Cuba
20.03.07 @ 09:50:44. Archivado en Caribe
Mar y yo sólo teníamos 20 añitos cuando fuimos a Cuba. Era nuestro primer “gran viaje” solas. Teníamos muchísimas ganas de conocer Cuba, y como aún éramos estudiantes, nos pasamos todo el verano trabajando y ahorrando para poder pasar 10 días en Cuba.
Intentamos ahorrar lo máximo en el viaje, preferíamos pasar mas días en hoteles regulares que ir a hoteles estupendos sacrificando la duración de la visita. Por eso decidimos reservar el viaje por partes, en vez de contratar un paquete. Los vuelos por Internet, el hotel de La Habana y de Varadero directamente con las cadenas hoteleras y los traslados del aeropuerto al hotel, de La Habana a Varadero y de vuelta al aeropuerto con la Oficina de Turismo de Cuba.
Nos presentamos en el aeropuerto de Madrid 4 horas antes de la salida del vuelo, con la maleta llena de bikinis y ropita de verano y 400 dólares en el bolsillo para las dos.
Fuimos directamente a la oficina de la compañía aérea a la que habíamos comprado el billete, queríamos facturar las maletas lo antes posible para quitarnos las maletas de encima, pesaban como una tonelada cada una. Con nuestra mejor sonrisa le dimos al chico que estaba en el mostrador el localizador. El, también con su mejor sonrisa, nos dijo: “Inés Vázquez y Mar Gamarra, verdad? Madrid, Habana, ida y vuelta, verdad?” y nosotras muy emocionadas, respondimos: “si, si”. “perfecto”, nos dijo el chico, “la reserva está cancelada”. Nos quedamos mudas. Mar me miro como diciendo, “pero que has hecho?????”, por que yo me había encargado de hacer todas las reservas. Intenté hacer entender al chico que, nosotras no habíamos cancelado la reserva, que habíamos realizado el pago e incluso que teníamos una copia de la reserva, que, por supuesto, se la enseñé. Empezó a teclear de nuevo en el ordenador, miraba la copia de la reserva, la pantalla, de nuevo la reserva… así varias veces. Hasta que le dijimos que hiciera la que fuera, pero que teníamos la maleta llena de bikinis, y que teníamos que ir a Cuba como fuera, en España hacia mucho frío. Le debió hacer gracia por que nos miró y nos dijo, “tenéis razón. Ha habido un error informático. Tenéis otra reserva”. Y nos dio los billetes.
Uf!!! Primer problemilla salvado. Ya estábamos más tranquilas. Fuimos a facturar el equipaje. Entregamos nuestros billetes, pusimos las maletas en la cinta para pesar, entregamos los pasaportes, sonreímos y… la señorita nos dice, “este vuelo tiene overbooking. Tendrán que esperar a última hora, para ver si pueden embarcar”. Mar me miro, yo le miré y no nos pusimos a gritar por vergüenza. Pero, por que nosotras? Si quedan más de 3 horas para la salida del vuelo. Es imposible que tooooodos los pasajeros hayan sacado ya la tarjeta de embarque!!! La señorita nos vio la cara de desesperación y accedió a darnos las tarjetas de embarque. Mar me decía, “pero que pasa, les gusta ver la cara de acojono que ponemos cuando nos dicen algo así???”
En fin, ya teníamos la tarjeta de embarque y nos habíamos desecho de las maletas. Fuimos a buscar la puerta de embarque, antes de ir a tomar un café, no fuera que nos perdiéramos, llegáramos tarde y nos dejaran en tierra.
El vuelo sin problemas. Genial. Unas horas más tarde estábamos en Cuba. Era tardísimo, como las 11 de la noche, pero sólo teníamos que pasar la aduana, recoger las maletas, buscar a quien nos tenía que pasar a buscar y descansar en el hotel. Sólo.
Primer paso, aduana. Pasaporte y visado en mano nos dirigimos al policía. Teníamos que pasar una a una. Pasé yo primera. Le entregué todo y el policía muy serio comprobó los datos y que yo fuera verdaderamente la del pasaporte. Sellito y a cruzar la puerta. Me quedé sola, esperando a Mar y sin ver nada en absoluto. Estaba en un pasillo en mitad de la nada. Esperé, esperé, yyy por fin pasó Mar con su sellito en el pasaporte. Ella dice que fue rápido, pero a mi la espera se me hizo eterna. Pero ya íbamos camino de las maletas.
Salieron de las primeras, y ya con ellas en la mano. Salimos a buscar a alguien de la Oficina de Turismo de Cuba que nos iba a pasar a buscar. Le dije a Mar que tenían que tener un cartel que pusiera nuestro nombre o “Oficina de Turismo de Cuba”. Buscamos, leímos todos los carteles que vimos, dimos 20 vueltas al aeropuerto y nada. Jo, no nos lo podíamos creer.
Decidimos coger un taxi. Oficial. Si algo nos habían dicho era que no compráramos puros por la calle y que no se nos ocurriera coger un taxi que no fuera oficial. Así que, nosotras obedientes, taxi oficial. Le dimos la dirección del hotel y ala! carretera.
Mar, ya estaba un pelin nerviosa, y eso que ella es la tranquila. Yo estaba ya histérica. Y muy seria me preguntó, “Inés, en el hotel, tenemos reserva, verdad?”. Y yo le dije, “siiiiiii, por supuesto, 6 noches, sólo alojamiento”. Pero, sinceramente, después de todo los que nos había pasado me veía durmiendo en el malecón. Además el taxi nos cobró 15 dólares, y teniendo en cuenta nuestra precaria economía, ya estábamos pensando en que podíamos reducir gastos.
Entramos al hotel, hotelazo, la verdad es que, para lo que nos costó el hotel estaba genial. Fuimos a recepción. Una reserva a nombre de Inés Vázquez?, y sorprendentemente no hubo problemas. “Si, 6 noches, alojamiento y desayuno”. Nos miramos, DESAYUNO, genial. Nuestra economía estaba salvada.
La habitación estaba en la planta 19, era de noche y no había mucha luz, así que la mayor sorpresa nos la llevamos al día siguiente al despertar y ver las impresionantes vistas de toda la ciudad que teníamos.
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