La cena y la vida
20.03.08 @ 14:36:49. Archivado en biblia, teología mística
"Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» (Lc 22, 19) Sobre estas palabras gravita el misterio pascual entero.
En cierta manera, también aquí se funda la interpretación del significado eclesial de la acción simbólica: la gracia sacramental como lugar de Presencia y justificación. Entonces la pregunta que yo me hago hoy es, ¿a qué se refiera la palabra "esto"? O sea, ¿qué es "esto" que Jesús nos encarga hacer?
Porque yo no creo que se limite a la acción simbólica concreta propia del banquete compartido. Me gusta contemplar la cena como el remanso último del ancho lomo del río antes de la catarata: el final del camino, el comienzo de la nueva realidad. Y entonces supongo (quizás con franciscana imprudencia) que cuando Jesús encarga a los presentes "haced esto" no se refiere a lo sucedido en los últimos quince segundos (la bendición del pan) sino en los últimos tres años, en los últimos treinta y tres.
Haced esto: habitad el amor, ved la creación desde el interior clarísimo de la hoguera del corazón amante. Vivid en la libertad de los hijos del cielo, libres de violencias y rencores, de codicias y manipulaciones. "El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a donde va. Así son los nacidos del Espíritu" (Jn 3). Hace esto: sed ráfaga de amor iluminado, ráfaga libertadora que peine los campos de espigas y las oscuras laderas boscosas, los puertos ebrios de leyenda y la tapia a medianoche donde el jazmín convoca a los cómplices de amor. Sed ráfaga en que viaje la semilla de floraciones por venir, y los cantos aún no oídos del mundo por nacer, que la esperanza de tantos confió al viento divino. Haced esto.
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Jesús se queda como alimento y fortaleza nuestra, sabe de su traición, pero no nos abandona. Su muerte nos ayuda a ver el sentido de paso de la nuestra.
Sabemos que nos sostiene con la Eucaristía.
Haced esto:
El que quiera ser el primero sea vuestro servidor. Los jefes de las naciones las tiranizan y cargan las espaldas de los pobres con pesadas cargas, escalan puestos para ser servidos, no para servir. No sea así entre vosotros. Lavaos los pies unos a otros pues os he dado ejemplo.
Haced esto:
No ofrezcáis a Dios sacrificios ni ritos vacíos, ni tampoco el pan y el vino. Ofrecéos vosotros, vuestro cuerpo y vuestra sangre para la vida del mundo. En memoria mía, pues así me entrego yo, voluntariamente por amor.
Haced esto:
Os doy un mandato nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado. En esto conocerán que sois discípulos míos.
Haced esto:
Todo lo que habéis visto y oído, todo lo que os conté de Dios durante estos años que convivimos juntos.
Hacedlo en memoria mía y seréis hijos de vuestro padre como yo lo soy.
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Octavio Cortés
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