ETA vuelve a matar: llanto por Juan Manuel Piñuel Villalón
14.05.08 @ 11:50:12. Archivado en Política
Tenía pensado empezar hoy una serie de artículos sobre el terrorismo, en el que contaría alguna de las historias más terribles y trágicas de esta lacra. Concretamente, quería comenzar con la historia de María Elena Moyano, la madre coraje peruana, que fue asesinada y su cuerpo dinamitado por Sendero Luminoso en 1992. Por desgracia, no voy a empezar con ella, sino con Juan Manuel Piñuel Villalón, asesinado hoy con un coche bomba por ETA.
La lacra terrorista continúa en España. Apenas han pasado 2 meses desde el último atentado terrorista de ETA, en el que murió Isaías Carrasco, cuando han vuelto a matar. Esta vez con una potentísima furgoneta bomba colocada a las puertas de la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Legutiano, sin avisar, destinada a causar el máximo daño posible en una residencia donde habría niños dormidos, mujeres y hombres descansando, desprotegidos, pillados de improvisto. Pura cobardía.
Juan Manuel Piñuel estaba en la caseta de vigilancia. Probablemente estaría cansado, agotado de la guardia que le había tocado. Me lo imagino fumando un cigarrillo, con una taza de café y el solitario acompañamiento de la radio y la programación de soledad que se emite a esas horas de insomnes. Tal vez estuviera haciendo un crucigrama, pensando en el fin de semana, en su tierra, Melilla, en el calor que empezaría a hacer en breve, cuando volviera de visita.
De repente, vio una furgoneta aparcada cerca de la Casa Cuartel. Enseguida sospechó: como Guardia Civil sabe que es objetivo de ETA, de ahí que la más mínima señal despierte sus alarmas, sus sospechas. Entonces llamó para avisar de la existencia de una furgoneta sospechosa, pero no le dio tiempo a confirmar sus palabras: la furgoneta, cargada con más de 100 Kg. de explosivos, estalló segándole la vida de la misma forma que cortaba la comunicación.
Al mismo tiempo, la Casa Cuartel sufría el estruendo de su onda expansiva, derruyendo el centro de la misma. Un herido quedó atrapado durante dos horas entre escombros, y otros 3 más tuvieron que recibir asistencia hospitalaria.
Ellos, por lo menos, tendrán el consuelo de que se han salvado. Consuelo que no tendrán la mujer y el hijo de Juan Manuel, asesinado, parte ya de sus recuerdos y de su memoria, de su llanto y dolor, cuando hacía pocas horas era el protagonista de su presente y de su futuro.
Un huérfano más, una viuda más, una víctima más. Son ya miles los que conforman el ignominioso colectivo de víctimas del terror y la barbarie, del crimen más vil. Otra familia rota por el desgarro. Otro día más para el luto nacional (¡cuántos hemos soportado los españoles a lo largo de la historia, cuántos más soportaremos!, ¿cuándo, Dios mío, podremos vivir en paz, ser una nación normal donde el odio y el rencor y la violencia no sean el pan nuestro de cada día?).
Hoy es día de duelo en cada alma, en cada casa, en cada pueblo de España donde haya hombres de bien, personas decentes que rechacen el terror como forma de vida, como arma para conseguir los objetivos que persiguen.
Ojalá hoy también nuestros políticos estén a la altura de las víctimas, ojalá nadie recrimine nada a nadie, porque sólo los terroristas tienen la culpa de este asesinato. Ojalá todos estemos unidos para acompañar a la familia de Juan Manuel Piñuel Villalón en su incontestable dolor, en su feroz sufrimiento, en su inconsolable llanto de desgarro, pérdida e indignación.
Juan Manuel, gracias por tu servicio, por protegernos. Honramos tu vida y tu memoria. Descansa en paz.
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