Levadura

Óscar Romero: Reflexiones Biográficas

20.09.18 | 19:01. Archivado en Comentario y oración

Romero hermano.
Hoy eres más cercano que cuando comenzamos.
Cuesta creer que en esta misma tierra
tan tuya y tan amada por tu gran corazón,
haya espadas blandidas contra ti.
Lenguas de víbora, que lanzan su veneno
contra tu mismo rostro, tan noble, tan valiente…

Pero otros te admiramos, te queremos,
como estrellas pequeñas, que miramos al sol.
Nos deslumbras, mas no dañas la vista.
Nos sonríes y cuentas con nosotras
para crear la Iglesia de los pobres,
el poema de amor, escrito con tu sangre,
para todo este pueblo, para gloria de Dios.

1.Un pastor no deseado

Romero fue elegido en 1977 por el papa Pablo VI para ser arzobispo de San Salvador. Venía de Santiago de María, a donde llegó después de ser obispo auxiliar en San Salvador. No lloraron por su partida de la capital, cuando marchó a Santiago de María. Antes ya había estado como secretario de la Conferencia Episcopal. Demasiados conflictos, pequeños, medianos y alguno grande. Pero ahora sí que iban a llorar por su vuelta los curas más comprometidos con los pobres y con la renovación de la Iglesia en la línea del concilio y de Medellín.

Era un hombre sumamente religioso, dado a la oración y a la caridad para con la gente pobre. Pero era también estricto en el cumplimiento de sus obligaciones, lo que lo llevaba a ser igualmente estricto con la gente que estaba a sus órdenes. De ahí nacían los conflictos, que lo hacían menos querido.

Como decíamos, no era Romero el arzobispo que esperaba el clero de San Salvador. En la capital estaba Monseñor Rivera y Damas, un hombre preparado y abierto, que había sido auxiliar del arzobispo Luis Chávez y González, recientemente fallecido. Había dos o más obispos que habían pugnado por dirigir la arquidiócesis. Este ambiente de buscar ascensos se percibía en otras personas, y daba lugar a un clima un poco turbio.

Pero Rivera y Damas no le puso dificultades a Monseñor Romero. Quedó donde estaba, nuevamente como auxiliar, con paciencia, conocedor como era del estilo de Romero. Y le sustituyó cuando Romero fue asesinado,

Quienes saltaban de gusto por la elección de Romero eran los líderes laicos de la nación, la oligarquía, la gente del gobierno, que conocían las inclinaciones conservadoras de Romero y veían en él al hombre de su línea de pensamiento y acción. Nada hacía presagiar que aquel hombre, más bien tímido y cerrado, no interesado en los acuerdos episcopales de Medellín, llegara a protagonizar, en solo tres años, un clima de cambio total en la Iglesia de San Salvador y en todo el país, con sus homilías tan religiosas como sociales y con la dirección que imprimió a la diócesis. Nadie podía prever que Romero llegara a ser el profeta por excelencia en El Salvador, en América Latina y hasta en países de Europa. Y tampoco, que los pobres lo consideraran su padre, precisamente porque ya era caritativo con ellos antes de llegar a San Salvador. Su pasado no daba pie para tales esperanzas. No se podía ni pensar en que Romero cambiara hasta el punto de tener a casi toda la conferencia episcopal en contra y a los militares, la oligarquía y la gente importante del País dispuesta a quitarlo de en medio, como de hecho lo hicieron finalmente. ¿Qué es lo que ocurrió? Veamos primero las fechas principales d su vida.

2. Algunas fechas importantes de su vida

1.Nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, en el Oriente de El Salvador. Era el segundo de ocho hermanos.
2.En 1930, a la edad de 13 años, ingresó al seminario menor de San Miguel.
3.En 1937 ingresó al seminario mayor de San José de la Montaña en San Salvador. Y ese mismo año viajó a Roma para estudiar teología en la Universidad Gregoriana.
4.Fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942, a los 24 años.
5.Al volver a El Salvador, fue nombrado párroco de Anamorós (La Unión).
6.Al poco tiempo fue enviado a San Miguel, donde fue párroco de la catedral y secretario del Sr. Obispo. Estuvo 20 años en San Miguel.
7.En 1968 lo eligieron secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador.
8.Y en 1970 fue nombrado Obispo Auxiliar del arzobispado de San Salvador. El arzobispo era Mons. Luis Chávez y González. Fue ordenado obispo el 21 de junio.
9.En 1974, el 15 de octubre, fue nombrado obispo de Santiago de María (Usulután), donde estuvo dos años.
10.En 1977, el 3 de febrero, a los 59 años, fue nombrado por el papa Pablo VI Arzobispo de San Salvador. Tomó posesión el 22 de febrero en una ceremonia sencilla. Asistió el Nuncio y de los obispos del País. No hubo autoridades civiles ni militares.
11.El 12 de marzo del mismo año fue asesinado Rutilio Grande, amigo íntimo de Romero. Monseñor anunció, después de consultarlo con su clero, que, como protesta, el 20 de marzo habría una sola misa en toda la arquidiócesis, decisión que encontró la oposición frontal del Nuncio y de varios obispos. Romero se mantuvo firme y la misa se celebró en la Plaza Barrios de San Salvador.
12.En 1979 fue nominado para el Premio Nobel de la Paz, que no se lo concedieron.
13.En 1980, el día 2 de febrero, la Universidad de Lovaina (Bélgica) le concedió a Romero el doctorado honoris causa, por su lucha en defensa de los derechos humanos.
14.El mismo año de 1980, el día 23, hizo un enérgico llamamiento al personal del ejército, para que no obedeciera las órdenes de matar.
15.Al día siguiente, 24 de marzo, fue asesinado mientras celebraba misa en la Capilla del Hospital La Divina Providencia, en San Salvador, por un disparo certero al corazón. Tenía 62 años.
16.El 30 de marzo, alrededor de 100 mil personas asistieron a su funeral en la Plaza Cívica (frente a Catedral). Los actos litúrgicos, se interrumpieron a causa de la detonación de una bomba, seguida de disparos y varias explosiones más.
17.El 24 de marzo de 1990, diez años después de su muerte, se iniciaron oficialmente las gestiones para canonizar a Mons. Romero. Pronto quedaron bloqueadas.
18.Desde 2010, cada año, el día 24 de marzo se celebra el Día Nacional de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, declarado por el Parlamento de El Salvador, y el Día Internacional para el Derecho a la Verdad, en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas, declarado por la ONU.
19.El 3 de febrero de 2015, el papa Francisco aprobó el decreto que reconocía el “martirio” de Romero “in odium fidei”, es decir, por “odio a la fe”.
20.El 10 de abril de 2015 monseñor Romero fue declarado por la Asamblea Legislativa del país “Hijo Meritísimo de El Salvador”.
21.El 23 de mayo de 2015 Monseñor Romero fue beatificado en El Salvador. El 14 de octubre de 2018 será canonizado en Roma junto con su gran amigo, el papa Pablo VI.

3.Dos factores del cambio

Tres años le bastaron a Monseñor para dar un giro radical a la Iglesia diocesana de San Salvador en la línea de la Iglesia de los Pobres. ¿Qué le ocurrió para que, en ese corto tiempo diera un cambio personal tan imprevisible como decíamos al principio, y una acción apostólica que marca para hoy y mañana los derroteros de la verdadera Iglesia de Jesús? Pudieron ser dos factores fuertes: el martirio de Rutilio Grande y el clima turbio que encontró en la Iglesia metropolitana de San Salvador, un clima amasado con ambiciones, envidias, empujones, en aras de conseguir ascensos y poder.

Romero quedó fuertemente conmovido por el martirio de Rutilio Grande. Tomo una decisión extraordinaria y grave: un domingo de misa única en toda la diócesis. Y empezó a reflexionar profundamente.

Por otro lado, él mismo se encontraba rodeado y envuelto en el clima que hemos mencionado. En sus reflexiones, vio la conveniencia de conversar con diferentes personas, entre ellas con algunos laicos. Frente a la rigidez anterior, fue una sorpresa inesperada para ellos escuchar que les pedía ayuda. Su humildad influyó en ellos positivamente. Monseñor estaba experimentando una profunda transformación. ¿Era la conversión?

Fue parte de su segunda conversión

En el capítulo primero ha quedado expuesto el proceso de transformación de las personas bautizadas, en dos tiempos, a los que se llamó primera y la segunda conversión. Romero vivió la primera conversión –fe y entrega a Jesús- desde la infancia; por lo cual podemos considerar que la transformación que experimentó tres años antes de su martirio era parte de la segunda conversión, que dura toda la vida. Fue una transformación asombrosa para sus nuevos amigos, clérigos y laicos, y para sus nuevos enemigos, que habían recibido con gran alegría su nombramiento.

Entre las personas admiradas y encantadas de su inesperado viraje se hallaban el clero diocesano y los religiosos, que lo habían conocido anteriormente con otro estilo y actitud completamente diferentes. La misa única los ganó, así como el estilo de consultas que empezó a practicar Monseñor, a la vez que perdía la confianza de la oligarquía, del Nuncio y de la mayoría de la conferencia episcopal.

Todavía hoy nos asombra

Después de cuarenta años, sigue asombrándonos su cambio, que se manifestó en una actuación tan amorosa y compartida, y a la vez, tan firme, tan nítida y tan clarividente. Sin duda fue el paso del amor neutral que había practicado hasta entonces al amor diferenciado, preferencial y beligerante hacia los pobres: beligerante, digo, pero sin violencia. Porque ese amor lo llevó –aparte de la caridad que siempre había practicado- a tomar con su gente la defensa de los derechos humanos, sobre todo de los pobres, que eran eliminados a cientos y miles, como afirmó en Lovaina. Y más todavía, porque esa defensa de dimensión política no partidista estaba acompañada de la creación de la Iglesia de los pobres, como el verdadero lugar de la Iglesia, en cualquiera de sus situaciones. Una Iglesia que podía estar formada no solo por la gente pobre, sino por todas las personas –pobres y no pobres- que tomaran la opción por las empobrecidas, como el verdadero camino de hacer Iglesia, hacer evangelio y hacer también un mundo humanitario.

Es lo que decimos en el padrenuestro: Hágase tu voluntad en la tierra, como se hace en el cielo. Trabajar por una sociedad más humana, más justa, más conforme a los parámetros de Jesús, es una vertiente fundamental de la misión cristiana. Por lo tanto, el compromiso social transformador no es un añadido a la caridad y a los demás elementos fundamentales de la Iglesia, sino que es definitorio; define y distingue a la verdadera Iglesia de Jesús. Romero lo expresó con dos frases rotundas:
 "Una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde el lugar del pobre las injusticias cometidas contra ellos, no es verdaderamente la Iglesia de Jesucristo".
 "Sobre este punto no hay neutralidad posible. O bien servimos a la vida de los salvadoreños o bien servimos a los ídolos de la muerte."

Pero hay algo más

Se diría que está dicho lo principal. Pero no me quedo del todo satisfecho. Me parece que falta por descubrir algo más de la intimidad de Monseñor. Intuyo que en su interior hubo, junto con los cambios señalados, una experiencia mayor. Lo expongo como hipótesis plausible, mientras sigo buscando.

¿Hubo una inmersión de su persona en el mundo de Dios? ¿Hubo una invasión de Dios en su persona?

Como hipótesis, quisiera decir lo siguiente. Monseñor estaba entregado a Dios antes de estos acontecimientos transformadores; pero, al chocar con ellos, quedó agarrado, poseído por Dios de una manera nueva, para llevar a cabo su obra; poseído por Dios para proseguir la causa de Jesús sin rebajas. Esas páginas del discurso de Lovaina, en las que confiesa la obra de los pobres en ellos, son imponentes. Los pasos que antes nunca habían podido dar, los dieron con facilidad desde que se abrieron a la gente pobre. Los pobres les aportaron además una novedad: la persecución. Monseñor lo cuenta como un regalo del Señor. Son páginas de tanta intensidad, que nos ponen cara a cara delante de Dios. Algo había, que no queda suficientemente explicado por los cambios visibles, a pesar de lo tremendos que eran. Algo íntimo que venía de Dios, muy de Dios, que intuyo, como he dicho, y lo presento como hipótesis plausible. Por ese cara a cara ante Dios al que me lleva, como decía antes, yo quisiera encomendar algo a San Romero. Es una solicitud para que la presente a Jesús: que ese momento estelar de su segunda conversión se produjera también en quienes lo admiramos y queremos seguir su ejemplo, venciendo cansancios, rutinas, debilidades; y que superemos cualquier amago de trepar al poder, de acumular oro o de dejarnos llevar de afectividades debilitadoras.

¿Alcanzado y poseído por Dios?

Monseñor experimentó un cambio incuestionable. Efectivamente: del clérigo tímido y cerrado surgió, como dice un autor, un osado y valiente campeón de la justicia; y nosotros añadimos: y campeón de la fe, acompañada de un amor humilde.

Sus sermones semanales, transmitidos por radio, se extendían por todo el País y fuera del País. ¡Débil radio de Dios!, paradójicamente potente, tantas veces atacada y averiada y otras tantas, arreglada. Me recuerda lo de Pablo: ´la debilidad de Dios es más potente que el poder humano´ (1Co 1,259. En cualquier parte del mundo se conocían las violaciones a los derechos humanos ocurridas en El Salvador en tal o cual semana, vistas a la luz del evangelio.

Romero era minucioso en la preparación de su homilía dominical, con comunicadores capaces y personas enteradas. A veces iba a los lugares de los sucesos a confirmar sus datos. Nunca hablaba de algo, si no estaba del todo seguro. Así es como Monseñor se hizo poco a poco la conciencia social de la nación y la voz de los sin voz. Así es como se ganó la enemistad de la mayor parte de la oligarquía y de sus hermanos obispos, como si fuera un revolucionario, algo que nunca pasó por su cabeza.

Con la fuerza de Dios

¿Significa todo esto que iba por la vida como un triunfador fácil, que no conoce el miedo? De ninguna manera. La fe no es magia. La fe, el amor, la opción por la justicia nos hacen vencer el miedo, pero no lo suprimen. Sabemos que Romero tenía miedo, porque lo decía a las personas cercanas. Suponemos que sentiría miedo cuando le decía a su chofer cosas como esta: Estamos en zona de peligro. Usted tiene familia, yo no. Déjeme el volante (el timón) y vaya a su casa por favor.

Le tocaron malos tiempos. Se sucedían, uno tras otro, gobiernos nacidos de levantamientos o de elecciones fraudulentas, que prometían siempre reformas, pero no tocaban a los militares ni a los escuadrones de la muerte. Con lo cual, fracasaban todas las reformas. El clamor del pueblo por la justicia se perdía en los gritos y las manifestaciones. Romero confió en alguno de esos gobiernos y se llevó una gran decepción. Finalmente el País explotó. Y hubo entre los mismos obispos quien acusó a Romero de ser el causante de los setenta mil o más muertos que produjo aquella guerra. Pero Romero siguió, sin desviarse, por el camino que se había trazado. No cedió ni ante los gobiernos ni ante el nuncio ni ante sus compañeros obispos ni ante Roma, donde se desconfiaba de él. Hemos visto anteriormente las dificultades que tuvo que vencer para conseguir una entrevista con el papa; y la indicación equivocada que recibió de él, a la que felizmente no hizo caso, porque era imposible. ¿De dónde sacaba fuerzas? Dicen a veces que las sacaba de los campesinos y de la gente de la Iglesia que lo acompañaba. A ellos se refería sin duda cuando dijo: “Con esta gente no es difícil ser un buen pastor”. Pero pienso que la verdad mayor estaba en haber sido alcanzado y poseído por Dios, como sugería antes.

Asesinado y mártir
durante su propia eucaristía

El 23 de marzo, día anterior a su muerte, lanzó a los miembros del ejército su famoso llamamiento a la desobediencia: “Somos la gente de ustedes. Los campesinos que ustedes matan son sus propios hermanos y hermanas. Cuando escuchen la voz del hombre que les ordena matar, recuerden, en vez de esa orden, la voz de Dios: No matarás... En nombre de Dios, en nombre de nuestro atormentado pueblo cuyos gritos se elevan hasta el cielo, les suplico, les imploro, les ordeno, cese la represión”.

Este llamamiento tuvo su réplica inmediata al día siguiente con su martirio. Era el segundo obispo que caía asesinado en pleno templo. El primero fue Tomas Becket, arzobispo de Canterbury, en Inglaterra, asesinado y despedazado en la catedral por enviados del rey, en el año 1170, cuando se preparaba para el rezo de vísperas. Fue aclamado como santo inmediatamente por el Pueblo Inglés y canonizado a los pocos años. Ochocientos años después, en 1980, cayó muerto en una capilla, de un disparo, Monseñor Romero, aclamado también inmediatamente como santo por el Pueblo Salvadoreño, a pesar de las vacilaciones y cerrojos de la jerarquía eclesiástica. Era el segundo arzobispo asesinado y mártir dentro de un templo. Becket, en la catedral; Romero, en la capilla de unas religiosas y de un hospital de cancerosos pobres. Con un detalle especial: Romero fue asesinado mientras celebraba la santa misa.

Una semana después, cien mil personas asistieron a la misa celebrada por él en la plaza que está frente a la catedral.

Su causa de beatificación quedó bloqueada, por la influencia de gente importante de El Salvador y por las autoridades del Vaticano. El Papa Francisco la desbloqueó. El 3 de febrero de 2015 fue reconocido como mártir «por odio a la fe» por parte de la Iglesia católica, al ser aprobado por el papa Francisco el decreto de martirio correspondiente y promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos. El 23 de mayo del mismo año fue beatificado en la plaza Salvador del Mundo de San Salvador, la capital de El Salvador. La ceremonia de beatificación congregó a más de 250.000 fieles. Pronto, antes de dos meses, será canonizado. ¡Gloria a Dios!

ALGUNAS PLEGARIAS

Renacer…

Romero, vuelve y dinos
que no basta cantarte bellos cantos,
pues hacen falta brazos,
para estrenar la vida solidaria
en toda la nación,
ahora que tú subes al podio más glorioso.

Que enciendan luces blancas de alborada,
en todas las empresas,
en todas las barriadas,
en todas las iglesias,
en las clínicas y en los hospitales,
en las escuelas y universidades,
en los bancos y centros económicos,
en las tiendas de lujo y las de pobres…

Para invitar a fieles y a jerarcas,
a los católicos y no católicos,
al empresario y al obrero,
al médico, al enfermo, a la enfermera,
a los alumnos y a los profesores
de parte del Señor Jesús
y de Romero, nuestro nuevo santo,
a darse unos a otros Buenas Nuevas
con corazón abierto
y con entrañas de misericordia.

Que brille en todas partes el resplandor pascual
de solidaridad y de cooperación.
Que mueran competencias desleales.
Que se abracen distintas religiones
y se besen ateos y creyentes.
Que dialoguen obreros y empresarios,
En pos del bien común y la justicia.
Que los partidos busquen la colaboración,
en vez del hundimiento del contrario.
Que en todos los jardines florezcan rosas blancas
y que la gente pobre tenga también jardines.
Que en todas las ventanas cuelguen banderas blancas,
como signo de buena vecindad,
para que cada hogar piense en el bien del otro.
Que exista un plan de champas, para sustituirlas,
porque ya realizaron su misión.

Dios estará contento y nos bendecirá,
al ver un pueblo libre y solidario,
forjado al calor de monseñor,
donde el poder no sea Dominante
ni la acumulación, el ideal,
donde la ley esté a favor del débil.

Entonemos, hermanas, con ardor
el canto interminable de alabanza
al Señor que se alegra y nos alegra,
cuando mira a este pueblo de Romero,
que renace al calor de su ejemplo sin par.

Añoranza

Romero, obispo, mártir y profeta,
nuestro amigo y modelo.
Las aguas van revueltas en tu pueblo.
Algunas veces se desmadran,
se salen de su cauce, destruyen los jardines.
dejando por los suelos a niños y a mayores.
La belleza de calles y de plazas,
por ti desconocida,
se nos queda manchada de color y tristeza.
Añoramos tu amor y tus denuncias,
tu valor y la lucha por tu Pueblo.
Sentimos alegría
cada vez que la Iglesia saca pecho
contra la minería y contra el agua.
Pero nos faltan laicas, protagonistas, líderes,
de la misión social en el centro del mundo.
Nos falta aquella Iglesia de los pobres,
que tú dinamizaste, levantada por Mártires…

Escuchando a Monseñor
La plegaria siguiente está en primera persona. Es Monseñor quien habla. Estamos en Lovaina, donde lo hicieron Doctor honoris causa. Es casi textual.

Pastor que, con tu pueblo, hallaste la verdad
y gritas desde el podio de los mártires:
Mirábamos adentro de la Iglesia
y no la reformábamos.
Abrimos las ventanas, salimos a las calles,
abrazamos a las empobrecidas
y cedieron los muros de la Iglesia.

Oh maravilla. Al punto,
el pueblo empobrecido nos limpió los oídos,
perdimos la sordera de cien siglos,
y pudimos oír, a gritos de trompeta,
la gloriosa proclama de la liberación.
‘He escuchado el clamor de nuestro pueblo’.
‘He visto con mis ojos su opresión’.
‘Estoy bajando para liberarlos
de la dominación de las tinieblas’.

Un instante después,
se encendía la chispa en nuestros ojos
y veíamos algo que siempre ha estado aquí,
mas nadie lo veía, ni siquiera la Iglesia:
miseria colectiva, injusticia asesina,
millones de latinoamericanos
encadenados a salarios de hambre.

Así encontramos con el pueblo
nuestra misión primera en este mundo:
el hueco estrecho de la gente pobre,
chozas sin luz, sin agua;
partos sin asistencia sanitaria;
obreros sin derechos laborales,
despedidos cuando los reclamaban;
vecinas de tugurios,
cuya miseria
supera cuanto sea imaginable.

Un regalo temible nos seguía los pasos,
por defender a gente empobrecida:
la persecución.
Como el postrer aliento del calvario,
fue la pascua de Dios para nosotros.
Y el regalo temible se nos hizo glorioso.

En tres años,
cincuenta sacerdotes atacados,
seis de ellos, mártires gloriosos,
algunos torturados, expulsados.

Y en el pueblo sencillo, ¿quién podría contarlos?
Centenares y miles
entre las capturadas, torturados
y las asesinadas.

No me pregunten quiénes eran perseguidos.
Lo canta todo el mundo por las calles.
Quienes daban un paso hacia adelante
y se hacían hermanas de las pobres.

Allá el grano de trigo florecía.
Y nacía como una primavera
la dimensión política de nuestra fe.
El mundo de las pobres nos alumbra
dónde debe encarnarse nuestra Iglesia.

En nombre de Jesús, trabajaremos
por la vida en plenitud,
con la vista en Dios Padre, las manos en el Reino.
Mas sería ironía, una blasfemia,
desconocer la vida de los pobres
en sus pasos primarios.

Hermana, hermano,
si tú quieres creer
en el Dios de la vida y en Cristo Salvador,
insértate en las ondas sociales y políticas,
sumérgete en el barro con tu equipo,
pues hay que levantar un mundo nuevo.

Lo haremos, Monseñor,
nuestro pastor amado, nuestro amigo,
que traspasas los cielos y la tierra
con tu invencible fe,
San Romero de América por siempre.

Patxi Loidi, pbro. 25561584 / 74691463
Antiguo Cuscatlán (SV), 31-08-18

Los seis bocetos aparecidos en este blog se han publicado como libro en El Salvador, con el título: ROMERO, VUELVE.


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