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J. Ignacio Calleja Sáenz de NavarreteJ. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

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El Papa pide "perdón". Creo en la Iglesia

Permalink 21.07.08 @ 17:59:21. Archivado en Etica

Confieso que me gustan mucho los gestos más “atrevidos” del Papa Benedicto XVI. Por tales tengo que, en su viaje a Australia, haya expresado en público la vergüenza que siente ante los abusos sexuales a menores cometidos por algunos sacerdotes y religiosos de aquel país, haya exhortado además para que esa vergüenza sea un sentir común a la Iglesia y a todos los católicos, y haya dicho que la compasión y el cuidado para con las víctimas exige también la entrega de los culpables a la Justicia. No soy quién para acusar a nadie sin compasión en causa alguna, ni tiraré piedras contra los pecadores en ningún caso, pero reconozco que la misericordia no está reñida con “practicar la verdad y la justicia” donde se ha instalado el pecado y la injusticia. Esto es así, por más que las personas siempre merezcan compasión cristiana y, una vez regenerados, oportunidades nuevas en la vida.

Más me sorprende y me agrada que el Papa haya recibido a una representación de las víctimas para escucharlas y ofrecerles el aliento de la compasión y el perdón en nombre toda la Iglesia a la que él representa. No soy un especialista en la materia, ni me he procurado toda clase de información para saber si las víctimas han quedado “satisfechas” con este gesto inusual, pero me complace mucho su hondura moral y pastoral.

Pesando a partir de esta experiencia, me gustaría añadir:

Creo en la Iglesia que hace gestos muy claros y muy nuevos en relación con las víctimas del género que sean; muy particularmente, cuando esa Iglesia, miembros suyos muy cualificados, forman parte de quienes causaron el daño y lo hicieron valiéndose del prestigio de su ministerio eclesial.

Creo en la Iglesia cuyo anciano Papa se marcha a miles de kilómetros de su Sede para reconocerse cabeza de una comunidad universal de creyentes que tiene necesidad de contar la Buena Nueva, y no evita reconocerse madre de aquéllos que más pecaron y lo hicieron contra los más pequeños. Podía haber callado; antes lo hizo; podía haber dicho que ya no eran sus hijos; hay ideas “teológicas” para casi todo; pero, no lo dijo; al contrario, ha dicho que nos comprometamos todos en un sentir común de vergüenza contra ese pecado, y que siendo delito, los hechos exigen la entrega de los culpables a la justicia.

Creo en la Iglesia cuyo anciano Papa, teólogo sabio e intelectual culto, corre a los cuatro puntos cardinales del mundo para contar la Buena Nueva de Jesucristo. Lo hace con profundidad de cristiano y teólogo, y lo hace con inteligencia para “la provocación” cultural. No me callaré que es un Papa teológica y doctrinalmente, “conservador”, y por tal entiendo, con una “débil o tenue asunción de los significados históricos y prácticos de la Encarnación”. Voz del Espíritu en el mundo, lleno de perspicacia para lo que amenaza al alma humana, ¡qué nadie lo ignore!, pero voz entrecortada y apagada en su eco público por una asunción insuficiente del ser humano, un ser demasiado “abstraído respecto a las estructuras sociales y la historia”. (¿concepción “neoplatónica” y “neoagustiana”?).

Creo en la Iglesia cuyo anciano Papa, dignísimo siempre en la actitud moral y pedagógico sin ambages en la palabra creyente, se acerca al mundo de las víctimas de los hijos de la Iglesia para pedirles perdón, y hacerlo de corazón. Me llega. Me gustaría que las víctimas constituyeran la clave moral y religiosa de su discurso. No sólo cuando se refiere a ellas en nombre de nuestros pecados. También cuando nos hablar a todos de Dios, del Dios de Jesucristo, quisiera que las víctimas, fuesen el quicio de su acogida de la fe, la esperanza y la caridad ante el mundo. Y me gustaría que lo fuesen todas las víctimas, las de todas la inmoralidades, personales, institucionales y estructurales, las interpersonales y las sociales, las morales y las materiales. Tengo la esperanza, tenue todavía, pero cierta, de que esta manera de recorrer el mundo, colocando muy cerca del centro a algunas víctimas, terminará devolviéndoles toda la primacía que a ellas les reconoce la fe en Jesucristo, porque así fue él mismo, Cristo de Dios e Hijo: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque…”.

Creo en la Iglesia, cuyo anciano Papa “descoloca” en cierta medida a aquéllos mismos que lo invitan, y sin desautorizarlos, sin embargo tiene gestos de justicia y amor más radicales de lo previsto, y gestos de mano tendida en la dialéctica social con “los adversarios” que hacen ver a las claras lo ridículo de algunas posturas “más papistas que las del Papa”. Por tales tengo, ¡por ejemplo y cerca de nosotros!, a los que califican de totalitaria la situación cultural y política española, con una falta de rigor en el concepto, en la valoración de los hechos, y sobre todo, en la actitud de disenso hacia los adversarios sociales, ¡qué no odiados enemigos!, que al escuchar al Papa debieran como mínimo reconocer que “la misma pretensión de verdad moral y religiosa”, requiere otra actitud intelectual y ética en una sociedad como la nuestra. (Supongo que no será la única) ¡Viniendo además de donde venimos y con lo que como Iglesia hemos sido hasta los años del Concilio! Todo el mundo me entiende.

Creo en la Iglesia.


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Comentarios:
Poco que añadir; pienso en muchas intervenciones públicas de Obispos sobre la vida pública, pero mejor no cansar. Un saludo cordial a todos.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 24.07.08 @ 13:26
Un día un tipo se me presentó en una reunión de amigos y le faltó tiempo para explicarme que era gay. Le dije que magnífico, pero que, puestos a comentar interioridades, yo era católico.
Pensó que le estaba insultando. Pero evidentemente era él el que tenía un problema, el que no toleraba "al otro...", "al distinto...", "al que no es como nosotros..." En fin, país de locos.
Un abrazo, Calleja, y descansa algo en verano de tus nutridas labores apostólicas.


Enlace permanente Comentario por Pedro 24.07.08 @ 11:27
Discrepo una vez más, estimado Calleja.
¿Donde aprecias esa "altanería" en los cristianos de hoy día? Si algo se nos puede y debe reprochar, es una patológica humildad, consecuencia la persecución psicológica que padecemos bajo el concierto del materialismo progresista. Ahora que practico el llamarme católico en tantas reuniones privadas (cosa que no me atreví a hacer en toda mi juventus) recibo el sarcasmo o la ironía de los que se creen más listos que yo por ser materialistas. Pero lo que más me entristece es contemplar a esos otros católicos (alguno hay) en esas reuniones que callan por pudor, aunque luego lleven a sus hijos a misa casi a escondidas.
Enlace permanente Comentario por Pedro 24.07.08 @ 11:23
Ya era hora que un militar, Julio Rodriguez, prometiera, no jurara, en su posesión. Los niños no esperan ya la digestión después de comer. A mí me pidieron certificado de bautismo para las milicias universitarias (Instrucción Premilitar Superior).
Rouco júnior dice que nós, los cristianos, estamos contra la nueva materia. Nós debe ser un plural mayestático, no colectivo. Sólo vemos la beligerancia de los obispos ante una pérdida de poder social. (Perez Prieto, lavozdegalicia)
Enlace permanente Comentario por jalon 23.07.08 @ 22:59
porque si no, se puede hacer tabla rasa de todo lo sucedido en el caso que sea.

En cristiano, es claro que ese perdón mutuo es el óptimo de la santidad. Y a él aspiramos sin hacer tabla rasa de víctima y victimario. Ya lo he dicho.

Y luego está el significado político del perdón, es decir, su impacto sobre las ideas y proyectos de las víctimas y de los victimarios. Pienso en el País Vasco. Pero esto para otro día. Saludos.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 22.07.08 @ 18:24
Mira que le pongo comillas a lo de "moral". No se puede afirmar que se trate de una "obligación moral", en el sentido de una "norma ética universal y exigible de todos, creyentes y no creyentes". Por eso es más una "actitud vital del cristiano en el seguimiento de Jesús", que no una norma ética. Y por eso, es muy personal, de cada víctima, cada uno madura en ella poco a poco, según su conciencia, y llega a cumplimiento cuando puede. La plena reconciliación lo requiere. No hay que callarlo en la predicación cristiana, como una invitación que nos "santifica" y humaniza. Pero el tiempo no lo pone "el terapeuta" o "moralista", y mientras no se llega a ese perdón, la víctima no está obrando mal, sino, sanando su dolor y rabia, curándose como persona. Y hasta el equilibrio emocional de la persona nos recomienda ese perdón del victimario. Pero cuándo uno puede llegar a esa conciencia de perdón, es otra cosa. En la víctima no estamos ante el mismo deber que veíamos en e victimario. Conviene pensar bien estas cosas porque, si no, se puede hacer t...
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 22.07.08 @ 18:23
JMS, hay una dimensión jurídica en los delitos que no podemos evitar. Ni para nosotros mismos, claro está. La ley sigue su curso, digan lo que digan las víctimas de un delito. No siempre me gusta, pero tiene que ser así.

Y hay una dimensión moral. Cuando somos victimarios, estamos obligados a pedir perdón. Siempre, y cuanto antes, y sin disculpa. Aquí no hay tiempo y libertad personal para elegir el momento. El momento es ya. Y mientras no lo hacemos, seguimos obrando moralmente mal.

Si somos víctimas, en moral cristiana, sabemos que la perfección está en perdonar. Yo estoy convencido de que el máxismo de la moral cristiana ante la ofensa es el perdón gratuito, "la otra mejilla", el no llevar cuenta del mal recibido. (Algunos piensan que debe venir precedido del arrepentimiento del victamario. Yo no lo veo así, en cristiano). Pero es un contenido de nuestra "moral" cristiana por cristiana. Mira que le pongo comillas a lo de "moral". No se puede afirmar que se ...
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 22.07.08 @ 18:22
MISERICORDIA!!!
Seremos perdonados en la medida en que seamos capaces de perdonar. Recibiremos el perdón de las víctimas si, junto con las víctimas, somos capaces de perdonar a los victimarios, como todavía predica el obispo emérito Setién!
Enlace permanente Comentario por JMS.- 22.07.08 @ 15:00
Pedro, me haces trabajar más que un curso en la Universidad. Yo digo "conservador", entre comillas", para que "os" pongáis nerviosos. Ahora más en serio, yo soy más positivo al juzgar las reacciones de crítica a la Iglesia. Creo que en muchas de ellas no nos critican el derecho a proclamar el mensaje de Jesús, sino el que tantas veces lo hagamos con una "altanería", una "falsa modestia", un "nosotros servimos a la verdad y así son las cosas en la mente de Dios", insufrible. ¡Fíjate que me hace sufrir a mí y soy de "la causa"! Saludos.
Enlace permanente Comentario por J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete [Blogger] 22.07.08 @ 14:06
Y que el Papa pida perdón, claro que es valiente. Porque los cristianos somos y nos denominamos PECADORES, porque somos imperfectos, débiles, erráticos seguidores del Maestro. Y lo que no nos perdonan nuestros enemigos (¿o adversarios?) es que queramos ser, o seguir siendo, luz en medio del mundo. Con todos nuestros defectos, con todas nuestras miserias, y sin creernos mejores que nadie, pero no dejando ni que nos pisoteen ni que se silencie nuestro mensaje. El Mensaje que tanto les molesta, porque establece unos estándares éticos tan duros que ellos no quieren aceptarlos. ¡Y son tan duros que nosotros los incumplimos constantemente! Sin duda, pero por eso nos llamamos a nosotros mismos PECADORES. Y ellos se ríen del pecado (bien lo sabes), porque, como Él dijo, no saben lo que hacen.
Enlace permanente Comentario por Pedro 22.07.08 @ 01:45
Pues yo también, aunque lamento, estimado Calleja, que deslices el término "conservador", que tanto os gusta a algunos.
Coincidiría más en denominar al Papa (y sé que me meto donde nada sé) "neoagustiniano", como tú dices.
Esos sí son términos más propios (como me gustaría más que se llamaran, no sé, "franciscanos" a los que adoptan posturas evangélicas radicales que los enemigos de la Iglesia denominan "progresistas").
Porque la Iglesia, estimado Calleja, está llena de sensibilidades distintas, distintas formas de espiritualidad. ¿Por qué no? Otra cosa es que el fondo del mensaje sea el mismo.
Enlace permanente Comentario por Pedro 22.07.08 @ 01:41

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