
(Paul Monzón).-En la puerta de entrada a la "Casa del Hombre Doliente" en la ciudad de Guayaquil hay un cartel que dice:"Quien no vive para servir no sirve para vivir" Y eso es precisamente lo que un enfermo terminal encuentra allí: ayuda. Por eso,¿qué haría usted si supiera que tiene una enfermedad incurable y que inevitablemente va a morir? ¿Qué haría sin ningún recurso económico para aliviar sus últimos días, los peores de su enfermedad? ¿En dónde terminaría si las camas de los hospitales se necesitan para quienes sí tienen cura? En un país donde el índice de pobreza aumenta cada día ¿a quién recurriría? La Casa del hombre doliente es la respuesta, caida del cielo, a todas estas interrogantes.
A veinte minutos del centro de la ciudad se encuentra la Casa del Hombre Doliente, una Fundacion que vela porque los pacientes terminales que cobija vivan sus últinos días humanamente, en paz y con dignidad.
Jueves, 31 de mayo
Efrén Mayorga
Paul Monzón
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Julio Frank Salgado
Guillermo Roz
Asociación Cultural Vera Méndez
Karina Longo
Meir Finkel
Angel Monagas
Rolando Rodrich
Francisco R. Figueroa
Julio San Francisco