La peor legislatura de la democracia II: más sobre las raíces
08.12.07 @ 00:16:14. Archivado en actualidad
Junto al concepto de "cultura de la responsabilidad" que introducíamos en el artículo anterior como uno de los pilares sobre los que debe fundarse cualquier modelo de convivencia social que realmente pretenda una estabilidad y solidez a prueba de avatares coyunturales, hay que añadir el tan polémico concepto de "libertad" como el segundo gran soporte de este modelo social que realmente pueda consolidar algo semejante a eso que llamamos "democracia".
Pues bien, la libertad es algo que va ligado de forma indisoluble a la responsabilidad. Si comúnmente se entiende por libertad la capacidad o la posibilidad de realizar elecciones sin que medie ningún tipo de coacción, y consecuentemente a esas elecciones la correspondiente toma de decisiones, hay que distinguir sin embargo dos dimensiones de esa libertad entendida como capacidad de elegir.
La primera dimensión es la que pone el acento sobre el objeto que se elige, y es la que predomina de forma abrumadora en nuestra sociedad actual. Es lo que podríamos llamar también la "cultura de hipermercado", siguiendo a Lipovetsky. El sujeto se enfrenta a la vida en sociedad como si entrara en una enorme superficie comercial, donde no tiene más que ir eligiendo el producto deseado, mientras deshecha aquello que no es de su agrado. Esta concepción de la libertad, dominante por doquier hoy en día, es la responsable de la degradación completa de las formas más elementales de convivencia social. Insistimos, en esta forma de entender la libertad se pone el acento en los objetos que podemos elegir.
Muestras más que significativas de esta forma de malentender la libertad, que no es sino la manifestación más clara de lo que en el artículo anterior llamábamos la "cultura de la libre disposición" (del objeto de consumo) o "cultura de la irresponsabilidad" son leyes como la del "divorcio express" o la que equipara al matrimonio las uniones de personas del mismo sexo. En ambos casos lo que subyace es ese falso concepto de libertad como libre disposición de algo que se ha cosificado: libre elección y libre disposición de pareja, de orientación sexual, de tomar o dejar según momentos coyunturales, en fin todo eso que se puede resumir con el tópico del "usar y tirar".
Recientemente tuve oír en un debate en el que participé sobre los "matrimonios" de personas del mismo sexo el siguiente argumento: que el significado jurídico preciso del término matrimonio (referido en exclusiva al matrimonio civil, por supuesto) era irrelevante, pues lo que "estaba en la calle" era que se puede llamar matrimonio a muchas clases de uniones entre adultos. Detengámonos por un momento en esta terrible salvajada. El matrimonio civil tiene su origen jurídico en el Derecho Romano, y no tiene nada que ver con las posteriores influencias del cristianismo. Como institución civil romana, "matrimonio" significa la institución orientada a la protección de la matrix, la matriz, de donde deriva la palabra matri-monio, es decir, la institución orientada a proteger la maternidad mediante un vínculo permanente y estable de la mujer con el hombre al que correspondía la responsabilidad de "pater familias".
Matrimonio, por tanto, en el lenguaje jurídico, es la unión de un hombre y una mujer orientada a la protección de los hijos venideros. Todo lo demás será otra cosa, pero no un matrimonio. Pues bien, según el argumento esgrimido en aquél debate, lo que la ciencia jurídica tenga que decir al respecto es irrelevante: lo que cuenta es la percepción que exista "en la calle".
Si este "argumento" se extrapolara, por ejemplo, a la ciencia médica, sería como decir que los diagnósticos y las terapias orientadas a curar una enfermedad cardiovascular crónica son irrelevantes, pues lo que realmente cuenta es lo que exista "en la calle". De este modo se desvirtúan los saberes especializados y se pervierten en función de modas más o menos impuestas en las mentalidades más jóvenes mediante operaciones de ingeniería social cada vez más refinadas.
Sirva este ejemplo como muestra de lo que puede suponer la cultura del "usar y tirar": el criterio de validez pasa a ser "lo que está en la calle", y por tanto el individuo se convierte en dueño y señor absoluto a la hora de decidir aquello que toma y aquello que deja, lo que tiene validez y lo que no la tiene. Sin embargo, la realidad de la existencia humana viene a contradecir radicalmente esta percepción, y la contradice desde el hecho más absoluto que acompaña la condición humana: la muerte. Es completamente imposible elegir entre morir o no morir, punto de partida de todos los existencialismos del siglo XX; a partir de ahí, y de forma retrospectiva, se adivina un cúmulo de elecciones imposibles por la simple razón de que la verdadera condición humana es la de "ser arrojado a la existencia" y sujeto, lo queramos o no, a los caprichos del azar. Esta constatación nos devuelve de inmediato a esa cultura de la responsabilidad por la que abogamos, y que va unida al verdadero concepto de libertad.
Ya vimos que "responsabilidad" es la capacidad de "dar respuesta" que tiene el ser humano a todo aquello que la existencia le va poniendo al encuentro en su devenir; pues bien, la verdadera libertad consiste no en la capacidad de elegir entre objetos de consumo, personas incluídas, sino precisamente en la capacidad de elegir el tipo de respuesta personal que hemos decidido dar a todo aquello que desde la alteridad o exterioridad nos interpela de un modo ineludiblemente fáctico. Aquí se opera una inversión de primera magnitud: libertad no es elegir cosas, no es elegir sobre objetos externos "de consumo", sino elegir sobre uno mismo, sobre la propia interioridad y sobre las propias respuestas vitales que van unidas a las más transcendentales decisiones que cada ser humano debe tomar sobre su propia existencia.
Dejemos, pues definida la doble ecuación sobre la que pivotará el resto del balance de la presente legislatura, y que se formula de modo dialéctico o dicotómico de la siguiente forma:
1.- Cultura de la irresponsabilidad = cultura de la libre disposición = libertad de elegir entre diversos objetos de consumo (incluidas las personas).
2.- Cultura de la responsabilidad = cultura de la indisponibilidad = libertad para elegir el tipo de respuestas vitales propias, subjetivas e interiores.
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Esta censura es la primera piedra en la renovación conservadora. Ya no es util ni la rosa blanca,ni hazte oir, ni danaes y que decir de peones negros etc. Vocento-Gallardon se posicionan como los nuevos dueños de la derecha. Ahora ya sabe como se siente Del Olmo y ABC después del linchamiento.
http://www.elconfidencial.com/cache/2007/12/11/8_aznar_olvida_tambien_pacificador_euskadi.html
Hostias esto se está poniendo feo...Para mí q los paseos por los cementerios, o el método ruso d acallar a las voces discrepantes, está en estudio.
D. ALEJANDRO CAMPOY, un luchador por las libertades, por los derechos d los ciudadanos. El ciudadano q reivindicó la memoria de Miguel Angel Blanco, cuando otros la pisoteaban y pisotean.
Gracias por existir. Gracias por la valentía q nosotros, cobardes, no tenemos. Mi apoyo más q incondicional, eterno. Gracias por alimentar nuestro intelecto, nuestro espíritu. Gracias por defender nuestra dignidad d ciudadanos, q nosotros "callados como...", no hacemos. Nuestra cobardía hace q hombre como Vd. existan y estén ahí. Gracias.
Si quieres, yo publico tu artículo y seguro que otros muchos blogueros también harán lo mismo.
Un saludo y cuídate de los trolls mercenarios del P$o€, que ya veo que tienes a alguno por aquí de guardia.
El Cerrajero
http://elcerrajero.blogspot.com
Un saludo.
Por si los tiquis miquis
Porque el "cerebrito" que defendiera ante usted que lo importante es "lo que está en la calle" no sólo decía una barbaridad histórica y jurídica, sino que mostraba su más completo desprecio por conocer la realidad y el origen de la institución matrimonial. Sólo construyendo sin cimientos se pueden llegar a disparates semejantes. Y claro, los cimientos sirven para algo. La aniquilación del sistema educativo y la destrucción de la curiosidad son piedras angulares del proceso planificado de destrucción de la sociedad libre.
Le sugueriría, además, incluir también la "responsabilidad ante los demás" (la jurídica, por ejemplo) como elemento esencial de su análisis, ya que también esta ha sido vapuleada hasta lo grotesco.
Saludos
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