Rusia IV. Moscú-San Petersburgo
04.10.07 @ 09:46:47. Archivado en Rusia
Nuestro último día en Moscú queríamos que fuera tranquilito. Yo tenia que hacerme a la idea de que iba a tener que pasar toda la noche en un tren de camino a San Petersburgo, y para mi, que tengo pánico al tren, era una prueba difícil de superar (no sería la primera vez que me bajo en mitad del trayecto), que requería tranquilidad y mentalización. Por esto decidimos ir de compras. Qué mejor forma de relajarse?
Comenzamos por los almacenes Gum. El impresionante edificio fue construido entre 1.988 y 1.993, en el lugar que ocupó el antiguo mercado de Moscú. Poco o nada queda ya de ese antiguo mercado. Lo mas parecido, los puestos en los que venden los típicos gorros de pelo, infinidad de insignias comunistas…, por que las tiendas de los almacenes son, en su mayoría, grandes firmas, Benetton, Dior, Kenzo,… Una gozada para una compradora nata y una faena para el bolsillo.
Seguimos dando un paseito y llegamos a la calle Arbat. Es, quizás la parte de Moscú que mejor refleja el cambio y la evolución del país. En esta calle, encontramos un mercadillo con puestos donde se podía comprar artesanía, matrioshkas, una mascara antigás de la Segunda Guerra Mundial, cualquier objeto con la cara de Lenin, carteles propagandísticos soviéticos originales… Mientras seguimos andando, nos encontramos con un grupo de gente bebiendo cerveza con una estrella de 5 puntas (símbolo del antiguo régimen) dibujado en la cara, teatro callejero,… y al final de paseo en una esquina un enorme McDonald´s, menudo shock verlo escrito en letras rusas, si Lenin levantara la cabeza…
Disfrutamos nuestros últimos momentos en la ciudad, paseando por el Teatro Bolshoi y la Plaza Roja. Regresamos al hotel, por donde nos iban a pasar a buscar para llevarnos a la estación de tren. El viaje lo hacíamos de noche, en compartimentos de literas para 4 personas. Nosotros tuvimos mucha suerte, nos tocó compartir con 2 chicas de Pamplona. La peor parte se la llevaron una pareja de Barcelona que compartieron con 2 rusos que no pararon de roncar en toda la noche. A mi me vino fenomenal, por que con el terror que me da el tren sabía que no iba a poder dormir en toda la noche, así que me pasé toda la noche con la pareja de Barcelona en el pasillo hablando, leyendo y al final ya, muriéndonos de la risa de puro cansancio.
Llegamos a San Petersburgo sobre las 9 de la mañana, hacia un frío horrible. Nos llevaron al hotel, una habitación normalita, pero con unas vistas impresionantes al Mar Báltico. Lo malo, la calefacción estaba estropeada, estaríamos como a unos 2 grados, una humedad tremenda y yo necesitaba dormir ya. Me metí en la cama con unas 5 mantas encima y me quede dormidita mientras Álvaro fue de prospección al centro de la ciudad. Vino a buscarme al hotel a mediodía, pero entre que me desperecé y volvimos al centro era casi de noche. Dimos una vuelta rapidita, lo justo para una primera impresión. Nada que ver con Moscú, mucho más imperial, monumental y muy alejada del modelo socialista que habíamos visto. Pero con un encanto especial gracias a sus múltiples canales.
Llegamos al hotel con el frío metido hasta los huesos y yo con unas incipientes llagas en la parte de atrás de la rodilla gracias a la terrible humedad, pero con muchísimas ganas de que llegara el día siguiente para poder disfrutar de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, el Hermitage, el Palacio de Catalina y demás maravillas que nos esperaban.
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