Cuba V
28.03.07 @ 12:04:21. Archivado en Caribe
Desde la ventana de nuestra habitación teníamos unas vistas inmejorables. Podíamos ver prácticamente toda la ciudad. Pero sobre todo destacaba el Monumento a José Martí de la Plaza de la Revolución.
Parecía que era fácil llegar y que estaba cerca, pero empezamos a andar y no llegábamos nunca. Después de más de una hora de paseo, cuando creíamos que estábamos llegando una pareja muy amable, nos preguntó a ver dónde queríamos ir. Se lo comentamos y nos dijeron un camino, supuestamente más rápido. Así que, nosotras confiadísimas les hicimos caso.
A los 5 minutos, una señora también muy amable nos preguntó si estábamos perdidas. A lo que nosotras contestamos que no, que queríamos ir a la Plaza de la Revolución y que nos habían dicho que este era el mejor camino. Pues nada más lejos de la realidad. La señora nos comentó que se había dado cuenta de la pareja que nos había parado y que llevaban un montón de tiempo siguiéndonos. Nos habían metido en un barrio bastante malo, seguramente con intención de robarnos.
Nos dimos la vuelta y, efectivamente, allí estaba la pareja disimulando. La señora nos dijo que no nos preocupáramos. Su marido era policía y ya les había dicho a la pareja que si no nos dejaban en paz le llamaba. Nosotras estábamos alucinando. Íbamos tan contentas caminando, haciéndonos fotos en todos los carteles que veíamos (“continuaremos la hazaña”… y demás), que no nos habíamos dado cuenta.
La señora se ofreció a acompañarnos hasta la Plaza. Y accedimos.
Nos acompañó hasta el mismo centro de la plaza. Mas de 2 horas de caminata (y eso que creíamos que estábamos cerca…). Queríamos agradecérselo de alguna manera, pero no quería dinero, así que le comentamos que si quería al día siguiente quedábamos con ella en la puerta de nuestro hotel y le podíamos dar algo de ropa que habíamos llevado para dejarla allí. Le gustó la idea. Al día siguiente llegó puntual a la cita. Le invitamos a un café y le dimos un montón de cosas que nos agradeció sinceramente.
Entre una cosa y otra llegamos a la Plaza de la Revolución a mediodía. Mal hecho. El calor era insoportable. Aun no entendemos como aguantan los cubanos las horas y horas de discurso de Fidel bajo un sol de justicia y un calor achicharrante en esa explanada de cemento. Nosotras no aguantamos mucho, justo ver el Monumento a Martí y el edificio en cuya fachada está el retrato del Che junto a su mítica frase “Hasta la victoria, siempre”.
Cuando estábamos a punto de derretirnos, tomamos un “cocotaxi” para volver al hotel. En vez de ir directamente a la piscinita, que era nuestra intención en un primer momento, decidimos ir a Copelia, la famosa heladería de la película “Fresa y Chocolate”, que estaba muy cerca de nuestro hotel.
Nos pusimos en una de las colas como todo el mundo. Pero a los pocos minutos se nos acercó uno de los guardas de la puerta para comentarnos que nosotras no necesitábamos hacer cola, que podíamos pasar directamente. Nosotras contestamos que no nos importaba hacer cola, no nos parecía bien pasar sin guardar la cola sólo por ser turistas. Pero el guarda insistió y no se quitó de nuestro lado hasta que accedimos a ir con el a la puerta para pasar directamente.
Terminamos el día en al terracita de la heladería tomándonos unos helados bieniiiiisimos.
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