cuando estas acciones son contrarias a la legitimidad democrática, contrarias al Estado de Derecho y a la seguridad jurídica. Podemos estar hablando de un gobierno promotor de la violencia y la delincuencia.
Así se explica que el asalto a la casa de Victor Hugo Cárdenas pueda verse como un efecto "imitación" del desprecio gubernamental por la propiedad de empresas extranjeras. Quien siembra vientos, recoge tempestades. El gobierno boliviano está tan ocupado en legitimar sus constantes desafíos al Estado de Derecho, que era inevitable que un acto como el asalto violento a una propiedad particular, con agresiones a personas desarmadas, sucediera tarde o temprano.
Por cierto, el caso -con las salvedades oportunas- recuerda al de aquel tiparraco en bañador entrando en la piscina de Pedro J. Ramírez. ¿Os acordáis? Fue en la primera legislatura de Z. Aquella legislatura en la que lo primordial en la agenda política del gobierno español y sus socios era replantear la existencia de España.

Repugnante me parece cualquier vulneración de la propiedad privada, pues la vulneración de la propiedad privada, aparte de un ataque a la dignidad del propietario, es un pisoteo a un derecho humano básico: ser propietario.