23.03.08 @ 12:49:08. Archivado en teología mística

Ayer oímos cosas admirables en el pregón pascual:
"Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos".
Uno se maravilla entonces al imaginar cómo será el día que siga a noche semejante. Más he aquí que al cabo acechan las mismas miserias y esplendores. ¿Qué es lo que realmente celebramos hoy? El riesgo consiste en reducirlo todo a la conmemoración de un prodigio: señaladísimo, crucial, ineludible, pero nada más que eso, una obra maravillosa obrada por mano eterna en las corrientes del tiempo.
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