La unión europea busca ideólogo
25.05.06 @ 11:33:15. Archivado en europa
UNA carga excepcional de odios lastraba el encuentro entre un ex presidente de la República francesa, Giscard d“Estaing, y el presidente Jacques Chirac. El aristocratizante Giscard llevaba muy pensada su estrategia y no esperaba menos el Chirac que acude como nadie a las ferias agrícolas. Giscard le pidió a su máximo enemigo apoyo para presidir la Convención Europea que iba a redactar el Tratado Constitucional. Chirac le vio a sus pies, a punto de degüello. Comenzó por decir no. Giscard bajó un poco más sus párpados de viejo mandarín y le respondió que así no le quedaba más remedio que presentarse a las elecciones presidenciales francesas. Chirac fue muy presto en cambiar el no por un sí. Esa es al menos la manera como lo cuenta la leyenda y así fue luego cómo lo que debía ser un resumen -un digesto- de leyes y normas comunitarias pasó a ser un texto indigestible con pretensiones de Magna Carta. La bola de nieve del «no» tomó demasiado cuerpo en los referéndums, en Francia y en Holanda. Giscard había fracasado en su pretensión de ser el padre de la nueva Europa pero eso no le cohíbe. Pide ahora que se vote de nuevo. Ayer declaraba a «The Financial Times» que no fue Francia la que dijo que no, porque un 45 por ciento de franceses dijeron que sí. Siempre sorprende que hombres de inteligencia tan acreditada puedan llegar a esos extremos.
A eso se debe en parte que la Unión Europea ande buscando un ideólogo que le proporcione la fórmula para desatrancar las puertas. Una de las fórmulas más recientes es «La Europa cosmopolita» de Ulrich Beck. Hace poco apareció «El sueño europeo» de Jeremy Rifkin y también «Por qué Europa liderará el siglo XXI», de Mark Leonard. Son libros de inteligencia, muy bien documentados, con hallazgos analíticos y mérito expositivo, pero tienen en común que fueron concebidos o antes o muy poco después de los atentados de Madrid y de Londres, de los disturbios franceses, del no de Francia y Holanda al Tratado Constitucional. No han podido diagnosticar los síntomas de renacionalización, ni las dimensiones del Euro-Islam, ni el recauchutado ruso. En «El sueño europeo» Rifkin habla de un sueño europeo que eclipsará al sueño americano: no lo avalan los datos económicos, militares, demográficos y geoestratégicos. Dicho sea de paso, ese es un libro que parece encargado por Romano Prodi. «Por qué Europa liderará el siglo XXI», de Mark Leonard ofrece una prospectiva insostenible, en primer lugar porque quién sabe qué puede ocurrir en el siglo XXI y en segundo lugar porque si acaso será el siglo de Asia. Por parte de Ulrich Beck, suponer que un nuevo cosmopolitismo pueda ser la solución de una Europa envejecida y sin voluntad tiene más de lírica que de sociología. Beck insiste en que se debería «cosmopolitizar» la sociedad civil europea. Es difícil hacer algo que no se sabe qué es con algo que no se sabe si existe. El infierno está empedrado de buenas intenciones. El simbolismo de las becas Erasmo contrasta con un «ranking» mundial de universidades en el que la Europa que inventó la «universitas» cuenta para poco.
A todas las incertidumbres se añade la aparición brutal del petróleo como palanca geoestratégica y como arma de poder, más que nunca. En la Unión Europa, la crisis de confianza es tangible. En su día Irak, ahora Irán: habrá que hilar muy fino para rehacer el vínculo del atlantismo. En época necesitada de eurorrealismo, reaparecen de forma pintoresca Giscard y su Tratado Constitucional nonato. Además, ya se ve que por ahora los ideólogos no aciertan. Lo que seguramente faltan son lideratos fuertes y claros, con capacidad de seducción y valor operativo. De momento, Angela Merkel viaja.
vpuig@abc.es (opinión en ABC del día 25 de Mayo de 2006)
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Guillem Bertomeu
autor
Contacto


