En la palabra
06.05.08 @ 08:11:40. Archivado en teología mística
Cuando ayer abogaba por aborrecer de una religión sin poesía no era para defender endulzamientos tontorrones: no me refería a esos posters con cascadas y puestas de sol trufados con lemas piadosos, no me refería a la aguitarrada blandura de la sor Ye-yé de turno - sino a la contemplación entusiasta del poder de la Palabra, el don adánico, el don mesiánico que refulge en el esplendor de la Pascua.
Veámoslo en el Hölderlin de Txaro Santoro ("Ermunterung", frag.):
"Y de nuevo se hallará
alegre entre los alegres la luz
y él, que silente gobierna e ignoto
prepara el futuro, el dios, el espíritu
en la palabra humana, en hermosos días
de años venideros, como antaño, se manifestará".
La fórmula exacta es "der Geist Im Menschenwort", el poder que habita en nuestra lumínica red de Indra, en los lazos invisibles que tendemos configurando el gran mandala del tiempo humano, la fluída constelación de la comunicación, la verdadera red de redes. Allí en la palabra habita y se entrega el espíritu: basta poner mayúsculas en "Palabra" y "Espíritu" para ser trasladados de inmediato al gran finale del cuarto evangelio.
Nuestra religión si quiere ser matriz de libertad espiritual e iluminación debe alimentarse de esa palabra nacida en la contemplación y el amor natural, no en la miseria de la coacción legal. Esa palabra (nunca se insistirá en ello con bastante fuerza) que es umbral y no cerrojo, que abre el paisaje y la búsqueda, que inaugura el lance de amor, que despierta y funda las bellezas del Jardín.
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"Tú, Mi Amado, que has consagrado tu vida a Mí, y dedicas todos tus esfuerzos a encontrar la unión Conmigo, pero, a cambio, aparentemente sólo has descubierto que se ha retirado o se está retirando la ayuda en el Mundo, y que no tienes dinero ni tienes amigos, y no sabes dónde acudir para recabar ayuda humana.
Has de saber, Mi Amigo Bendito, que ahora estás muy cerca y que si simplemente sigues morando en Mí, dejando que mi Palabra more en ti y te guíe, descansando y confiando absolutamente en Mi Promesa, muy pronto te daré una Alegría, una Comprensión, una paz que las palabras y la mente del hombre no podrán representar.
Como has obedecido Mis Mandamientos, y has CONFIADO en Mí, y has buscado antes que nada Mi Reino y Mi Rectitud, yo añadiré en ti todas las demás cosas, incluso aquellas que este Mundo te ha negado".
Saludos cordiales y hasta siempre,
Juan.
Pilar: aunque solo te conozco virtualmente intuyo que eres límpia de corazón, y ya sabes lo que de vosotros dijo el Señor... Te pido perdón por si te he ofendido en mi afán de brillar y/o de ser tomado en consideración por los demás... La humildad siempre ha sido mi asignatura pendiente; y lo sigue siendo aún.Un beso de paz.
Me despido de vosotros con unas bellas palabras del místico protestante norteamericano de principios del siglo XX Joseph S. Benner (extraídas de otro místico norteamericano, Jim Marion, quien ha escrito un libro, prologado por Ken Wilber, "DESDE DENTRO DE LA MENTE DE CRISTO "El sendero interior de la espiritualid...
Un abrazo.
Bromas aparte, en este post dejas entrever, por un lado, una frustración y un deseo: lo que debería ser y no es una tradición como la nuestra nacida y basada precisamente en la Palabra; y, por el otro, me encanta tu sugerencia/invitación a retomar la contemplación entusiasta del poder [Sanador] de la Palabra;cuya práctica a Dios gracias perdura en el hesicasmo: la oración del corazón [u Oración de Jesús] ¿Existen acaso palabras más conmovedoras para los padres que las primeras balbuceantes palabras de su hijito? ¡No! Quizás por ello el mismo Jesús nos enseñó que un modo de regresar a la infancia espiritual ["si no os hacéis como niños..."] es precisamente balbuceando el nombre del Padre/Madre [celestial]: ¡Abba! Tan es así que cuando enseñó a orar quiso recordarnos este primer balbuceo orante: "Padre nuestro..." Entiendo como un signo altamente auspicioso que en el Occidente cristiano se haya vuelto a r...
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Octavio Cortés
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