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J. Ignacio Calleja Sáenz de NavarreteJ. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

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Un comentario de urgencia al Manifiesto por la laicidad

Permalink 08.09.08 @ 12:50:40. Archivado en Etica

No me termina de convencer el manifiesto de Redes Cristianas por la laicidad en algunos detalles importantes.

Yo creo que no diferencia bien el espacio público político (Estado en sentido estricto), y el espacio público civil (la sociedad civil).

El primero es laico, sin duda. El segundo es ideológicamente plural, como lo son los ciudadanos y sus asociaciones más diversas. En consecuencia, la Iglesia no es Estado, de ningún modo, pero sí es sociedad civil; un católico pertenece a la sociedad civil de muchas maneras, individuales y asociadas, y una de ellas es a través de la Iglesia. Ésta, la Iglesia, y sus miembros, los cristianos (ciudadanos) tienen en esa sociedad civil, ante el Estado, los mismos derechos y deberes de cualquier asociación que la ley general democrática admita. Derechos, y deberes, que como diré se sustancian ante todo en la afirmación de los DH, en el respeto de las reglas democráticas al concretarlos como ley, y en las razones seculares o de razón común para debatir esto.

Por tanto, la laicidad no es una ideología peculiar de los Estados y de las sociedades civiles democráticas, sino una característica del Estado Democrático que se traduce, fundamentalmente, en su neutralidad ideológica, ¡que no indiferencia hacia las cosmovisiones o desprecio! y para la sociedad civil, los ciudadanos y sus asociaciones, religiosas o no, en respeto democrático del pluralismo general que las caracteriza en todos los órdenes. En este sentido, sólo en este sentido, todos somos laicos antes de ser religiosos o no.

Ambos, Estado y sociedad civil, se conducen en el marco de las declaraciones de derechos humanos, cuya historia aporta ya una tradición ética y jurídica clara, si bien siempre requerida de nuevos desarrollos e impulsada por las necesidades y consensos peculiares de un país. El Estado, por ley, vigila e impulsa este desarrollo de los DH en su sociedad, y la sociedad civil inspira y reclama de su Estado que traduzca a ley sus preferencias, siempre dentro de los Derechos Humanos fundamentales, y especialmente, de los derechos de los grupos menos reconocidos por cualquier razón. La laicidad, dijo Marina en su intervención en el Congreso de Teología de la Juan XXIII,'no es una realidad, es un proyecto para construir un espacio social democrático, justo, respetuoso con los derechos de todos, que no se cierra a la religión, que no expulsa a las religiones, sino que las protege situándolas, sin embargo, dentro del marco ético en el que todos queremos vivir'.

Y la Asociación de Teólogos dice con acierto en su mensaje final, "La laicidad, finalmente, es el marco jurídico y político en el que caben todas las creencias e ideologías. Los cristianos y cristianas están llamados a colaborar en la construcción de un Estado laico que haga posible una sociedad justa y solidaria, sin discriminaciones por razones religiosas, culturales o sociales". Así es.

La laicidad del Estado, una característica más procedimental que doctrinal, reclama su plena autonomía de cualquier magisterio religioso o cosmovisión religiosa con pretensiones de única verdad, esto es así; a veces se olvida; pero el Estado está sometido a las ética civil que él no crea, fundamentalmente, sino que la recibe de la creatividad de la sociedad civil en sus múltiples sujetos e iniciativas, democráticas y razonadas. Por tanto, su autonomía moral es relativa a la ética civil, o moral compartida por una sociedad civil democrática, en cuyo seno están las iglesias, y a la que deben colaborar con sus argumentos y propuestas traducidas a razón común y democrática.

El Estado tampoco puede convertirse en una vanguardia moral omnisciente. Y quizá menos todavía la Iglesia. Ella ha abusado de su posición "política", y un papel más modesto y evangélico es imprescindible para evangelizar, pero en democracia sigue con los derechos y deberes de todo miembro de la sociedad civil. Por tanto, el argumento religioso es legítimo, como predicación de la fe, pero no es suficiente ni propio, como argumento ético universal y obligatorio. Hay que acostumbrarse a distinguir lo religioso y lo ético al hablar, y exigir moralmente "las cosas" en lenguaje secular o ético. Y por ende, lenguaje entre iguales que tienen que acordar y hacer democráticamente leyes entre todos y para todos.

Por tanto, otra vez, la autonomía de lo político, el espacio público político, respecto de lo religioso, tiene que ser plena; la autonomía de lo civil, el espacio público civil, respecto a lo religioso, tiene que ser de libertad, respeto, libre expresión de creencias y, al cabo, buenas razones democráticas. Son dos ámbitos distintos, el político y el civil, y su autonomía respecto de lo religioso, también distinta. Por ejemplo, los símbolos religiosos tienen que desaparecer del espacio público político, pero no necesariamente del espacio público civil. La religión confesional no parece muy propia en la escuela pública, pero el hecho religioso, sí. La cuestión estará en ocasiones en si algo pertenece o no a uno de esos espacios, o si para respetar los derechos humanos de todos, hay que poner límite a cómo otros entienden los suyos. Esto es ya la inteligencia de la política para ordenar y pactar desde los más débiles y la razón democrática.

Pero la idea sigue en pie, laico es el Estado; la sociedad civil es ideológicamente plural, religiosa o no, y siempre democrática y argumentadora. Y por eso, apuesto por un Estado laico, pero no por una sociedad laica, sino abierta, diversa en creencias, democrática, razonadora y en diálogo secular hecho leyes. Ni siquiera por una sociedad secularizada, sino tan religiosa como ella quiera, pero secular en sus razonamientos democráticos de la ley y la moral civil que la inspira. Por eso, por ejemplo, los Obispos Católicos tienen que dar buenas razones, religiosas, al predicar, y comunes, al argumentar en nombre de un movimiento religioso en la sociedad civil. Su valor es distinto; su autoridad, diferente; y su pretensión de verdad, también. ¡No es lo mismo predicar, que hablar éticamente! No es lo mismo sociedad secular, que sociedad secularizada!

Las personas religiosas tienen derecho a dar sus razones de fe, ¡predicación! y el deber de dar sus razonamientos seculares, inteligibles para todos, y en democracia, los únicos que valen universalmente, ¡ética! Fruto de este debate democrático es la ley, y la ley se cumple. Se pueden dar casos de objeción de conciencia, pero muy bien tasados y, al cabo, reconocidos. Tiene requisitos exigentes y públicos, que no quedan al gusto de cada individuo. Pero haberlos, haylos. (Es otra cuestión en sí misma).

La jerarquía católica no puede imponer, ni pretenderlo, su moral sobre la ética pública, ¡es un atropello!, pero sí aportar con buenas razones éticas, ¡seculares!, su visión moral de las cosas para el desarrollo de la moral civil compartida. Si dan malas razones, no valdrán nada; si dan sólo "razones de fe", predican, pero no hablan éticamente para todos. Todos pueden colaborar a este fin, y el Estado se ordena, y legisla, conforme a esa moral civil común, promulgando leyes democráticas para todos. De nuevo, pueden surgir casos de objeción de conciencia, bien tasados en sus requisitos públicos, y no al gusto de cada "creencia u opinión" individual. Si es por razones religiosas, es una cuestión particular; si es por razones éticas, hay que hablar de ellas y ver cuáles son, cómo se fundamentan, quiénes las comparten, y cómo llegan a ser ley de objeción. Es otro tema, como digo.

En suma, laico es el Estado; democrática y plural ideológicamente la sociedad civil; y laica es la moral civil común. Sin privilegios para nadie; con iguales derechos y deberes para todos, y especialmente para las personas y los grupos más olvidados y débiles. En el ejercicio de esa igualdad en la sociedad civil, hay que verificar si se dan ya situaciones de privilegio (yo creo que sí, como tengo escrito en cuanto a los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979), y concretar si por razones evangélicas, ¡no siempre por falta de derecho!, una Iglesia va a elegir formas de presencia en la vida civil más claramente diaconales y gratuitas. Así lo veo yo. Pero ésta es otra cuestión que solemos confundir con la de las exigencias jurídicas de la laicidad política. En este sentido, el Comunicado final del Congreso de Teología es acertado y lo puedo compartir. O en juicio de un autor laico, también, "Sólo cuando la Iglesia acepta el pluralismo implícito en el reconocimiento de las libertades y derechos humanos fundamentales -Pío VI condenó como "apostasía nacional" la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (1789)- puede decirse que ha asumido la democracia, dispuesta a convivir en un mundo en el que muchos no comparten sus valores y "verdades". En todo caso, al igual que los demás ciudadanos e instituciones religiosas y civiles en una democracia, la Iglesia tiene garantizados libertades y derechos, sin que pueda sufrir persecución alguna, a no ser que, como a menudo ha ocurrido en el pasado, y sigue sucediendo hoy en España, llame "persecución" a ver cercenados privilegios heredados que no encajan en una democracia, necesariamente, recalco, pluralista y laica". Cierto. (Ignacio Sotelo)

Diré otra cosa. Ésta como provocación. Si la religión "per se", invaraiblemente, provocara guerras de religión, ayer y siempre, si llevara en sí el germen del fanatismo ideológico, entonces el problema no es qué laicidad, sino qué religión en la vida civil y hasta en la personal. No habría manera de salvar su "dignidad ética".

Hasta aquí. Me urge el tiempo y debo marchar.


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Comentarios:
religiosas y cosmovisiones de esa ciudadanía. Saludos.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 09.09.08 @ 13:49
Theodoro de Hispania, lo de mayorías y minorías es regla de la vida democrática; lo de definir la fe, el credo, discurre de otro modo, si bien el "sensus fidelium", el sentido común de los fieles sobre la fe es muy importante. Pero aquí hablamos de la vida pública, y de cómo en ella darnos leyes comunes entre todos y para todos, según sistemas democráticos de pacto entre mayorías y minorías. Y luego, si un grupo religioso quiere expresar su fe en la vida pública puede hacerlo, como todo grupo civil; y si quiere protestar, también; sólo que su protesta moral puede ser discutida por los demás y vale lo que valgan sus razones comunes, no su fe; su fe vale para ellos (nosotros). O un símbolo religioso, por ejemplo la cruz presidiendo el Telediario de una Televisión Pública, no tiene sentido en un espacio laico; no es cuestión de votos; sin embargo un programa religioso sí es posible en ese espacio de televisión pública, porque siendo espacio audiovisual laico, se abre a todas las opciones ...
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 09.09.08 @ 13:48
Australopithecusinteligensc, todo eso es tu convicción, ¡legítima!, pero si quieres que te entiendan en una democracia y hablar como un igual, tienes que traducir todo eso a razón común, a argumentos, desde la igualdad de derechos y deberes, y siempre dentro del procedimiento democrático para convivir, legislar y discrepar. Saludos.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 09.09.08 @ 13:36
El juego de las minorías y mayorías puede producir disfunciones y malentendidos en los asuntos de la fe, de la ideología, del credo.
A la Religión quieren aplicarle el principio de la UNANIMIDAD.
Para inmediatamente -al no encontrar la existencia de tal UNANIMIDAD- pasar al principio de la NULIDAD.
Lo Que no es Unánime no Puede Darse.

Pero hay que ponerles el argumento del revés: ¿Un 10 por ciento de Ateos y Otro diez por ciento de Agnósticos impedirán que el 80 por ciento Creyente haga manifestación pública de la fe y que lo hagan las instituciones de TODOS?
Pero ¿Y eso no es tanto como conceder al 10 por ciento el DERECHO DE VETO?
Si 10 ó 20 no quieren que se mencione a Dios en RTVE y RNE, no es darle el derecho de Vetar a Dios en RNE y RTVE?

Otra cosa será luego la División entre Creyentes, pero ese es otro tema. UNANIMIDA,sin h.
Enlace permanente Comentario por Theodoro de Hispania 09.09.08 @ 13:21
El juego de las minorÍas y mayorÍas puede producir disfunciones y malentendidos en el asuntos de la fe, de la ideología, del credo.
A la Religión quieren aplicarle el principio de la HUNANIMIDAD.
Para inmediantamente -al no encontrar la existencia de tal UNANIMIDAD- pasar al principio de la NULIDAD.
Lo Que no es Unánime no Puede Darse.

Pero hay que ponerles el argumento del revés: ¿Un 10 por ciento de Ateos y Otro diez por ciento de Agnósticos impedirán que el 80 por ciento Creyente haga manifestación pública de la fe y que lo hagan las intituciones de TODOS?
Pero ¿Y eso no es tanto como conceder al 10 por ciento el DERECHO DE VETO?
Si 10 ó 20 no quieren que se mencione a Dios en RTVE y RNE, no es darle el dercho de Vetar a Dios en RNE y RTVE?

Otra cosa será luego la División entre Creyentes, pero ese es otro tema.
Enlace permanente Comentario por theodordehispania 09.09.08 @ 13:17
Soy católico, y cada vez me siento más católico
Soy cristiano y cada vez me siento más cristiano
Soy creyente y cada vez me siento más creyente en Dios

Soy bautizado y cada vez doy más gracia a Dios por ello
Soy pecador y cada vez me siento más pecador
Soy español y cada vez admiro más y más a los que dan su vida por la fe, la Misión, la Iglesia, el Evangelio, la Religión los humanos pobres o ricos y Dios.

Me siento poca cosa en comparación.
Enlace permanente Comentario por australopithecusinteligensc 09.09.08 @ 13:02
Y Foncho, no se pueden poner puertas al campo, es verdad, (¡Y se le ponen en cotos privados!)pero le aseguro que se puede distinguir, ¡no separar!, pero sí distinguir y actuar en consecuencia, entre predicación de la fe y razonamiento ético, entre Estado y sociedad civil, entre nuestra condición de bautizados en la comunidad y de ciudadanos democráticos y razonadores en la sociedad común; se puede, ¡vaya si se puede!, cuando nos aclaramos en la relación entre la fe, la moral y nuestra vida de ciudadanos. Por lo demás, yo no veo malas intenciones en el escrito de Redes Cristianas, ¡no acepto este reproche!, ni propósito de imponer algo, sino una visión de la cosas que, a mí, me ha parecido en algunos aspectos poco afinada, mientras que en otros, me parece una denuncia muy correcta. Saludos.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 09.09.08 @ 12:25
Rebelde, está bien, acepto tu oposición, pero no me dices en qué no te convencen mis palabras. No estás obligado. De todos modos, mira el comunidado final del Congreso de Teología, y verás que hila más fino. Yo comparto ese comunicado. Y también te digo, que entiendo lo que Redes ha querido decir; sólo que me parece que al decirlo no ha acertado en algunos aspectos. Saludos cordiales.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 09.09.08 @ 12:15
Sr. Calleja,
De su escrito comparto ciertas cosas, pero usted trata de poner algunas lindes a lo civil, a lo religioso y a lo político, y creo que hay estará siempre el problema. Es como las puertas que alguien, de vez en cuando, se empecina ponerle al campo. Creo que todo está interrelacionado.
Lo grave del asunto del Manifiesto, es la forma en que "IMPONEN" una visión del Estado y "de lo que ellos entienden que debe ser y hacer la Iglesia", no sólo su jerarquía, sino también los que nos consideramos Iglesia de base, y es simplemente CALLARNOS ante la nueva visión que algunos tienen de la sociedad. Y esto es la que delata la parcialidad y las intenciones malintencionadas e hipócritas de estas Redes Cristianas, que caen en lo mismo que están criticando de esa jerarquía, que según ellos, poco menos que están al servicio del gran capital, los banqueros, y el mismísimo diablo. Es un decir, pero cuando visito esa página, ¡es que no salen del mismo tema!.
Aunque no s...
Enlace permanente Comentario por Foncho 09.09.08 @ 00:05
No me convence nada el artículo de Calleja y sí que me siento identificado con el Manifiesto por la Laicidad promovido por Redes CRistianas

Isabel : no digas estupideces diciendo que todos Los de Redes son todos socialistas..Qué forma tan grosera de querer despachar de un plumazo que no estés de acuerdo con ese Manifiesto por la Laicidad.

¿En serio crees que todos son socialistas? Más de 150 colectivos de todas las regiones de España¿ pueden ser todos de un mismo partido...?

Demasiado disparate,¿no te parece?
Enlace permanente Comentario por rebelde 08.09.08 @ 22:18
Isabel, con todo respeto, no estoy de acuerdo contigo: caes en el error que denuncio; somos miembros de la sociedad civil, pero en ella sólo valen los argumentos de razón, no las descalificaciones de las personas; es que así arruinas el interés de tu postura ética. Piénsalo. Saludos.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 08.09.08 @ 19:49
¿Porque no se llaman REDES LAICISTAS SOCIALISTAS?... ES QUE SE LES NOTA MUCHO.
Los sociatas, que impongan su moral telebasurera, manipuladora de medios informativos, eutanasica, ultra-laicista y abortera. Iglesia Catolica y voz de los catolicos que aman a su Iglesia, censuradas y atacadas brutalmente.
Despues diran que esto es una democracia.... si, si piensas como ZP y amiguetes subvencionados.
Enlace permanente Comentario por Isabel 08.09.08 @ 19:45
Pedro, te repito el comentario; me preocupa tu halago, ja, ja, ja. No, en serio, yo creo que la democracia y el pensamiento libre nos obligan a diferenciar entre "en qué ideas militamos, ideas de toma de partido", (a postular y extender como nuestras), y "qué ideas es legítimo sostener conforme a la razón común, aunque no sean las nuestras". Yo me dedico más a estas distinciones, que a un discurso uniforme sobre las ideas en que milito. Espero hacerme entender. No es fácil. La gente, mucha gente, quiere ideas de grupo, y no tanto saber si otras ideas distintas son también legítimas y por qué. (Por tanto, no quiero meter el gol, sino definir las reglas de juego; luego, si puedo, el gol de los más míos, claro). Con Dios.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 08.09.08 @ 16:30
Inquisición, vigente hasta 1975, "Se reconoce plena eficacia jurídica en el Fuero civil a las sentencias de los tribunales eclesiásticos." Por la Ley 23/9/39(Jefatura del Estado), BOE 5/10/39, se anulaban los matrimonios heterosexuales, legalmente celebrados.
Enlace permanente Comentario por jalon 08.09.08 @ 16:19
Estimado Calleja;
Te urge y debes marchar, pero espero que mi comentario llegue a tu ordenador más tarde. COINCIDO PUNTO POR PUNTO CON TODO LO QUE DICES EN ESTA ENTRADA.
Y realizas un deslinde adecuado para el reconocimiento tanto de la neutralidad ideológica del Estado como la operatividad del cristianismo (y de cualquier otra doctrina o sensibilidad) en la sociedad civil.
P.-
Enlace permanente Comentario por Pedro 08.09.08 @ 13:13

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