Dios viaja en autobús
08.01.09 @ 18:40:40. Archivado en Etica
Dios viaja en autobús podría ser el título de este comentario. Como muchos de ustedes saben, una asociación de “ateos” ha contratado, primero en Londres, y ahora en Barcelona, la aparición de este anuncio en algunos autobuses urbanos: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”. Parece ser que la asociación hace gestiones en Valencia, Madrid y Bilbao para desarrollar la misma campaña.
La iniciativa de esta asociación es una noticia menor, pero tiene su importancia por lo que significa. En primer lugar está la cuestión de su derecho a expresar con libertad unas convicciones sobre Dios. Nada que objetar. Muy bien. Dicen que “probablemente” no existe. Por tanto, rigurosamente hablando, no son ateos. Como ven, se ponen a cubierto con el “probablemente”. Hacen bien. Es más inteligente decirlo así.
Es interesante, además, que algo así ocurra en nuestras sociedades. Demuestra que eso de las libertades civiles tiene un alto grado de verdad entre nosotros. No siempre, claro está. ¡Qué mal llevamos que nos cuestionen en nuestras convicciones políticas y religiosas! Decimos que no somos gente de partido e iglesia, pero nos cuesta un triunfo dialogar sobre la nación o Dios, por ejemplo, sin discutir y alterarnos. Así que por lo que representa de libertad de pensamiento y expresión, nada que objetar.
Sin embargo, sí que tengo reservas. La primera es muy sutil y no le voy a dar una importancia exagerada. En una administración pública laica, y si se trata de empresas de transporte públicas, laicas tienen que ser sus actuaciones. Así que, a mi juicio, esas empresas no podrían contratar la exposición de mensajes religiosos o antirreligiosos en sus autobuses. Si las empresas son privadas, la cosa es distinta, y habría que ver las condiciones del contrato, pero en principio son libres para hacerlo o no.
Mi discrepancia más profunda es, sin embargo, con la segunda parte del anuncio. “Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Es decir, porque “probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”.
Y yo me pregunto, ¿quién les ha dicho a estos señores que la fe en Dios provoca preocupaciones vanas, y no, por el contrario, paz, dicha, y coraje interior ante la vida? Yo doy fe de esto. Modestamente, claro está. Y me pregunto, ¿quién les ha dicho a estos señores que la fe en Dios aleja del disfrute inteligente de la vida? Son convencionales.
Y sigo, ¿por qué no hablamos de qué es disfrutar y despreocuparse? A lo mejor nos encontramos con que hay que reprochar a la religión tal o cual exageración. Lo afirmo. Veamos cuáles. Pero a lo mejor descubrimos, también, que estos señores llaman “disfrutar y despreocuparse” a consumos inútiles o a vivir como si los otros no existieran. El problema, entonces, ya no es Dios, sino que no queremos saber nada de nadie fuera de nuestro círculo privado, y la conciencia moral, ¡religiosa o civil!, nos molesta. Y esto sí que no.
En un mundo cada día más abierto y conocedor de cómo viven los otros, la corresponsabilidad de unos con otros es mayor, y el silencio sobre la desgracia ajena, o el disfrute que no alcanza a otros, o el gozo que arruina el planeta, es injusto para ateos, creyentes y agnósticos.
Por tanto, hablar de Dios, sí o no, es distinto a hablar de “qué preocupaciones tenemos y qué es disfrute de la vida”. Son asuntos que tienen su entidad específica, cada uno, y que con el sí o el no a Dios los podemos interpretar de modo peculiar, pero no contrario. Porque la persona y sus derechos, y especialmente los de las más débiles, están ahí como una exigencia moral y social, ineludible. Nos demos pie a confusiones en esto.
Así que, amigos míos, creyentes y no creyentes, una cosa es que afirmemos o neguemos a Dios, y otra que podamos dejar de preocuparnos y disfrutar de la vida sin aclarar qué significa esto en relación a nosotros mismos y ¡a los otros!
De hecho, por poner un ejemplo, en las finanzas y negocios “tan rápidos como obscuros” que hemos conocido recientemente, mucha gente ha obedecido con fervor a lo que dice el anuncio, “dejar de preocuparse y disfrutar de la vida”, y así nos va a los demás. No conviene confundir el no a Dios, con una vida sin preocupaciones y plena de disfrute, ¡es ridículo!, y menos todavía, con el no al compromiso con la dignidad y derechos iguales propios y ajenos. El anuncio no lo hace, pero lo puede provocar.
Comentarios:
Me gustaría compartir con ustedes mi artículo sobre el mismo tema que he escrito en mi blog: http://elsenordelosespejos.wordpress.com
Más o menos camino en paralelo con usted, no sé si es que al ser ambos creyentes, coincidimos por fuerza en las conclusiones; y esto me hace ilusión: que dos personas que no se conocen de nada opinen de forma similar ante un asunto no de forma, pero sí de fondo.
Saludos.
Y Juambi, agradezco tu aportación "tan teológica" al blog. Saludos.
"No sé si sabes bien de las dificultades de fundamentar, desde un punto de vista bíblico, el denominado pecado original", escribes.
Yo me confieso pecador, pero me parece que la soberbia de mi contrición no tiene parangón con tu impostada duda metódica.
De todas formas, liquidar el Magisterio acerca de nuestra pobre naturaleza humana con el socorrido recurso a la Gracia es jugar con trampa: el cristiano tiene esperanza, sin duda, pero se reconoce pecador. La iglesia y los cristianos están pidiendo perdón continuamente, y no creo que eso sea criticable. Encontrar un comunista que pida perdón, por ejemplo, nos obligaría a entrar en los terrenos de la magia.
Saludos.
No sé si sabes bien de las dificultades de fundamentar, desde un punto de vista bíblico, el denominado pecado original. En todo caso, sería un pecado por analogía; no un pecado personal. Es este un debate teológico muy de actualidad y serio. Quizás, y digo quizás, Tamayo apueste por otras posturas o vaya usted a saber. No obstante, no creo que nadie ponga en duda la concupiscenica, la inclinación que el ser humano experimenta hacia el mal. El Discípulo Amado nos habla del "pecado del mundo" (el mundo como categoría teológica de este orden de cosas que se opone al Reinado de Dios y su justicia). La Iglesia nos habla del pecado "estructural"...
¡Cómo dudar de la intrínseca maldad del género humano si me mandas al infierno en tu último mensaje y casi me siento halagado!
Es absurdo que aún haya gente que no crea en el pecado original, con todo lo que llevamos dentro, ¿no crees?
Bien dijo Chesterton que el pecado original es el únito elemento de todo el dogma católico rigurosamente comprobable en la realidad.
Saludos de un pecador, si bien mis muchos pecados no borran los muy graves del Tamayo.
P.-
Me alegra que te sumes al estimulante carro de la ironía, porque, evidentemente, ese comentario tuyo de que con Tamayo "no soy justo" es demasiado sarcástico, demasiado cruel hacia ese hombre. Sin duda no hay ser vivo que acumule tanto odio hacia la iglesia de Cristo como semejante depravado, pero no habría que llevar la crueldad al límite de simular que me regañas.
Pedro, siempre "irónico", me libras por esta vez de tus dardos; creo sinceramente que con Tamayo no eres justo.
Sobre la propuesta de Juambi, la pensaré. Le invito a que él nos ilustre ya con sus "intuiciones".
Saludos
A modo de sugerencia, y dado que algunos comentaristas mezclan fe y moral de modo confuso, se podría plantear a D. José Ignacio sobre la posibilidad de un post dedicado a la fundamentación de la ética cristiana (moral, ética; relación fe-ética; especificidad de la moral cristiana; etc.).
Porque, como es público y notorio, para ser "cristiano progresista" ni siquiera es necesario creer en la existencia de Dios. Más bien se debe prescindir de esa rémora neocon.
Saludos, estimado Calleja, y permíteme la ironía, sabiendo que nada tienes que ver con esa recua de chiflados.
"Protección de menores" le llamaban. Ha colaborado el Patronato de la Merced y el Patronato de San Pablo. Es la preocupación por la familia. La de ellos.
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