HACIA POLÍTICAS POÉTICAS
22.04.08 @ 17:13:42. Archivado en izquierdas y derechas
G.K. Chesterton en una carta periodística que versaba acerca del señor Rudyard Kipling hace un elogio comparativo acerca de cómo Byron dividió el mundo entre aburridos y aburridores. Unos aburridores poéticos, con un entusiasmo desbordante y una alegría solemne y unos aburridos prosaicos y pasivos, a la vez que expectantes.
En la política posmoderna lo esencial es el diseño. No importa tanto la función como el discurso, ni la gestión como el mensaje. Es una política retórica, en la que la semántica domina sobre la ideología y una innegable habilidad para articular flujos de comunicación de enorme eficacia mediática y persuasiva. Nuestros políticos, y más el partido del gobierno, son unos excelentes aburridores poéticos.
La composición del nuevo Gobierno responde a esa estrategia comunicativa. Sobre el difuso magma de competencias de los nuevos ministerios y las numerosas incógnitas de su acoplamiento a la compleja realidad administrativa de un Estado descentralizado, es el poder propagandístico del nombre lo que interesa en tanto viene a reforzar el discurso con connotaciones de modernidad y dinamismo. Sobre el tan cacareado Ministerio de Igualdad, nadie sabe cuales serán sus funciones, pero bueno Z tendrá en la carpeta de sus hechos haber creado un Ministerio con el que la totalidad de la población está a favor de su nombre y de su significado, no así de que para que servirá y sus funciones específicas, más que aumentar el gasto de la administración.
Es el impacto formal lo que determina su éxito y lo que subyace al fondo del mismo impulso creativo. Zapatero podrá ser un gobernante poco competente en la solución de problemas, pero es sumamente experto en la invención de superestructuras huecas, en el manejo de discursos livianos y en la composición de gestos de alta rentabilidad comunicativa y de titular.
Estamos en el hipertexto, en la sociedad digital, en el ciberespacio. Así se requiere de la política de algunas gotitas de magia, de estrellas fulgurantes, de ilusiones irrealistas. Parece que estamos en tiempos donde no basta con la racionalidad, ni con lo razonable. Casos como la vida rosa de Sarkozy o el modelo de primarias demócrata americano le dan una vuelta más a lo que es espectáculo de lo que a política real se refiere en si mismo.
El quid de la cuestión, para que ese hiperactivismo político en el que vivimos últimamente, donde en la vida de cada ciudadano hay otras más cosas además que la política, es conciliar la política abstracta y de espectáculo con la política real y realista.
Sería un buen camino para empezar a volver a ilusionar a la gente de a pie.
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Guillem Bertomeu
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