Los errores de Zapatero
24.07.08 @ 16:53:01. Archivado en Política
Tras su victoria electoral, todo parecía ser un mar de rosas para José Luis Rodríguez Zapatero, máxime viendo la crisis que asolaba las huestes populares. Cien días después, las tornan se han invertido, y la pasividad del Gobierno ante la crisis ha dilapidado su crédito político y puesto en solfa la posibilidad de una alternativa de izquierdas en España.
Decíamos que con las elecciones de marzo estaba en juego mucho más que el gobierno: se evaluaban dos modelos sociales antagónicos: uno moderno y progresista, abierto y tolerante que apostaba por cambiar las tradiciones españolas para incardinar al país en la modernidad del siglo XXI, frente a otro reaccionario, basado en la carcunda, en el inmovilismo, la crispación y las sotanas. Felizmente, venció el primero, y con ello se produjo un movimiento en el PP hacia posiciones más centristas y alejadas del nacional-catolicismo que había representado en los últimos 4 años.
Pues bien, ahora, con la severa crisis que nos estrangula, está en juego mucho más que la credibilidad del Gobierno: se está poniendo en solfa la posibilidad de una economía socialdemócrata, basada en los derechos sociales y en el Estado del Bienestar, alejada de los postulados ultraliberales que parecen imperar hoy en día a lo largo de Europa.
Por eso, atajar esta crisis y salir de ella es fundamental, puesto que en caso contrario, la doctrina liberal sentenciará por mucho tiempo la posibilidad de optar por políticas sociales de expansión de derechos, y el neoliberalismo más salvaje, aquel que propugna la reducción del gasto social, la facilidad para el despido y que apuesta por lo privado frente a lo público, habrá triunfado. Es mucho lo que hay en juego.
Acierta Zapatero cuando confronta las diferencias entre las políticas de derechas y de izquierdas, frente a los teóricos neoliberales que propagan a los cuatro vientos la muerte de las ideologías en favor de un supuesto tecnicismo que no esconde sino la atracción de la izquierda hacia postulados liberales. Es cierto que no es lo mismo una política liberal que aboga por la reducción del Estado del bienestar y que pone los sacrificios para salir de la crisis sobre los hombros de los que menos tienen que una política social que apuesta por el papel protector del Estado mediante la ayuda social a los más afectados por la crisis. Hasta ahí bien, pero de la teoría hay que pasar a la práctica, y eso es lo que el Gobierno no está haciendo, ante el jolgorio de sus adversarios, que se regocijan con los malos datos económicos que afloran día a día.
El Gobierno, hasta ahora, apenas si ha tomado alguna medida para paliar el deterioro de la situación económica. La medida de devolver 400 euros, amén de ser regresiva y antisocial (no se debe beneficiar igual de una ayuda social el mileurista que el diezmileurista), no ha tenido efecto alguno. Hacen falta nuevas medidas, y un accionar más contundente. La derecha ya propone recortes sociales, que los salarios crezcan menos que la inflación (el de los trabajadores, claro está, porque del de los directivos nada se dice, justo en el año, 2007, en el que los sueldos directivos más crecieron, pero eso poco importa: que paguen la crisis los demás), flexibilización del despido, bajadas de impuestos (sobre todo el de sociedades) con el consiguiente descenso del gasto social, etc.
Frente a eso, Zapatero se encuentra ante el reto de conseguir superar la crisis sin recortes sociales, centrando su ayuda en los colectivos más desfavorecidos. Parece difícil, y requerirá audacia, pero sobre todo actividad: hay que ponerse manos a la obra ya. Mantener el gasto social puede llevar a un déficit en las cuentas del estado, pero eso no debería importar demasiado: países como Alemania, Italia o Francia ya lo tienen, y en época de bajas flacas, sin déficit, es difícil mantener el nivel asistencial del Estado. Habría que explicarlo, prepararse para ello y asumirlo, planeando cómo solventarlo una vez que superemos el bache.
Por otro lado, no es mala idea la fórmula keynesiana de estimular la economía con inversión pública (sobre todo en infraestructuras), de manera que se cohesione el país a la par que se incentiva la actividad económica.
En cuanto a impuestos, podría aliviarse la situación de los más perjudicados por la crisis mediante ligeras rebajas del IRPF a las rentas inferiores, por ejemplo, a 20.000 euros, así como una rebaja del Impuesto de Sociedades a las PYMES, verdadero motor de nuestra economía. De esta forma, se estaría apostando por una política impositiva progresiva, en la que los beneficiados de la bajada de impuestos fueran exclusivamente los más necesitados, y no las rentas altas y grandes empresas.
En cuanto al mercado laboral, quizás hubiera que apostar por una reforma seria y contundente del sistema de despido, desempleo y seguridad social. Desde hace muchos años, diversos especialistas de todas las tendencias vienen mostrando su apoyo a un sistema que combine una mayor flexibilización en el despido para las empresas (demanda clásica de los empresarios) con una fuerte protección de los trabajadores, a semejanza del sistema danés que tan buenos resultados está dando: la llamada "flexiseguridad".
Se trataría en suma, de combinar un sistema de despido libre o cuasi libre (sin indemnización, o con escasa indemnización) con una protección integral del trabajador despedido, que tendría derecho a una prestación por desempleo muy similar a su último salario durante un período largo de tiempo. De esta forma, las empresas podrían ajustar sus plantillas a cada situación económica sin excesivos costes, y el trabajador no quedaría desprotegido al tener derecho a una prestación de cuantía similar al salario percibido durante un largo período de tiempo. ¿Cómo se hace esto? Es complicado, pues requiere una reforma integral de nuestro sistema de Seguridad Social, pero pasaría por destinar una mayor partida presupuestaria a la Seguridad Social así como incrementar las cuotas que se pagan a la Seguridad Social por parte tanto de la empresa como del trabajador, o crear un fondo nutrido por aportaciones empresariales que se destinara a este menester.
En Dinamarca la reforma fue un éxito absoluto, y las empresas han quedado satisfecha y han incrementado su presencia y productividad sin merma alguna de la protección social de los trabajadores. Es, al cabo, optar por un modelo escandinavo del Estado del Bienestar que permita crecer a las empresas y proteger a los trabajadores.
En cualquier caso, lo que se necesita es tomar medidas urgentes, y no quedarse de brazos cruzados. Zapatero tiene ante sí el reto de demostrar que la izquierda (que a lo largo de la democracia ha tenido que lidiar con las peores crisis, mientras a la derecha le tocaba en suerte las épocas de bonanza económica) es capaz de sortear con éxito un período de convulsión económica, apostando por un modelo social frente a la inevitabilidad de los recortes liberales.
No puede suceder que una crisis originada por características propias de un modelo neoliberal (la especulación, la globalización), surgida y expandida además por el fracaso de la economía americana dominada por la derecha económica, acabe sepultando la posibilidad de un modelo de Estado del Bienestar y de derechos sociales, y consolidando la injusticia propia de los sistemas neoliberales. Sería una dura y triste contradicción.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/180900
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
autor
Contacto








