La resurrección y la vida
23.03.08 @ 12:49:08. Archivado en teología mística
Ayer oímos cosas admirables en el pregón pascual:
"Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos".
Uno se maravilla entonces al imaginar cómo será el día que siga a noche semejante. Más he aquí que al cabo acechan las mismas miserias y esplendores. ¿Qué es lo que realmente celebramos hoy? El riesgo consiste en reducirlo todo a la conmemoración de un prodigio: señaladísimo, crucial, ineludible, pero nada más que eso, una obra maravillosa obrada por mano eterna en las corrientes del tiempo.
Siendo así las cosas, podríamos también celebrar el paso del Mar Rojo o la visión de Isaías en el Templo. Pues prodigios los ha habido y los habrá. Hoy debería resquebrajarse algo, como se agrieta desde dentro un cascarón, como estalla en lento silencio la semilla bajo tierra. Como comienza a sangrar un corazón traspasado por la belleza hiriente del amor.
El Resucitado es antes de cualquier otra cosa el ser-manantial: en Él entrega y ser se devienen sinónimos y de este modo revela la naturaleza divina. Irradiación de sí, oblación de sí, don de sí. Ezequiel contempló las aguas que brotaban del templo nuevo. Hoy el centro de la creación, aquel nuevo árbol de vida enclavado en las tinieblas del viernes, se revela como dulzura fontanal, axis mundi más poderoso que el embate febril de los siglos.
El tallo está alzado y firme, los días van entibiándose, comienza la floración.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/152876
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Tanto tu comentario del Viernes Santo como el de hoy me llevan a la misma conclusión.
Jesús muere por nosotros pero la obra redentora sólo comienza en él para concluir en cada uno de nosotros.
Él es el primero en resucitar, el primogénito al que hemos de seguir para realizar en nuestra vida las mismas obras que él. De esa manera moriremos con él y resucitaremos con él, como dice San Pablo.
Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, pero si nocotros no nos incorporamos a él y lo seguimos, lo que se hace vana es nuestra propia vida.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Octavio Cortés
autor
Contacto








