(PD / Agencias).- Un destacado científico estadounidense acusa de mentir a los defensores del llamado creacionismo por insistir en que no hay fósiles que demuestren la existencia del eslabón perdido entre distintos grupos de criaturas. Según los creacionistas, que se apoyan en una lectura literal de la Biblia, la inexistencia de esos fósiles prueba que la teoría de la evolución de Charles Darwin es una falacia y que Dios creó a cada especie por separado.
En un artículo que se publica en el último número de la revista New Scientist, el geólogo Donald Prothero, del Occidental College de Los Ángeles (EEUU), acusa a aquéllos de exagerar al señalar que hay "enormes lagunas" en el mundo de los fósiles.
La evolución no es jerárquica
Según Prothero, la evolución no sigue una "escala jerárquica de abajo arriba" sino que es una especie de "arbusto con especies que se separan y que coexisten simultáneamente". "Así, por ejemplo, los simios y los humanos se separaron a partir de un antepasado común hace siete millones de años y ambas especies siguen ahí", explica.
"Por esa razón, el concepto del eslabón perdido sólo puede llamar a engaño. Una forma de transición no tiene por qué ser necesariamente un elemento perfectamente intermedio entre dos grupos de organismos", señala el científico estadounidense.
"Basta con que documente aspectos distintos de la transformación evolutiva que se produjo al separarse un linaje de otro", agrega. Según Prothero, los creacionistas no tienen en cuenta los numerosos fósiles de transición que se han descubierto desde que Charles Darwin escribió "El Origen de las Especies", en el que por cierto predijo que aquéllos irían poco a poco apareciendo.
Las mentiras "favoritas"
"La táctica favorita de los creacionistas es distorsionar o hacer caso omiso de las pruebas a favor de la evolución, y una de sus mentiras favoritas es que no hay fósiles de transición", dice el geólogo.
"Es manifiestamente mentira. Tenemos ya pruebas abundantes de cómo se relacionan los principales grupos de mamíferos más importantes, y muchas de esas pruebas son fósiles de transición", concluye Prothero.
Pero es que además la vida puede que sea algo más que un mero agregado complejo de moléculas orgánicas, en una determinada relación (y sólo por ella), y de igual forma la conciencia algo más que mera vida evolucionada exhibiendo una característica emergente que de alguna forma ya estaba contenida en ella, o pura complejificación de lo vivo.
El problema epistemológico aquí es que no se puede construir toda una teoría a partir de una conjetura estocástica de probabilidad casi nula. Es como si a un físico estadístico que está estudiando la evolución de un gas libre en una caja aislada se le dijera que un 90% del tiempo las moléculas se encuentran en la mitad izquierda todas. Etc.
Es decir, si se postula que, por azar y selección natural, han aparecido todas las especies a partir de una o varias células primigenias (y éstas, ¿de dónde?), entonces, si realmente son científicos, nos deben dar un cálculo de probabilidades de estos sucesos. Por mucha selección natural que haya, si el azar no genera las combinaciones más probables de sobrevivencia, no hay nada que hacer. Sean 4.500.000.000 o 100.000.000 de años.
Todavía no he leído (por no existir), de un neodarwinista, un cálculo de probabilidades serio que de cuenta de la aparición de una sóla función u órgano nuevo (que requiere del concurso de varios genes) en un determinado organismo. Si lo bubiera hecho, se daría cuenta de que es tan extremadamente baja que, a todos los efectos prácticos, es nula, si se consideran las leyes físicas y químicas. Pues todavía, en la teoría falaz de la evolución progresiva, hay quienes defienden que sucesos de probabilidad muy baja, pueden ocurrir en serie. Un absurdo.
Sábado, 22 de noviembre
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