No a viejos conflictos
24.12.05 @ 18:44:33. Archivado en la batalla de valencia
La conciencia de valencianidad data de principios de siglo con figuras como Constantí Llombart, Faustí Barberá o Vicent Tomás i Martí. Pasando los años treinta con un incipiente movimiento político que eclosiona en el franquismo con Xavier Casp y Miquel Adlert y también con Emili Beüt y Sanchis Guarner, coronando la trayectoria en 1962 Joan Fuster y su Nosaltres els valencians.
Fuster marcó un punto de inflexión en la configuración de lo que conocemos como nacionalismo valenciano. Fue una bomba despertadora de conciencias y sensibilidades, traidor y padre de la Patria, mezcla de contradicciones y compromisos, de amores y odios. Hizo una propuesta identitaria tan radical en plena transición que posibilita que los valencianos despierten de la larga noche uniformadora de la dictadura y se posicionen, a favor o en contra, en la defensa de sus creencias.
Años setenta con la guerra de los símbolos y la naturaleza de la lengua de los valencianos. Energías que se demostraron en la grandiosa manifestación a favor de la Autonomía un 9 d´ Octubre de 1977, conviviendo sensibilidades y banderas diferentes en una idea común, la recuperación del autogobierno. Un ideal torpedeado por más de una década de batallitas respecto a la franja azul o la cuatribarrada, el Reino o el País, la invasión catalana o la pérfida España. Así los valencianos perdimos el tren de las nacionalidades históricas, consiguiendo la derrota colectiva de configurarnos como una comunidad autónoma de segunda, tutelada desde Madrid por los dos partidos mayoritarios y aprobando los últimos de todo el Estado nuestro Estatut.
El valencianismo nacía dividido. Los conocidos como pancas, de raíz fusteriana y defensores de la unidad lingüística, del término País Valencià y la cuatribarrada, perdieron la calle pero ganaron la Universidad. Perdieron la bandera pero ganaron la lengua. Partían de una intelectualidad irreprochable y no entendían como un movimiento popular como el blaverismo les ganaba la carrera defendiendo todo aquello que se pudiera llevar al hombro, como la Senyera. En la otra orilla, los “blaveros”, defensores del azul, del Regne de Valencia y de la existencia del idioma valenciano, basaban su discurso en la ideología del “no”, fervientes anticatalanistas y definiéndose sólo con lo que se negaban a ser.
Son tiempos del vandálico GAV, del histerismo de Las Provincias, de bombas a librerías y también de las afrentas de los gobiernos socialistas con campañas para incluirnos en unos fantasmagóricos Países Catalanes. Tiempos negros que la sociedad valenciana no se merece repetir.
La aparición de pseudopolíticos con un mensaje populista y visceral nos devuelve al túnel de hace veinte años, una comunidad acomplejada, triste y segundona. No pueden, ciertos protagonismos, hipotecar el futuro político y la convivencia de nuestro pueblo. Seamos consecuentes.
Sumario: Miremos al futuro, por favor
Guillem Bertomeu
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