Cuba II
21.03.07 @ 09:01:04. Archivado en Caribe
Nuestro primer día en La Habana. Nos levantamos de un salto y fuimos directamente al ventanal de la habitación. Las vistas eran aún más impresionantes de día. Podíamos ver prácticamente todo el malecón y la ciudad se perdía a lo lejos sin dejarnos ver su fin.
Bajamos a desayunar, para coger fuerzas. Teníamos por delante un largo día que queríamos aprovechar.
Nuestro hotel estaba entre La Habana Vieja y Vedado. Nos habían dado unas medicinas para entregar a unos médicos, familia de unos amigos nuestros. Vivian en Vedado, antiguo barrio residencial de La Habana. Decidimos ir andando, no parecía estar muy lejos y teníamos tiempo de sobra. Además así es como mejor se conocen las ciudades, callejeando, perdiéndose…
Así que, plano en mano salimos a la calle. Es cierto que los cubanos te paran por la calle cada dos pasos aproximadamente, pero también es cierto, que en el momento que les dices que no necesitas ayuda, que si, que eres española, de que parte de España eres y ellos te dicen que tienen un familiar a pocos kilómetros de tu casa, dejan que sigas tu camino. También es cierto, que la necesidad agudiza el ingenio y varias veces nos pidieron dinero con la misma excusa, “es que tengo asma y no tengo dinero para comprarme un inhalador, si me dais 10 dólares podría comprármelo”. La primera vez que dijimos que no nos sentimos fatal, pero después de 3 ó 4 veces con la misma historia nos dio la risa.
Después de un paseito, de casi una hora llegamos a casa de los médicos. Nos sorprendió su amabilidad, no nos conocían de nada, no tenían nada, la casa estaba literalmente vacía, bueno tenían lo justo 2 sillas, una cocinita, y una cama. Nos dieron un refresco, nos sentaron en las únicas sillas que tenían y nos invitaron a comer. No podíamos quedarnos comer, pero estuvimos un buen rato charlando con ellos mientras su bebé jugueteaba en el suelo.
Decidimos volver al hotel por el malecón, era el camino más largo. Pero un paseo por el malecón tiene un encanto especial. Antes de llegar al malecón, entramos a un "super" a comprar alguna cosita para comer. La verdad, es que no había mucha variedad, pero para nosotras suficiente. Compramos pan de molde, y tres paquetes de embutido. Nos fiamos de lo que ponía en el envase, mortadela, salchichón y jamón. Aunque no deberíamos haberlo hecho. Después de varios días comiendo mortadela, decidimos abrir el salchichón, y qué era? Mortadela. No pasa nada. Al día siguiente abrimos el jamón, y qué era? también mortadela. Nos dio tal ataque de risa, que casi nos quedamos sin comer ese día.
Nos sentamos en el malecón a comer. Una gozada estar allí sentadas, viendo los coches pasar, a los niños jugando a baseball, con ese calorcillo y ese olor tan especial que tiene allí el mar.
Casi sin darnos cuenta era ya media tarde, así que continuamos camino al hotel. Llegamos agotadas y quemaditas, hay que ver lo fuerte que pega allí el solete. Lo único que nos apetecía era un baño en la piscina y a descansar. Al día siguiente nos esperaba La Habana Vieja.
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