ELOGIO DE LA FAMILIA
01.01.08 @ 17:59:38. Archivado en españa
Artículo de Pilar Rahola
Publicado en La Vanguardia
Estoy muy harta de esa moda pijoprogre que ningunea la ilusión de estos días
Creo que salía en alguna de las fabulosas viñetas del Quico el Progre de José Luis Martín: “La familia que se pelea unida, permanece unida”. Muchos fuimos los progres que nos peleamos con la familia tradicional, dimos vueltas a la rueda de la utopía y pensamos que teníamos nuevas fórmulas, pero todos volvimos al Born. La familia, con sus contradicciones y sus pesadas cargas, continuaba siendo la fórmula más solidaria, más intensa que se había inventado para transitar por la vida. Y así, aquellos viejos revolucionarios de bolsillo, que creyeron romper con el viejo esquema de sus padres, acabaron con parejas estables, hijos diversos y una feliz vida tradicional. Por supuesto, la familia actual ha roto algunos yugos del modelo patriarcal, que le impedían respirar, y hoy cada cual dibuja a su manera el comedor de casa. ¿Qué es la familia? Sólo puede ser el entorno deseado, ese espacio de vida compartida, donde se aplauden los éxitos y se recomponen los rotos. Por supuesto, los modelos son tan diversos como la vida y sus menesteres permiten, pero al final del camino, el comedor de casa, si funciona, es lo más parecido a la felicidad. Quizás el lugar donde se escriben los renglones más intensos del libro de la vida.Estos días de fiesta, ese comedor de casa hierve de emociones, huele a sopa de otros tiempos, revolotea por los sueños de los niños, sobrecarga la piel del calendario.
Sé que no son fiestas fáciles para todos, y algunos las viven con la misma intensidad, pero por la zona oscura de la tristeza. Pero, perdonen el atrevimiento, si la parca no ha visitado el lecho de ninguno de los nuestros, si el bolsillo permite algún respiro en la carta de los Reyes, si estamos los que deseamos estar, no conozco ningún rincón del calendario tan bello como este. Ya sé que hacer un elogio de
la Navidad y sus fiestas es tanto como ponerse una diana en la sonrisa y dejar que la borren tirándole dardos de trascendente reflexión. Que si el consumo se dispara más allá de los esforzados monederos. Que si los niños son carne de cañón de la impía industria del juguete. Que si devoramos como si fuera nuestro último día en la tierra, convirtiendo nuestras mesas en el paraíso de los triglicéridos. Que si no está bien tanto derroche… Y probablemente es cierto. Cada una de las reflexiones críticas que convierten a las Navidades en las fiestas con la peor mala conciencia del calendario tiene su pesada carga moral.Pero les diré que estoy muy harta de esa moda pijoprogre que ningunea la ilusión de estos días y que repite, como si fuera el primer punto del catecismo de la corrección política: “No me gustan nada estas fiestas”. Me parece una pose elitista, típicamente intelectualoide, y más propio de los que van sobrados que de los que hacen lo que pueden. El desprecio de
la Navidad tiene más que ver con la riqueza que con la pobreza. Riqueza con una mala conciencia muy de izquierdas.Me permito la doble temeridad de asegurar que soy feliz, especialmente en estos días de luces iluminando nuestros rincones del alma. Me preguntaba mi hija pequeña, mientras encendíamos las velitas del pesebre, por qué ella no tenía la capacidad de hacer magia. Los Reyes Magos ¿cómo lo hacen?; Papá Noel ¿cómo llega desde la nieve?; el Tió ¿cómo convierte su pelado tronco en un espacio de maravillas? Yen el intento de dar algunas respuestas, la vida sobrecargaba mi piel, taponaba mis inseguridades, adquiría su verdad más profunda. ¿Hay algo más bello que un niño a las puertas de su ilusión? ¿Hay algo más intenso que una familia que se ama? Red que nos recoge cuando caemos desde las falsas atalayas del éxito, o cuando los amores rotos nos dejan hechos un roto; espacio donde aprendemos a conjugar, a trompicones, el verbo convivir; mapamundi de nuestros hijos de lejanas tierras, cuando la fuerza indómita del amor traspasa fronteras; milagro de la genética, cuando la biología nos regala niños con la mirada del abuelo; punto de partida y de retorno, en el camino solitario de la vida, la familia es lo más auténtico que hemos creado, lo más sólido.Y estos días explota con toda su fuerza, condensada en la legendaria sopa que la madre de todas las madres nos cuece, en largas horas de sabiduría. Madre que es el sentido mismo de la vida. Pura belleza.
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Guillem Bertomeu
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