La Guerra de Charlie Wilson
03.03.08 @ 19:50:52. Archivado en Cine
Es de agradecer que el cine norteamericano nos esté regalando últimamente con una serie de buenas películas que recuperan el interés por realizar ese ancestral rito de ir al cine, todo ello gracias a filmes como American Gángster, No es país para viejos o La Guerra de Charlie Wilson que tienen en común un buen argumento, una historia interesante que contar y unas sensacionales actuaciones de sus protagonistas.
Hacía tiempo que el cine norteamericano, frecuentemente plagado de películas de puro entretenimiento, aderezadas de tiros y efectos especiales como único aliciente, no nos obsequiaba con interpretaciones interesantes - de esas que crean personajes en el sentido más amplio de la palabra - y con historias realistas de calado que nos hagan reflexionar sobre lo que acabamos de presenciar.
Este es el caso de La Guerra de Charlie Wilson, una entretenida e interesante película de corte político protagonizada por Tom Hanks y Philip Seymour Hoffman. El filme narra la historia de un congresista, Charlie Wilson, bebedor, vividor y mujeriego que conoce los avatares de la invasión soviética de Afganistán y decide involucrarse en el conflicto, consiguiendo financiación secreta del Congreso a los mujahidin en su lucha contra la URSS. Basado en hechos reales, ese apoyo estadounidense fue decisivo para que la resistencia afgana derrotara a las tropas comunistas, en lo que fue el principio del fin de la URSS, con su posterior colapso y con la definitiva caída del andamiaje soviético dos años después.
Charlie Wilson queda impresionado tras un viaje al campo de refugiados afgano en Pakistán con la masacre a la que se está viendo sometida la población afgana después de la invasión rusa, y comprende que una victoria de la URSS supondría un gran avance en sus posiciones geoestratégicas. A partir de ahí, aprovechando la tupida red de contactos de que dispone todo congresista, empieza a recabar apoyos para aumentar la financiación soterrada que se les da a los combatientes afganos, para que estos se puedan defender y acaben venciendo a las tropas soviéticas en lo que será el punto de inflexión de la Guerra Fría.
La película plantea varias cuestiones dignas de reflexión. En primer lugar, el intervensionismo norteamericano en conflictos ajenos mediante la financiación secreta de movimientos de resistencia. Estamos en plena era Reagan, años 80, cuando los Estados Unidos financian la contra nicaragüense para derribar al régimen sandinista, mediante el dinero obtenido de la venta ilegal de armas químicas a Sadam Hussein para su lucha contra Irán (el famoso "Irán contra"); o el apoyo a los movimientos anticomunistas que desataron una Guerra Civil en Guatemala y El Salvador, causando decenas de miles de muertos. En este caso, y puesto que no pueden intervenir directamente en Afganistán so pena de verse inmiscuidos en una guerra directa con la URSS, consiguen que a través de Israel y Egipto se provea de armas de fabricación rusa a la resistencia afgana, en unos tejemanejes secretos espléndidamente narrados en la película.
Otra cuestión que nos plantea la película es el papel americano en los países en los que interviene. El caso de Afganistán es ilustrativo. Estados Unidos entrenó y financió a unos fundamentalistas islámicos que 15 años después atacarían las Torres Gemelas, convirtiéndose en los principales enemigos del Gobierno americano. Es significativa una conversación de Charlie con un asesor de la CIA, en la que le dice que los fundamentalistas islámicos se han hecho con el poder, y que si después de armarles para derrotar a los rusos no les ayudan a reconstruir el país, tendrían problemas. Charlie intenta conseguir dinero para ello, sin éxito. "La jodimos al final" dice el congresista, y el 11-S le daría la razón.
No obstante, cabe preguntarse qué tipo de ayuda hay que dar después de una intervención . Desde luego, esa no pasa por la ocupación de un país, como está sucediendo en Irak. En todo caso, ayuda al desarrollo (al estilo del Plan Marshall), pero nunca la permanencia de tropas americanas en un país extranjero. El ejemplo afgano da argumentos a los movimientos neoconservadores para defender la presencia americana en Irak, sin darse cuenta de que se trata de una invasión ilegal similar a la realizada por el ejército comunista hace 20 años, como lo demuestra la diaria resistencia del pueblo iraquí. Esto nos lleva a plantearnos el intervensionismo americano en asuntos ajenos. Estados Unidos, contra lo que pueda desprenderse de la película, nunca ha intervenido en favor de la libertad y la democracia, sino en beneficio propio. Por eso no ha dudado en intervenir en países favoreciendo una Dictadura o apoyándolas(Pinochet, Videla, Trujillo o Pakistán). Estados Unidos ha sido el causante de algunas de las mayores masacres de la historia, como en Vietnam, Afganistán o recientemente en Irak. El problema es que con su arrogante papel de Guardián del Mundo, se adjudica la misión de intervenir en cuantos países les sean necesarios para sus intereses, destrozándolos y creando una fuente de inestabilidad. A veces, sin embargo, la jugada les sale mal, y lo que parecía un acierto (derrotar a la URSS en Afganistán y acabar ganando la Guerra Fría) se acaba demostrando un error, cuando los mismos a los que ayudaron (los Talibán, o Sadam Hussein) se les vuelven en contra.
La película, en fin, refleja fielmente la importancia de un conflicto histórico que marcó el final de la Guerra Fría, que no de la historia, teorías de Fukuyama aparte. Pero los aciertos del filme no acaban ahí. Consigue describir con maestría los entresijos de la vida política norteamericana, con su lucha de intereses, su corrupción y el mercadeo de favores entre los congresistas. También como de manera oscura se puede montar una Guerra o armar una guerrilla insurgente en otros países.
Los personajes quedan espléndidamente retratados. Tom Hanks consigue dar credibilidad y perfiles propios al vividor congresista, en un papel que, a priori, no se le adaptaba demasiado (quizás era más propio de George Clooney) pero que su inmenso talento consigue dar forma y acabar desarrollando con brillantez. Mención especial también para Philip Seymour Hoffman, que retrata a un espía de la CIA grosero, basto y maleducado pero de gran efectividad, en un papel memorable con tintes cínicos y humorísticos, que ese es otro de los puntales de la cinta: el humor sarcástico y cínico que se desprenden de unos diálogos vivos que articulan con agilidad el argumento de una película espléndidamente construida y dirigida.
En resumen, un gran filme que merece la pena ver en el cine, tanto por su argumento, ilustrativo a la par que muy divertido, como por las impecables actuaciones de sus protagonistas. Una película interesante, pues no abundan aquellas que nos inducen a pensar sobre temas candentes de relevancia al tiempo que nos deleitan con diálogos de gran acidez y humor. Inteligencia y humor en una película, qué más se puede pedir.
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