Un delicuente en la Cope: Losantos condenado por un delito de injurias graves
18.06.08 @ 18:06:17. Archivado en Medios de Comunicación
La justicia tarda pero llega. Tras muchos años de insultos, vejaciones, descalificaciones, mentiras e insidias que han llegado a poner en solfa hasta el mismo Estado de Derecho (Jueces, Tribunales, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado), se ha hecho justicia y se han acotado los desmanes del locutor de la COPE con la condena por injurias graves con publicidad vertidas contra Alberto Ruiz Gallardón.
La Jueza considera que las acusaciones vertidas por Losantos no son veraces y constituyen un delito de injurias. Por ello, le condena penalmente a pagar 36.000 euros de multa. La cuestión no es baladí, porque no se trata de un procedimiento civil por vulneración del derecho al honor, sino que estamos ante un proceso penal por el que el locutor eclesial es condenado como autor de un delito de injurias. Nada más y nada menos.
Por si fuera poco, la jueza deja claro que faltó a la verdad en sus declaraciones, aparte de considerarlas gravemente injuriosas.
Por fin un tribunal a puesto coto a los desmanes del locutor, habituado a que sus declaraciones le salieran gratis. A pesar de ello, ya tuvo que indemnizar en vía civil a ERC por vulnerar su derecho al honor. Y no es la primera vez que ocurre esto en la COPE, ya que su locutor de deportes, José Antonio Abellán, fue condenado por vulnerar el derecho al honor de José Ramón de la Morena. Vemos como es una constante en la COPE las condenas de todo tipo por su injuriosa forma de hacer periodismo.
Por si fuera poco, a Losantos aun le quedan algunas demandas por hacer frente, como la que interpuso el Doctor Montes por calificativos como asesino, cuadrilla de sendero luminoso, doctor mengele, y otras lindezas que soltaron en los diversos programas de la cadena de la Conferencia Episcopal.
Enseguida, ha salido Pedro Jota, su aliado mediático, para defenderle y considerar la sentencia un ataque a la libertad de expresión. Nada más lejos de la realidad. La libertad de expresión es atacada por quienes abusan de ella, como ocurre con todo derecho. Los derechos no son ilimitados, sino que llegan hasta donde habitan los demás. Por ello, el límite de cada derecho lo pone el derecho del prójimo, de tal forma que uno no puede agredir ni colisionar con otro, y en caso de choque, hay que ver cual es el preponderante.
Está claro que el derecho a la libertad de expresión permite verter las ideas y opiniones que cada uno considere adecuadas libremente sin intromisiones exteriores ni sanciones por ello. Pero ese derecho se encuentra limitado por el derecho al honor de los demás, de tal forma que lo que el Estado de Derecho no permite es utilizar un derecho - la libertad de expresión - para atacar otro - el honor, la propia imagen- de ahí que esté tipificado como ilícito civil el ataque al honor del prójimo y como ilícito penal la injuria y la acusación de la comisión de falsos delitos. Eso es lo que hizo Losantos cuando insultó a Gallardón, cuando le acusó de obstaculizar la investigación del 11-M y de no querer que se enjuicie a los responsables. Le estaba injuriando y acusando de encubrimiento en un delito de terrorismo, entre otras cosas. Por eso está condenado. Por injuriar y acusar falsamente de hechos a otra persona.
Con esta condena, no se está limitando la libertad de expresión. Se está acotando el derecho de cada cual. Losantos podría haber criticado a Gallardón por su actitud, incluso exagerada y firmemente, pero lo que no puede hacer es insultarle, acusarle falsamente de hechos que luego no prueba en un juicio y querer hacer creer que eso es libertad de expresión. Ésta no ampara en ningún momento el insulto y el escarnio, porque existen otros derechos con los que entra en juego como el del honor. Nadie tiene derecho a injuriar a otro.
Sin duda, el abuso de un derecho, su mal uso, pervierte y deteriora el derecho que se pretende ejercer. Por eso, Losantos hace un flaco favor a la libertad de expresión y al periodismo con ese abuso de derecho que hace, de ahí que se hiciera indispensable que la Justicia parara los pies a este personaje.
Por fin ha ocurrido, a pesar de lo cual él se ha vuelto a meter con Gallardón de forma miserable (ha ido más lejos que Sebastián, al que todos criticamos con lo de la foto de Corulla, al decir en pleno programa que Gallardón "tenía relaciones muy muy muy muy muy íntimas con Corulla") y se ha reído de la sentencia, diciendo que por ese precio piensa seguir haciendo lo mismo.
El que comete un delito recibe el calificativo de delincuente, y eso es lo que Jiménez Losantos es: un delincuente. Un delincuente sin propósito de enmienda. Las penas deben cumplir varias funciones, entre ellas las de retribuir el daño causado y prevenir su repetición. En este caso puede que se haya retribuido el daño causado, pero lo que en ningún caso ha ocurrido es que con ella se haya disuadido al penado de repetir otra vez el delito por el que se le ha condenado, de ahí que nos pueda parecer escasa la pena fijada en la sentencia. Porque Losantos seguirá erre que erre, insultando, injuriando, crispando y mintiendo. Todo ello amparado por la Conferencia Episcopal, y por su máximo responsable, Rouco Varela, al que parece no importarle tener al frente de la emisora católica a un condenado por un delito de injurias.
Y también resulta curioso lo de su máximo valedor, Pedro Jota Ramírez. El Mundo va a ser todo un ejemplo de lo que no debe ser el periodismo: tiene a un director condenado por vulnerar el derecho a la libertad de expresión de su antiguo redactor jefe de noche, Francisco Frechoso (sentencia firme del Tribunal Constitucional); un colaborador como Gómez de Liaño, juez condenado en sentencia firme por prevaricación e indultado por Aznar; y ahora tiene a un columnista condenado por un delito de injurias graves. Todo un ejemplo de periodismo.
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En el caso de Losantos, la cosa es mucho más grave, faltó a la verdad, imputó delitos e injurió gravemente. Por eso se le condenó por un delito de injurias graves con publicidad.
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