Homenaje al Otoño
22.09.08 @ 18:09:43. Archivado en Literatura
Ha llegado el otoño, con sus hojas doradas por el sol del verano cayendo bajo nuestros pies. Los días se nublan, llueve y el frío eriza nuestra piel, astilla nuestros huesos, y los días se tiñen de melancolía.
Se ha terminado ya el verano de expansión y risa, de olas, mar y espuma, acaso de amor. Llega el otoño como puente hacia la rutina, las de los días en el trabajo, la pronta noche, las cenas y teatros y mantas y abrigos que conformarán nuestro quehacer diario hasta que el sol vuelva a lucir, los cuerpos a desvestirse y la ilusión y la alegría del verano nos aceche de nuevo.
Con el otoño, sí, vuelve el colegio, la universidad, la oficina; el cielo se retrae sobre nosotros, empujándonos al calor del hogar. El verano es expansión, apertura, vivir hacia fuera; el otoño presagia, anticipa, el recogimiento del invierno, el hogar, la familia.
Y a pesar de ello, el otoño es bonito. Con sus días grises, con sus hojas poblando calles, aceras y avenidas, alfombrando parques, con sus primeras lluvias que te empujan a pararte, mirar por la ventana y contemplar el lento e inexorable devenir del tiempo, que nos alcanza.
Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares,
y suelta los vientos por las llanuras.
Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.
No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.
(Días de Otoño, Rainer María Rilke)
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