Rusia III. Moscú
03.09.07 @ 09:44:35. Archivado en Rusia
Nuestro segundo día en Moscú decidimos dedicarlo al Kremlin, antigua fortaleza, que fue durante siglos residencia de los zares y ahora lo es del presidente del país.
Comenzamos la visita por el exterior, dando un paseo por los alrededores de la muralla que tiene una longitud de 2.240metros. Durante este paseito pudimos ver las 20 torres que se encuentran en la muralla, incluida la llamada Spasskaya, que con sus 71 metros es la mas alta, y , por supuesto el monumento al soldado desconocido custodiado 24 horas al día, 365 días al año, haga viento, lluvia o calor, por un soldado ruso.
Una vez dentro del recinto, los edificios oficiales no se pueden visitar, pero si se puede entrar a las 4 catedrales, la Catedral de la Asunción, la de la Anunciación, la de San Miguel Arcángel y la Catedral de los Doce Apóstoles.
La Catedral de la Asunción es uno de los monumentos religiosos más grande y antiguo del Kremlin. En ella se coronaban a los zares y está enterrado Iván el Terrible. El interior es impresionante, espacioso, alto y con una claridad que sorprende. Llaman la atención las arañas de bronce que cuelgan del techo y el trono tallado en madera de Iván el Terrible.
Cerca de la Catedral de los Doce Apóstoles nos encontramos con el Cañón Tsar. El cañón con el mayor calibre del mundo, las balas de hierro fundido que necesita son realmente grandes. Vamos, que no entiendo como podían meterlas al cañón para disparar. Otra de las cosas curiosas que nos encontramos en esta plaza es una enorme campana, construida entre 1.733 y 1.735. En principio se supone que era para el Campanario de Iván el Terrible, pero los rusos y su manía de hacerlo todo a lo grande, no calcularon bien el tamaño y no entra en el campanario. Para que os hagáis una idea de su tamaño en un incendio se rompió un “pedacito” de casi 17 kg.
Cuando salimos del Kremlin era ya hora de comer. Así que, nos acercamos a un restaurante que conocimos el primer día, monisimo, donde comíamos comida rusa muy baratito y aunque los camareros no eran la alegría de la huerta, al menos eran educados.
Cuando salimos de comer llovía a mares y hacia un frío tremendo. Que mejor oportunidad para visitar el metro, calentito y bajo tierra. Una vez superado el vértigo de bajar las escaleras, junto con las de Praga las más altas y empinadas que conozco, te encuentras en un laberinto imposible de descifrar. Los nombres de las estaciones están escritos en cirílico, así como en la dirección que va el tren y, por supuesto los avisos por megafonía solo los dicen en ruso. En un par de días aprendimos a leer ruso, lo justo para saber donde estábamos y nos habían explicado que cuando estas en la línea 5, que tiene forma de circulo, la megafonía anuncia con voz masculina cuando el tren avanza en sentido de las agujas del reloj y con voz femenina cuando va en contra de las agujas del reloj. Y que las líneas radiales, utilizan voces masculinas cuando el tren se acerca al centro y femeninas cuando se alejan. Con estas indicaciones nos pudimos mover con más o menos acierto. Nos perdimos, claro, pero, al menos, conseguimos llegar a nuestro hotel. Las estaciones que más nos gustaron fueron Kievskaya, cuyos mosaicos representan la amistad entre el pueblo ucraniano y el ruso y Komsomolskaya cuya decoración representa la lucha del pueblo ruso por la libertad y la independencia. Aunque también merecen la pena Novoslabodskaya, con sus impresionantes vidrieras y la de la Plaza de la Revolución con más de 75 estatuas de bronce de distintos representantes del pueblo soviético de los años 30.
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espero algun dia poderla visitar
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